Para acompañarles en una cita tan especial, los barceloneses contaron con la presencia de una banda joven, de las que están nutriendo la escena underground de la capital catalana, como son Damaged. Bien arropados por unos seguidores que se mostraron de lo más entusiastas y animados, el trío sorprendió a más de uno con una propuesta rápida, agresiva y, por qué no decirlo, con un punto de macarrería. Su sonido áspero, directo y sucio nos recordó en muchos momentos a un extraño híbrido que combinó retazos de Venom, los primeros Metallica, Motörhead e incluso Bütcher, -si buscamos referentes más actuales-, amén de varios guiños propios del punk más salvaje y gamberro, tal y como dejaron patente en fogonazos incendiarios como “A Return Of Darkness and Evil” y “Malefikarivm”.
Rotundos, certeros y absolutamente seminales. Damaged se mostraron como un rodillo implacable y perfectamente engrasado a la hora de brindarnos un exhaustivo repaso a su EP debut “Speed Merchänts”. Así que no faltaron en su repertorio de esta noche temas como el propio “Damaged” y “Tortured”. Por supuesto que tampoco quisieron dejar pasar la ocasión de presentar lo que hasta el momento ha sido su último sencillo, “Condemned”. El momento en que sus seguidores se dejaran notar con fuerza llegaría durante el tramo final de su escueta presentación, cuando se abalanzaron sobre su adaptación del clásico de los brasileños Sepultura “Troops of Doom”. En definitiva, buena descarga de unos Damaged que demostraron, por si alguien tenía alguna duda, que la cantera barcelonesa sigue proporcionando talento para continuar nutriendo y animando la escena local.
Que una banda apueste en sus lanzamientos por temáticas conceptuales no es una novedad. Tampoco lo es que la narrativa de sus composiciones gire en torno a acontecimientos históricos y episodios bélicos. Sin embargo, en el caso Whirlwind, ambas cosas confluyen a la hora de dar forma a una producción que hasta el momento se ha centrado en la historia catalana. Heavy metal rápido, veloz, poderoso y épico es lo que nos propusieron Whirlwind en su apabullante debut “1740”, que vio la luz a finales de 2022, y que tiene ahora una continuidad a la altura que se esperaba con “1640”.
He de reconocer que no las tenía todas conmigo. No conocía la sala Laut, no es un recinto habitual dentro del circuito metalero; y, no nos engañemos, que la cita coincidiera con el primer día de proyección de “Burning Ambition”, el documental de Iron Maiden, podía restar bastante afluencia a este “Release Party” de Whirlwind. No obstante, la parroquia más netamente “old school” respondió a la llamada y la sala Laut acabó registrando un ambiente de lo más animado, aunque no llegó a completar todo su aforo. Con el escenario conveniente engalanado con la portada del disco y mientras sonaba la propia “1640”, a modo de introducción, los músicos, ataviados con chupas de cuero, tachas, cinturones de balas y muñequeras de pinchos, tomaban posiciones para protagonizar una primera embestida, confiando en la pegada de uno de los singles del álbum, “Days Of Doom”.
El último en aparecer en escena fue su vocalista, Héctor Llauradó, luciendo unas gafas de sol que no se quitó durante todo el show. El frontman se mostró absolutamente intratable, afilado y altamente resolutivo a la hora de encarar los registros más exigentes. Como era previsible, el grueso del repertorio estuvo centrado en su recién estrenado trabajo. Así que, para romper el hielo y conectar con el efusivo público, la banda confió en sus temas más populares, dándonos argumentos para agitar la cabeza para posteriormente botar con el puño en alto durante el melódico e hímnico estribillo de “Winds of Ash and Dust”. Evidentemente, tampoco faltó ese vendaval de épica metalera titulado “Lese Majesty (Corpus De Sang)”, que servía para que las guitarras de Mark Wild y Artur Julió plasmaran sus influencias más netamente “maidenianas”.
Para rubricar un arranque explosivo, el quinteto se reservó el primer guiño al material de su debut, repescando “Gallows Tithe”. Proponiéndonos un arranque algo más comedido para, tras su apabullante break, invitarnos a sumarnos a esa humeante segunda mitad que nos dejaba a una banda absolutamente desatada y a un Héctor que estiró al máximo sus cuerdas vocales para convertir su épica recta final en el primer punto álgido del show. El ambiente seguiría in crescendo con la implacable dinámica que nos brindaron en la speedica “Rage Of The Conqueror”, que fue rematada por unos rotundos coros que sirvieron para que los más fieles se sumaran a ellos con el puño en alto. Siguiendo las indicaciones de Héctor, el público se desmadraría un poquito más a lo largo de “Torture, Knife & Fire”, con el quinteto sacando a relucir sus influencias más tradicionales dentro del heavy metal mientras nos invitaba a volver a centrar nuestro objetivo sobre su debut para ratificar la perfecta sintonía con un público que apoyó su apabullante estribillo con el puño en alto.
El retorno sobre los parámetros de ese speed metal vertiginoso de clara esencia europea no tardaría en llegar de manos de “Ready To Explode”, volviendo a prender fuego el local con sus enérgicos coros antes de que Artur Julió se apoderara del centro del escenario para brindarnos otra de sus fulgurantes cabalgadas por el mástil. De entre los temas que más destacaron esta noche de estreno, uno de los que más me gustó fue el portentoso “By The Blood In Our Veins”, que rompía la dinámica del show con su apuesta decidida por los postulados más netamente true-metaleros. Y es que la combinación entre la robusta solidez de su sección rítmica, unas guitarras más rítmicas y un Héctor que se despachó a gusto con otra buena ración de vibrantes alaridos sirvió para caldear el ambiente, aún más si cabe, y poner la sala literalmente patas arriba.
Para poner el punto y seguido a su trepidante descarga, Whirlwind se reservaron el tema de clausura del disco “Marching To Victory”, una epopeya épica de más de diez minutos de duración que propició que la banda dejara patente su apuesta decidida e innegociable por una manera muy concreta y acotada de hacer y entender el heavy metal. Los bises quedarían inaugurados con la intro “1714”, para dejar que acto seguido una vivaz melodía nos flanqueara el paso hacia “The Call”, que nos dejaba la estampa de Héctor apareciendo en escena luciendo una casaca larga, concediendo a su interpretación un aire más marcadamente marcial. El broche de oro, la despedida definitiva, para una descarga que se extendió unos 75 minutos, estuvo reservado para el despliegue épico que la banda nos propuso durante los vibrantes desarrollos de “Immortal Heroes”.
El proyecto que ideara Mark Wild ha ido tomando forma y consolidándose hasta alcanzar el empaque y la personalidad propia de una banda. No hay que dar muchas vueltas a la hora de hablar del estilo de Whirlwind. El quinteto es una máquina incontestable e imparable de facturar auténtico heavy metal: rápido, duro, épico y letal. Y la mejor prueba fue comprobar cómo son capaces de llevar al directo, sin recurrir a elementos pregrabados, -salvo las intros-, unas composiciones que nos traen al recuerdo la esencia y la personalidad de algunas bandas míticas y clásicas que a muchos nos marcaron a fuego cuando nos iniciábamos en esto del heavy metal.




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