martes, 3 de noviembre de 2026

AMON AMARTH-THE ALLFATHER AWAKENS


El avance de las tropas hacia la contienda siempre se lleva mejor con una colección de himnos enardecedores detrás. Tras cincelar su propuesta en los postulados más tradicionales del death metal, los vikingos suecos llevan más de tres décadas a bordo de su inexpugnable drakkar, empeñados en desplegar su imponente épica metalera. Pero en esta larga y ambiciosa travesía Johan Hegg y sus acólitos han tenido algún que otro traspié. “The Great Heathen Army” no acabó de cumplir su objetivo ni de colmar las expectativas de unos seguidores que lo recibieron con escepticismo y con el temor de que la fórmula se estuviera agotando por reiteración.

Se han tomado su tiempo. AMON AMARTH se encerraron en su cuartel general para ver la situación con perspectiva antes de dar un nuevo paso en su prolífica trayectoria. “The Allfather Awakens”, su decimotercera entrega de estudio, no busca un retorno deliberado a sus raíces death metaleras: la hoja de ruta de la banda no pasa por esas coordenadas. Su propuesta sigue orbitando en torno a la épica, la melodía, los coros marciales y, sobre todo, esa infranqueable pared sonora que se precipita sobre el oyente hasta sepultarlo.

Sí hay cambios en el método. Esta vez han ido recopilando riffs durante las giras y han trabajado en el estudio tema a tema, en dos periodos (primavera de 2025 y marzo de 2026), en ambos casos contando con un peso pesado de la escena europea tras los controles: Jacob Hansen. Para la portada han vuelto a confiar en un habitual, Tom Thiel, que une mitología y épica en una imagen de Odín sacrificando un ojo para beber de la Fuente de la Sabiduría con el Gjallarhorn.

Lo más destacable de este disco es el regreso a un material más directo e inmediato, algo evidente desde la inicial “Gjallarhorn”, uno de los primeros adelantos y una señal inequívoca de que los vikingos volvían por sus fueros. Unos cánticos abren y cierran el tema, y entre medias el quinteto despliega una sucesión de riffs despiadados y certeros, impulsados por la dinámica implacable de una devastadora sección rítmica, para acabar desembocando en un estribillo rotundo y melódico, épico hasta la médula. Las novedades no acaban ahí. La banda ha vuelto a la tecnología analógica y al clásico sonido de los amplificadores Marshall, lo que da un resultado más orgánico y visceral. Otra de las más reseñables es “Eight Legs of Thunder”, una andanada de ritmo rotundo y cabalgante, con estrofas rugosas, un giro melódico en el puente y en la parte solista, y un estribillo arrollador de los que los fans corearán con reverencia. La sorpresa, sin embargo, está en su videoclip: la banda aparece vestida al estilo western y juega con la dualidad de una letra sobre Sleipnir, el corcel de ocho patas de Odín.

“Kvasir’s Blood” muestra otra vertiente de la propuesta de las hordas suecas. La batería de Jocke Wallgren y el bajo de Ted Lundström sostienen el muro sónico, mientras las guitarras aportan densidad y textura a una pieza incisiva y cruda. Avanza a medio tiempo, machacón y demencial, hasta una parte intermedia contemporizada, con guitarras más melódicas, antes de una embestida final que volverá a estar marcada por el ritmo marcial y los estribillos épicos. Como buenos lobos de mar, AMON AMARTH han firmado varios himnos sobre epopeyas marítimas, y ahora llega “We Rule the Waves”, toda una declaración de intenciones. Su letra serviría de excelente carta de presentación para quien aún no los conozca. Musicalmente reúne muchos de los elementos que forjaron la personalidad de la banda: contundencia, melodía y un estribillo coreable y con gancho. Las guitarras, voraces en las estrofas, se vuelven melódicas al atacar ese memorable estribillo.

Como decía, el disco trae novedades, y una de las más interesantes y sorpresivas es “Upphaf”. El ecuador del álbum lo marca la primera composición acústica de los suecos, algo que hace años no habríamos sabido cómo encajar en trabajos como “The Avenger” o “Surtur Rising”. Aun así, la banda le ha dado un aire folk-viking muy especial, que traslada al oyente a un campamento bajo un manto estrellado, junto a la hoguera. Es casi como si evocara al reposo del guerrero tras una dura jornada de lucha, o a un merecido descanso en tierra firme tras una larga travesía marítima. En cualquier caso, un hito destacable en su carrera que los fans recordarán. El contraste es total con el ritmo pesado y aplastante de “Die With a War Cry”, sustentado sobre una cadencia muy marcada y estructurada sobre los cánones del death metal clásico. Sus guitarras oscuras y seminales se volverán cada vez más asfixiantes, sobre todo en el desarrollo solista. Tras él, la intensidad crece y la segunda parte del tema, con la repetición del estribillo, nos pasará por encima sin piedad.

Se ha hablado mucho de la evolución de AMON AMARTH en los últimos tiempos. Personalmente, creo que su propuesta se acerca cada vez más al heavy metal clásico, aunque conserva el filón agresivo gracias al registro vocal de Johan Hegg. “Raven God” es un paso más en esa dirección: la sección rítmica suena potente y aguerrida, pero menos oscura y machacona. El toque clásico está en los coros hímnicos, a modo de cánticos castrenses, y en cómo ambos “hachas” encaran los solos, intercambiando melodías como los grandes referentes del estilo. No podía faltar “The Allfather Awakes”, es otra que dará munición a sus fieles para mantenerse en pie de guerra, porque resume muy bien el contenido del álbum. Es un tema directo, poderoso y de ritmo implacable, en el que la épica vuelve a planear sobre otro estribillo con el ADN de la banda grabado a fuego.

Más rápida, amenazante y cercana de nuevo al death metal me ha parecido “Oden’s Hunt”, de las que más me han gustado, en parte por la imponente pegada de la batería de Wallgren, que suena como una apisonadora. Las guitarras afiladas nos llevan a un estribillo guerrero y a unos coros que harán alzar los puños al personal para convertir la pieza en una de las más celebradas de la próxima gira. Es difícil no emplear el término “épico” al hablar de AMON AMARTH. Los vikingos suecos son maestros componiendo piezas que destilan fuerza. Pero si hay un corte que rezuma epicidad por los cuatro costados es la final, “Ascending Like an Eagle”, la más extensa del álbum. En ella el quinteto aúna, de forma solvente y muy acertada, todos los elementos que definen su propuesta desde hace años: pasajes poderosos y oscuros, momentos de puro death metal, y partes melódicas en las que suenan algo más ligeros. Unas transiciones muy bien resueltas lo unen todo, y lo corona un estribillo imperial, de los que calan rápido y encienden al oyente.

Han tardado más de lo habitual. Cuatro años han pasado desde que AMON AMARTH publicaron “The Great Heathen Army”, y parece que las novedades que aportan los vikingos suecos en “The Allfather Awakens” van a servirles para recuperar parte del terreno perdido, ya que han vuelto a facturar un trabajo que, sin ser el mejor de su longeva carrera, retoma esos estribillos cargados de mordiente y épica metalera que servirán para conectar con sus seguidores y convertir cada uno de sus conciertos en una encarnizada batalla.


DISCOGRÁFICA:Metal Blade Records


LISTA DE TEMAS

1. Gjallarhorn

2. Eight Legs of Thunder

3. Kvasir’s Blood

4. We Rule the Waves

5. Upphaf

6. Die With a War Cry

7. Raven God

8. The Allfather Awakes

9. Oden’s Hunt

10. Ascending Like an Eagle



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