No obstante, no era la presencia del combo de Texas el único reclamo de la jornada, ya que antes de que saltaran a escena, tendríamos ocasión de calentar motores y amenizar la espera con Memphis May Fire, quienes aprovecharon la ocasión para presentar en su primera incursión en tierras catalanas su más reciente criatura: “Shapeshifter”. Las dos bandas que completaban el cartel de esta noche también eran debutantes por estos lares. Los encargados de abrir fuego ante una sala ya bastante concurrida y animada fueron 156/Silence. Mientras los británicos Acres pondrían la nota de colorido con su personal y ecléctico post-hardcore. En cualquier caso, no me gustaría dejar de destacar la lealtad y la entrega de un público que no solo respondió a la cita, sino que animó y apoyó al máximo a las bandas desde primera hora de la tarde.
La responsabilidad de dar la bienvenida al personal e ir calentando el ambiente para una tarde/noche que auguraba emociones fuertes recayó sobre 156/Silence. Si hay algo que ha marcado la trayectoria del combo de Pittsburgh ha sido, por un lado, su constante evolución sonora, -pasando del hardcore de sus inicios a las sonoridades más próximas al metalcore de sus últimas entregas-; y, por otro, el inesperado fallecimiento en marzo del pasado año de su bajista Lukas Booker. No obstante, el quinteto decidió seguir adelante y a día de hoy parece estar en un buen momento de forma, tal y como dejaron patente en una descarga que resultó de lo más enérgica y convincente.
Quizás el sonido no fuera el mejor; en algunos momentos las guitarras sonaron algo faltas de mordida. Sin embargo, temas como "Target Acquired", que nos golpeó de forma implacable, y "Product Placement", que servía para que el personal acompañara con palmas en el inicio, se acabaron erigiendo como una excelente carta de presentación para quienes todavía no les conocían. No les costó mucho conectar con un público que se mostró de lo más entusiasta y receptivo, participando activamente en composiciones de dinámica implacable como la camaleónica "Our Parting Ways".
Como era previsible, su repertorio estuvo centrado en sus composiciones más recientes, las que conforman "People Watching". No obstante, el quinteto no quiso dejar aparcada toda su producción previa. Así que para representar a "Irrational Pull" (2020), repescaron “High Dive In A Low Well”, que levantaba los ánimos de unos seguidores que no dudaron en correr en círculos frente al escenario. Tampoco faltaron las ambientaciones más oscuras e inquietantes contenidas en "Wants I Need". Mientras que la última muestra de su potencial quedaría plasmada en “Character Development (Cold Start)", poniendo fin a media hora escasa de show.
El segundo asalto de la tarde estuvo reservado para Acres. A diferencia de lo que sucediera con 156/Silence, que optaron por engalanar el escenario con sendas pancartas que reproducían la portada de su último redondo, el combo de Portsmouth optó por unas pantallas por las que fueron desfilando de forma cíclica unas proyecciones junto al nombre de la banda. En cuanto al sonido, fue bastante similar al del acto de apertura, con lo que podríamos decir que fue bastante mejorable. También Acres dispusieron del mismo tiempo: una media hora que supieron aprovechar muy bien para ofrecernos una buena muestra de su último redondo.
Precisamente fue alrededor de las composiciones de “The Host”, en torno a lo que estructuraron su repertorio. Así que no faltaron durante los compases iniciales de su presentación la rabiosa pegada de “Not So Different”, combinando fulgurantes andanadas con partes más densas y rotundas, “Built To Bleed”, que nos invitaba a saltar siguiendo sus guitarras de esencia metalera, para acto seguido proponernos los implacables y descomunales increscendos que marcaron “Take My Last Breath”, que provocó los primeros pits frente al escenario.
Mirando hacia el pasado, Acres nos mostraron cómo conjugar la sutileza melódica y la rotundidad guitarrera al abordar piezas como “Nothing.”, y la más envolvente, “My Everything”, que les servía para mostrarnos su faceta más melancólica, aunque sin renunciar a su catártico caudal melódico. Nuevamente sería durante el tramo final de su descarga cuando miraron al presente para castigarnos con el reptante riff de “Bloodlust”, para dejar que el último asalto corriera por cuenta de “Lost”.
Podía palparse en el ambiente. Resulta indiscutible que entre los asistentes la presencia de Memphis May Fire había suscitado bastante expectación. Y lo cierto es que, viendo la velocidad a la que se despacharon las camisetas tras su show, creo que quedó claro que esas expectativas se cumplieron con creces, ya que el combo de Texas ofreció un muy buen show. Con dos décadas de andadura a sus espaldas, MMF son una de las bandas más consolidadas dentro de la escena. Sin embargo, la de esta noche significaba su primera incursión en los escenarios de la capital catalana. Sea como fuere, los americanos no tuvieron dificultades para conectar con un público que, literalmente, enloqueció con ellos, llegándoles incluso a aclamar en un par de ocasiones durante su descarga.
No se anduvieron por las ramas y quisieron buscar el respaldo y la complicidad de los presentes desde el mismo arranque. De modo que para dar por inaugurado su espectáculo confiaron en los cáusticos ritmos de uno de sus temas más populares, -y a la postre el más antiguo que interpretaron-, “The Sinner”. Con sendos anagramas de la formación flanqueando el escenario, el cuarteto se mostró en todo momento sólido, rotundo e implacable, proporcionándonos en temas como “Vices” argumentos para que no se detuviera la acción tanto encima del escenario como entre unas primeras filas que se mostraron de lo más motivadas y participativas.
Cabe remarcar que, con respecto a los dos actos que les precedieron, la descarga de MMF sonó mucho más potente y aguerrida, contando con la descomunal pegada de la guitarra de Kellen McGreron, que sonó absolutamente demencial al atacar piezas como la más novedosa “Paralyzed”. Me sorprendieron muy positivamente las dinámicas cambiantes y la amplitud de miras que la banda nos propuso a lo largo de su presentación. Fue su frontman, Matty Mullins, quien se encargó de llevar las riendas a la hora de atacar los rapeados que nos anunciaron la llegada de “Misery”, antes de que la gente tomara parte de la letra del primero de los temas que escogieron para representar a “Remade In Misery” (2022). Algo más contemporánea, apoyándose para ello en algunos arreglos electrónicos que sonaron disparados, sonó la marchosa pieza que presta nombre a su material más reciente: “Shapeshifter”.
En cualquier caso, lo que no faltó lo largo de la descarga del cuarteto fueron argumentos para saltar de forma continuada e incansable, y es que trallazos como el tortuoso “Bleed Me Day”, sirvieron para escenificar la perfecta sintonía entre banda y público. En contraposición, llegarían los guitarrazos algo menos frenéticos, y un poco más vacilones, contenidos en “Someday”, poniendo el punto de mesura al show antes de que la banda volviera por sus derroteros. Incidiendo de nuevo en su faceta más salvaje, MMF nos propondrían la rutilante dupla que conformaron “Overdose” y “Chaotic”, poniendo al personal a botar mientras entonábamos su estribillo con el puño en alto.
Sobrepasados por la respuesta de unos seguidores que corearon reverencialmente el nombre de la banda, MMF encaraban la recta final del show dando buena cuenta de “Make Believe”, que fue reconocida de inmediato por los más devotos y que nos dejaba con la estampa de Cory Elder, castigando su bajo mientras agitaba la cabeza como un descosido. La rúbrica para una descarga que a más de uno se le hizo muy corta corrió por cuenta de la apabullante “Blood & Water”, plasmando a la perfección la dualidad de una propuesta llena de matices y rebosante de fuerza e intensidad.
Se lo han tomado con calma. Han tardado en dejarse caer por nuestros clubs más de lo que a muchos nos hubiera gustado. Así que, viendo cómo les acogió el público barcelonés, dudo que tarden mucho en regresar, y esperemos que sea liderando su propia gira.
Tras el subidón de adrenalina y las fantásticas sensaciones que nos dejaron los chicos de MMF, tocaba encarar el último receso de la noche. Los encargados de rematar la velada por todo lo alto y tratar de colmar las expectativas de unos seguidores que les aguardaban con impaciencia y los brazos abiertos de par en par fueron Fit For A King. Sendas pantallas, dispuestas a los lados del kit de batería, sirvieron para que se fueran proyectando diferentes imágenes que guardaban estrecha relación con el tema que estaban interpretando. Además, durante los compases iniciales de cada tema pudimos ver en ellas el título del mismo. Para completar su puesta en escena, la banda utilizó diferentes plataformas que estuvieron dispuestas a lo largo del escenario. Al igual que sucediera con MMF, su sonido fue potente, nítido y bastante orgánico, lo que propició que el público estuviera muy metido en el show.
Recibidos con desmedido entusiasmo, la formación que capitanea Ryan Kirby tomaba un escenario que les acogió tiznado de tonalidades carmesí mientras daba buena cuenta de las estrofas de apertura de la inicial “Begin The Sacrifice”, provocando que el personal se pusiera a botar como si no hubiera mañana. A su lado, ejerciendo como el perfecto escudero, estuvo Ryan "Tuck" O'Leary, quien, además de aportar algunos registros limpios en temas como "The Temple", no dejó de saltar y maltratar su bajo de forma expeditiva. Por supuesto, tampoco hay que olvidarse de la solidez y la contundencia que aportaron las guitarras en temas como el más “heavy”: "Extinction",
No obstante, el gran arma de FFAK fue su buen hacer a la hora de combinar pasajes limpios y melódicos con desarrollos más incisivos y cañeros, plasmando una dualidad incontestable que hizo que su descarga fuera como un viaje en montaña rusa. Un fantástico ejemplo lo encontramos en "No Tomorrow", que hacía que la gente cantara mientras el fuego aparecía proyectado en las pantallas. No acabaría aquí la participación de sus entregados seguidores, ya que fue durante "Shelter", cuando, además de darle la alternativa a Ryan, también tuvimos ocasión de mover los brazos de lado a lado para convertir el momento en uno de los más vibrantes del show.
Indudablemente, un punto a favor del combo americano fue el trepidante ritmo que imprimieron a su presentación, apostando por una dinámica de lo más enérgica, en la que apenas dieron tiempo al personal para reponerse de todas y cada una de sus impactantes embestidas. “Monolith”, fue otra muestra de poderío, con ambos guitarristas sonando crudos e incisivos mientras Ryan se paseaba espetándonos los versos antes de que todos entonáramos su incontestable estribillo. A estas alturas del show, FFAK habían alcanzado su velocidad de crucero; no parecían dispuestos a levantar el pie del acelerador. De modo que, de forma rotunda e incontestable, se fueron sucediendo fogonazos abrasivos como “Blue Venom”, que hacían que sus seguidores tampoco tuvieran tiempo de recobrar el aliento.
Evidentemente, el fantástico “Lonely God”, gozó de un destacado protagonismo. Sin embargo, el quinteto tampoco quiso dejar aparcado su material previo, con lo que esta noche también tuvimos ocasión de disfrutar de viejas favoritas como “Backbreaker”, que provocó que el personal rugiera intensamente siguiendo las indicaciones de la banda antes de que todos levantáramos también nuestros cuernos al aire. Esa conexión especial que el quinteto supo crear con sus incondicionales quedaría plasmada a lo largo de la emotiva y emocional “Between Us”, que nos dejaba con la estampa de un local repleto de móviles mientras "Tuck" se hacía cargo de la primera parte del tema antes de que Ryan se encargara de rematarlo de forma expeditiva. La carga emocional no se detendría durante las inapelables andanadas que conformaron la demencial “Keeping Secrets”, con los más adeptos dejándose oír con fuerza a la hora de acompañar a Ryan.
La fuerza, la intensidad y la aplastante tenacidad del combo americano volverían a ponerse de manifiesto con la llegada de esa apisonadora sonora que lleva por título “Engraved”. No tardaría en llegar otro de los puntos culminantes de la velada, en el que una vez más el quinteto volvió a dejar patente el estatus del que actualmente disfruta, y es que fue durante “Breaking The Mirror", cuando pudimos comprobar cómo sus seguidores hacían suya, de forma reverencial, parte de la letra ante la atenta mirada de un Ryan que recorrió el escenario con una socarrona mueca de satisfacción dibujada en el rostro.
Tocaba encarar la recta final de su presentación, finiquitar un show que estuvo marcado desde el mismo arranque por la agresividad y la conexión con sus incondicionales, y para ello qué mejor que seguir dando combustible al personal con fogonazos del calibre de “Technium”. El último impacto antes de que los músicos pasaran fugazmente por los camerinos fue precisamente la pieza que presta título a su más reciente lanzamiento: “Lonely God”. La vuelta sobre las tablas estuvo reservada para otra de las que hizo cantar con devoción a su congregación de fervientes adeptos: “When Everything Means Nothing", que arrancaba de forma comedida hasta que Ryan hizo el gesto de mover la mano para ponernos a todos a botar. Para rematar su descarga FFAK, confiaron en la adrenalítica e implacable pegada de “Witness The End”.
No era esta la primera vez que FFAK desplegaba su potencial en los escenarios barceloneses. No me cabe la menor duda de que convencieron, dejando fiel testimonio de por qué su nombre es ahora mismo uno de los más populares dentro de la escena del metalcore. No creo que tarden mucho en regresar. Y, visto lo visto, a poco que su próxima entrega les otorgué un poco más de proyección y notoriedad, tampoco sería extraño que intentaran el asalto a un local de mayor capacidad.





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