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domingo, 4 de enero de 2015

TIERRA SANTA+INNERVOICE-APOLO-BCN-27-DIC-2014



Enmarcada dentro de las tradicionales fiestas navideñas esta nueva visita de los riojanos Tierra Santa suponía la excusa perfecta para abandonar las comodidades del hogar y las compañías familiares para reencontrarse con los amigos y degustar una buena sesión de buen heavy metal patrio, algo que sin duda nos ayudaría a sobrellevar el empacho y los excesos  propios de estas fechas. Tras sus recientes conciertos por el continente americano Tierra Santa regresaban a la Ciudad Condal no sólo para ofrecernos un suculento repaso a los mejores momentos de su longeva trayectoria, contenidos dentro de su último trabajo recopilatorio “Esencia”, sino también para presentarnos a su nueva formación con el guitarrista Eduardo Zamora. Clásicos incuestionables del metal nacional la formación riojana volvió a demostrar que pese al paso de los años no ha perdido su poder de  convocatoria, consiguiendo reunir una media entrada larga dentro del incomparable marco de la céntrica Sala Apolo.

Antes de la salida de las estrellas de la noche tendríamos ocasión de deleitarnos con una buena sesión de hard rock y heavy metal  con el concurso de los también riojanos Innervoice, quienes con su apabullante  catálogo  de versiones de himnos  de la década de los  70 y los 80 serían los encargados de amenizar la espera y caldear el ambiente.

Frente a una audiencia todavía algo fría el sexteto riojano daba el pistoletazo de salida al show con una enérgica y vibrante interpretación  del “King Of Rock And Roll”, que a modo de homenaje al legendario vocalista Ronnie James Dio  nos presentaba a una banda compacta y con muchas tablas, en la que destacó  el poderoso torrente vocal de su cantante Itziar Berradre y el excelente trabajo solista de sus guitarristas, José Lázaro y Marcos Lorente.  

Además, cabe destacar que durante toda su descarga estuvo muy presente el clasicismo hard roquero que aportaron piezas  como el hipermarchoso “Burn”, con el que consiguieron levantar el ánimo de todos los presentes, para posteriormente adentrarnos en la década de los 80 de manos de los estribillos más melódicos y accesibles del legendario “Livin´On A Prayer” de los americanos  Bon Jovi, que fue coreado con auténtica devoción por los integrantes de las  primeras filas.

Aunque durante los primeros compases del show fue José Lázaro  el encargado de hacerse cargo de la mayoría de las partes solistas,  a medida que fue avanzando el show fue su compañero,  Marcos Lorente,  quien fue  adquiriendo unas mayores cuotas de protagonismo. Así que tras una exhibición de José  en una emotiva  “I Surrender”, le llegaría el turno al legendario himno de Survivor “Burning Heart”, con el que los riojanos nos dejaban una buena muestra de su devoción por las melodías más comerciales  y cercanas al  A.O.R.

Pese a las buenas formas que mostró su vocalista Itziar, debo admitir que no me acabó de convencer su registro a la hora de atacar piezas como la roquera “Give Me All Your Love Tonight” de Whitesnake, ya que sonó excesivamente aguda y gritona. En cambio, fue al encarar  piezas como “Turbo” de los maestros metaleros Judas Priest cuando Itziar nos mostró todo su potencial a la hora de atacar las composiciones más netamente heavy metaleras.

Tampoco faltaría el recuerdo a otra figura  insigne dentro del hard & heavy, el legendario guitarrista irlandés Gary Moore del que rescataron  un hímnico “Out In The Fields”, durante la que Marcos  y José  se repartieron las partes solistas, y que se sería la encargada de adentrarnos en un rotunda recta  final que estaría protagonizada  por la contundencia metálica de un celebradísimo “Acces High”, con Itziar  consiguiendo salir airosa  de sus altísimas tonalidades agudas, y un coreadísimo “I Want Out”, con toda la banda dando su mejor versión para firmar un final  apabullante. Sin duda como aperitivo la descarga de Innervoice resultó una buena forma de consumir la espera y calentar motores  de cara al  desembarco de Tierra Santa, ofreciéndonos el sexteto riojano  una buena colección  de algunos de los himnos  imprescindibles dentro de la historia del hard rock y el heavy metal.

Calidad y veteranía son dos de los atributos que mejor pueden definir a los actuales Tierra Santa. Y es que la formación riojana, desde su explosión a finales de la década de los noventa, se ha convertido en un referente obligado y todo un estandarte para los seguidores del heavy metal cantado en la lengua de Cervantes, tanto en nuestro país como al otro lado del Océano Atlántico. Aunque los más críticos parecen empeñados en recordar constantemente  que durante los últimos tiempos su  estrella parece  haber  empezado  a declinar, lo cierto es que  la formación liderada por el carismático Ángel San Juan y  el incombustible Rober Gonzalo sigue conservando una excelente reputación entre todos sus incondicionales. Además, lejos de quedarse anclados y encorsetados dentro de unos cánones muy marcados, la formación ha optado durante sus últimas entregas por dar un nuevo impulso  a su propuesta, introduciendo en su característico sonido una orientación más melódica y hard roquera, pero sin perder en ningún momento ni la personalidad ni  esas vibrantes  pinceladas épicas que siempre les han acompañado.

La principal novedad que presentaban los riojanos con respecto a su última visita a la capital catalana era el concurso de su nuevo guitarrista, Eduardo Zamora, quien se incorporó a sus filas el pasado mes de Junio sustituyendo a Arturo Morras. Pese a ello, el guitarrista, compañero del teclista Juanan San Martín en los míticos Sátira, ya había colaborado con ellos aportando armonías y algunos solos en las últimas entregas  de la banda, de modo que su integración y acoplamiento ha sido verdaderamente asombroso.

Teniendo en cuenta el extenso catálogo que atesoran  los riojanos resultaba muy difícil aventurarse a saber por dónde podrían ir los tiros a la hora de confeccionar el repertorio de esta noche, y más si tenemos en cuenta que la banda no se ha prodigado en exceso a lo largo de este último año. De modo que el arranque con la primeriza “Séptima Estrella”, supuso toda una declaración de intenciones   de que el quinteto venía dispuesto a ofrecer un repertorio capaz de colmar las expectativas de  sus más fieles y veteranos  seguidores. Si en algunas ocasiones se les había achacado de que en directo son algo fríos y estáticos, lo cierto es que con el concurso de Eduardo Zamora la banda ha ganado en potencia y presencia escénica, y eso se notó al atacar temas clásicos como “Indomable” o “Sangre De Reyes” que, además de ser coreados por la audiencia como los himnos que son,  nos dejarían la imagen de la dupla formada por Ángel y Eduardo compartiendo el centro del escenario mientras se intercambiaban esas características armonías marca de la casa.

Catapultados por un arranque verdaderamente arrollador y sintiendo en todo momento el apoyo incondicional de una audiencia que coreó en repetidas ocasiones el nombre de la formación, llegaba el momento de que la base rítmica formada por  el bajista Rober Gonzalo y el extraordinario batería Daniel Carrica nos adentrara en el sobrecogedor “Apocalipsis”, que se convertiría en la antesala perfecta para el primer guiño a   su última entrega de estudio,  del que rescatarían precisamente la composición que le prestaba su título “Mi Nombre Será Leyenda”. Aunque el tema en cuestión sonó compacto y elegante, la verdad es que hizo bajar mínimamente el nivel de intensidad que hasta ese momento había llevado la actuación. Pero afortunadamente la cosa volvería a repuntar rápidamente  al reconocer el respetable los primeros compases de “Azote De Dios”, que se convertiría en el reclamo perfecto para que pudiéramos deleitarnos con las excelentes habilidades  técnicas del nuevo fichaje de la banda. Cabe destacar que durante toda la velada el nivel de complicidad entre banda y público fue verdaderamente asombroso. Poco importaron algunos acoples y problemas técnicos que sufrieron los músicos sobre las tablas, especialmente la guitarra de Eduardo Zamora, ya que el quinteto fue desgranando ante la algarabía generalizada de todos los presentes clásicos de todas sus épocas, intercalando para ello temas de su última etapa como “La Leyenda Del Holandés Errante”, que fue recibida con la misma pasión que cualquiera de sus himnos de la primera época, o la brutal y sobrecogedora “La Sombra De La Bestia”, que significaría una nueva mirada a su trabajo de 2001 “Sangre De Reyes” y que sería la encargada de marcar el primer punto álgido de la noche, con toda la audiencia entregadísima coreando intensamente el estribillo ante la cara de satisfacción de los músicos.

La encargada de proseguir con la descarga, aunque no sería capaz de mantener el nivel de intensidad, fue “Otelo”, con la que los riojanos nos ofrecían una buena muestra de su potencial melódico, permitiendo que los teclados del siempre sobrio y elegante Juanan San Martín se dejaran oír con fuerza. Una nueva mirada al pasado seria la encargada de instruirnos sobre  la biografía de otro personaje histórico “Juana De Arco”, con la que nuevamente se volvería a desatar la euforia entre las primeras filas, para rápidamente centrar nuestro objetivo en una doble ración del material contenido en su obra de 2010 “Caminos De Fuego”, del que rescatarían la propia pieza que le prestaba título y el enorme canto a la libertad contenido en esa desbordante composición que lleva por nombre “Libre”, que fue acompañada por la aparición de algunos mecheros que dieron colorido  y ambientación al recinto.


Tras recobrar el aliento llegaba el momento de recuperar el pulso de la actuación y que mejor elección que cabalgar a lomos de los portentosos riffs que nos adentraban en la legendaria historia de ese corcel alado que es “Pegaso”. Sin abandonar el material contenido en “Sangre De Reyes”, -que a la postre se convertiría  en el disco más representativo de la velada, ya que de él sonaron hasta un total de cinco cortes-, llegaría uno de los momentos más vibrantes de la noche de manos de “David Y El Gigante”, durante el que la audiencia se dejó oír con fuerza coreando cada una de sus estrofas con verdadera devoción. El último recuerdo a su más reciente trabajo “Mi Nombre Será Leyenda”, estaría marcado por las atmosferas más densas y cadenciosas del emotivo “Más Allá De La Vida”.

Con la sala coreando el nombre de la formación riojana fue el propio Ángel el encargado de dirigirse a la audiencia para anunciarnos el siguiente tema de la noche “Mejor Morir En Pie”, todo un ejercicio de clase, épica y melodía con el que el quinteto evidenciaba que se encuentran en un gran momento de forma, dejándonos una buena dosis  de magia, potencia  y esos suculentos desarrollos  instrumentales que siempre les han caracterizado a lo largo de toda su carrera. Quizás uno de los temas que note más cambiados, y que personalmente creo que ha ganado muchos enteros con la aportación de Eduardo, fue “La Momia”, que significó la primera mirada a su trabajo del año 2000 “Tierras De Leyenda”. Centrando nuestro objetivo en el Imperio Romano llegaba el momento de adentrarnos en la trágica locura de “Nerón”. La elegida para encarar  la recta final del show fue la más calmada y comedida “Una Juventud Perdida”, con la gente completamente entregada. Mientras que para poner el punto y seguido a esta primera parte del show optaron por la implacable  velocidad de “Alas De Fuego”, con la que volverían  a poner nuevamente la sala patas arriba.

Para su vuelta sobre las tablas los riojanos nos tenían preparada una sorpresa muy especial, y es que el arranque del “encore” estuvo protagonizado por dos de esas gemas de sus primeros tiempos, el épico “El Bastión Del Diablo”, y uno de sus primeros éxitos y todo un himno para sus incondicionales  “Legendario”. Pero como no podía ser de otra forma, y tras los sinceros agradecimientos de Ángel y el resto de sus compañeros, la encargada de poner el broche definitivo a la velada sería “La Canción Del Pirata”, con la que ratificaban el excelente clima de comunión que existió entre banda y público durante toda la descarga.

Pese a que debo admitir que los últimos conciertos de los riojanos no me habían acabado de convencer, lo cierto es que  esta nueva visita representó la excusa perfecta para reconciliarse con muchos de sus seguidores, ya que tuvimos la ocasión de ver a una banda muy enchufada y en un gran momento de forma. Fueron nada  menos que 23 temas y casi 120 minutos de puro y genuino heavy metal con los que Tierra Santa demostraron que no han perdido la ilusión y la garra, mirando siempre al futuro pero sin perder la esencia de su personalidad.


TEXTO:ALFONSO DIAZ
FOTOS:CARLOS OLIVER





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