Hace ya más de una década que Gene Simmons sentenció de forma lacónica: “El rock está muerto”. Sin embargo, bien entrado este 2026, The Rolling Stones acaban de estrenar single y anuncian la salida de un nuevo disco, “Foreign Tongues” —quizás el último—. Mientras tanto, la gira de AC/DC sigue contando sus conciertos por “sold out”. “The Demon” puede decir lo que quiera, pero lo cierto es que hay cosas que nunca pasan de moda y el rock n’ roll es una de ellas. Una vez más, y ya van unas cuantas, Nashville Pussy, una de las bandas más representativas de su estilo, llegaban a la ciudad condal con el claro objetivo de arrasar el escenario de la Sala Upload. Sus seguidores no quisieron perderse la cita, aunque la banda, en esta ocasión, no traía bajo el brazo un nuevo largo que presentar, sino un EP titulado:“10 Inches Of Pussy (Season One)”.
Todos sabíamos que no iba a haber sorpresas, ni tampoco las queríamos. Los de Atlanta son un valor seguro de cara al directo, y su especialidad es ofrecer unos shows de ardiente, descarado, sudoroso y enérgico rock n’ roll: directo, adictivo y, por supuesto, divertido. En definitiva, un cóctel insuperable que le insufla un chute de fuerza, positivismo y buen rollo a cualquiera para encarar la segunda mitad de la semana. Poco importó que la cita estuviera programada para la jornada del miércoles, ni que la banda se deje caer por aquí casi cada año, y es que la Sala Upload del Poble Espanyol acabó registrando una magnífica entrada.
El cuarteto americano llegaba solo a la cita. De modo que los que accedimos pronto al local tuvimos que aguardar prácticamente una hora a que las guitarras empezaran a atronar. Con únicamente un telón de fondo que reproducía la portada de su último largo de estudio, “Pleased To Eat You” (2018), la banda salió a escena dispuesta a dar cera de la buena a unos incondicionales que se involucraron al máximo desde que el combo americano tomó posiciones para dar el pistoletazo de salida con “Pussy´s Not A Dirty Word”.
Fue casi inmediato; gran parte de las miradas se centraron en Ruyter Suys, que no dejó de agitar su frondosa cabellera mientras disparaba de manera despiadada riffs tan mortíferos e infecciosos como los de "Shoot First And Run Like Hell" y "High As Hell", que plasmaban su devoción por ZZ Top. Por supuesto, también tuvimos ocasión de agitar frenéticamente la cabeza siguiendo las estruendosas andanadas que marcaron la rabiosa “Speed Machine”, que hizo subir notablemente la temperatura en la sala. Como siempre, Blaine Cartwright fue sobre quien pivotaron sus compañeros; siempre sobrio, pero con ganas de fiesta, el frontman lució su estampa habitual, sombrero incluido. Incluso dejó su guitarra durante “Testify” y, ya en la recta final del show, “Till The Meat Falls Off The Bone”.
Sin embargo, lo que más me gustó en esta ocasión de la descarga del combo de Atlanta fue lo rotunda y bien conjuntada que sonó la sección rítmica que conforman la bajista Bonnie Buitrago y Dusty Watson. Fue el veterano percusionista quien impulsó a sus compañeros, llevándolos en volandas —"cual locomotora humana"— a la hora de atacar acometidas como “King Shit Of Fucking Mountain” o la delirante “Strutting Cock”, que arrancaba con Bonnie y Ruyter encaramadas en el filo del escenario, prácticamente sobre las primeras filas, y se zanjaba con el “vendaval” Ruyter dando buena cuenta de su botella de whisky.
Algo que me llamó la atención fue que en esta ocasión la banda dio un poco más de cancha a temas más comedidos. Así que no todo fue velocidad, frenesí y descontrol rockero, aunque de eso también tuvimos una generosa ración. Y es que esta noche, composiciones con un rollo más sureño y, porque no decirlo, socarrón, gozaron de más peso en lo que fue el repertorio escogido. Así que tuvimos ocasión de disfrutar de piezas como “Go Home And Die”, la marchosa “Jacking Of And Taking Names” y, por supuesto, “Hate And Whiskey”.
En cualquier caso, una vez más, lo que más emocionó al personal, haciendo subir el nivel de revoluciones e intensidad del show, fueron esos números rápidos, sucios y descarados que siempre les han acompañado. Y es que nadie pudo resistirse al “veneno” que el cuarteto nos insufló al atacar “Come On Come On”, con Blaine pidiendo nuestra ayuda para hacer retumbar los cimientos del local con su coreable estribillo, la humeante y demoledora “Rub It To Death” y “Pillbilly Blues”; absolutamente imposible quedarse quieto al escuchar su enérgico y contagioso riff.
Como colofón para su descarga, Nashville Pussy se reservaron una triada de auténtico infarto. Para dar por inaugurados los bises, apostaron por “Piece Of Ass”. “Why Why Why” fue la enésima muestra de que lo suyo es el rock macarra y cargado de actitud. Mientras que el broche definitivo corrió por cuenta de uno de esos temas que les ha acompañado desde sus inicios, el explosivo “Go Motherfuckers Go”, con el que rubricaban la perfecta sintonía con sus seguidores antes de regalarnos un final antológico, con la banda desparramando a su antojo mientras Ruyter rompía las cuerdas de su guitarra.
No han inventado nada, tampoco fue nunca su objetivo. Eso sí, lo que nadie puede negarles a Nashville Pussy es que siguen siendo uno de los mejores embajadores a la hora de hablar de rock de raíces, cañero, sucio, descarado y macarra. En definitiva, sigue siendo solo rock and roll, pero nos encanta.


No hay comentarios:
Publicar un comentario