Pocas horas después de que el Be Prog! My Friend cerrara las puertas, emplazándonos para su próxima edición, que se celebrará los próximos 24 y 25 de septiembre y que cuenta ya con su primera confirmación en la figura de KARNIVOOL, un servidor y el compañero Carles Oliver volvimos a encaminar nuestros pasos hacia el recinto de la Carpa del Poble Espanyol para disfrutar en esta ocasión del OKKULT SESSION. El marco era el mismo. Sin embargo, además del cambio de las pancartas que flanqueaban el escenario, muchos de los asistentes no eran los que habían poblado el recinto durante las dos jornadas previas, y eso se notó en que vimos más melenas y camisetas de grupos que denotaban los gustos más oscuros y potentes de los asistentes que acabaron agotando las existencias de cerveza.
En cuanto al cartel, fue de lo más atractivo, aunando bandas nacionales e internacionales, valores emergentes con formaciones totalmente consagradas y otras que podríamos considerar como clásicas dentro de la escena europea. Los dos primeros actos estuvieron reservados para la representación patria. SOTABOSC fueron los encargados de abrir fuego con un black metal crudo, atmosférico, tiznado de ambientaciones densas y pinceladas post. Las sonoridades más brumosas, oscuras y melancólicas correrían por cuenta de HALAS. EVOKEN se encargaron de dar por inaugurado el capítulo de las descargas internacionales, dando buena cuenta de un funeral doom que cayó a plomo sobre los asistentes. Unos ilustres veteranos de la escena europea como TIAMAT nos encaminarían hacia el final de una jornada que contó como broche de oro con la presencia de una de las formaciones más polifacéticas que existen dentro del panorama europeo: PARADISE LOST.
SOTABOSC
Sobre el combo catalán recaía la responsabilidad de abrir esta edición del OKKULT SESSION. Nunca es fácil romper el hielo y más cuando practicas una propuesta oscura y tienes que defenderla ante el respetable a plena luz del día. Sin duda, tocar en casa ayudó, y mucho, a SOTABOSC, ya que cuando arrancó su descarga, a las 16 horas, había ya una nutrida representación de espectadores frente al escenario.
La banda que se formó a finales de 2023 cuenta entre sus integrantes con ilustres conocidos de la escena barcelonesa. SOTABOSC centraron su descarga en ofrecernos un exhaustivo repaso de lo que hasta el momento es su único lanzamiento discográfico, “El Batec dels Maquis”, que vio la luz a mediados del pasado mes de abril. Defendieron de forma solvente una propuesta personal que se centró en unas composiciones oscuras, rotundas y seminales, en las que la potencia y voracidad del black metal se dieron la mano con algunos desarrollos más cadenciosos e intensos, cercanos a los parámetros del post para crear unas ambientaciones de lo más opresivas.
El quinteto se mostró en todo momento como una entidad, con la que ninguno de sus miembros destacó por encima del resto y en la que todos dieron lo mejor de sí. Lo dejaron claro desde el arranque con el iracundo “Nerthus”, que se zanjaba con un alarido desolador antes de que un interludio bucólico hiciera las funciones de outro. El contraste a tanta brutalidad llegaría con los desarrollos más atmosféricos y envolventes, -reforzados por unos teclados que sonaron disparados-, que marcaron el inicio de “Heimdall” antes de que la banda volviera a pisar el acelerador al máximo para rubricar un tema repleto de cambios de ritmo.
Por supuesto que la mitología y las referencias a la Madre Tierra tuvieron un protagonismo destacado en la descarga del combo barcelonés. El momento emotivo del show llegó durante el speech que precedió a “Freyja”, que su principal compositor, Xavi Forné, dedicó a una amiga de la banda recientemente fallecida, Nuria. El momento más épico de su escueta presentación llegaría al abordar la extensa y poliédrica “El Batec Dels Maquis / Records Vius En La Foscor”, que aglutinaba a la perfección las diferentes aristas de su compleja propuesta.
HELA
La representación nacional no se detendría, ya que los siguientes en tomar el escenario para dar continuidad a este OKKULT SESSION CHAPTER V fueron HELA. La formación ilicitana llegaba a la cita con una alineación remozada, contando con la incorporación de su nueva vocalista y frontwoman, Raquel Navarro, y con una nueva obra bajo el brazo, “A Reign To Conquer”, que vio la luz a principios de este mismo 2026, poniendo así fin a casi siete años de silencio discográfico.
He de reconocer que no tenía muchas referencias previas antes de enfrentarme a la descarga del combo valenciano. Y lo cierto es que me encantaron. Su apuesta por los ritmos pesados, oscuros, cadenciosos, aunque sin renunciar a la melodía, sirvió para que nos pudiéramos zambullir de lleno en unas composiciones extensas, en las que supieron crear esas ambientaciones que alternaron pasajes atmosféricos con otros preñados de sutileza y melancolía. Sin duda, para ello resultó crucial el desempeño de Raquel, quien, cual sacerdotisa, se movió casi flotando por el escenario mientras ponía voz a las atenazantes melodías que creaban sus compañeros.
Por supuesto que tampoco faltó ese aire mistérico, por momentos casi ritualista, del que gozaron muchas de sus composiciones. En ese aspecto, destacaron especialmente las que eligieron para representar a su último redondo. “Vessel To Nowhere” abría su descarga para convertirse en la perfecta carta de presentación para quienes no estábamos familiarizados con su sonido. Mientras que con “Emerald Mirror”, alzaron una inexpugnable pared sonora que nos heló la sangre a más de uno de los presentes.
Para representar a sus anteriores entregas, HELA confiaron en las gélidas y brumosas ambientaciones que desplegaron a lo largo de “Mother Of Monsters”, invitándonos a reptar acompañando a sus inquietantes y tortuosos riffs mientras la voz de Raquel sonaba casi fantasmal. De su anterior “Vegvísir”, apostaron por contraponer las cúspides instrumentales y los momentos evocadores que marcaron “Golden Snake”. Mientras que el cierre definitivo llegó de manos de esa andanada stoner/doom que abría su ópera prima y que lleva por título “Horns of God”. En definitiva, grata sorpresa la que supuso para un servidor la descarga de unos HELA, a los que, desde ya, pienso seguirles la pista. Eso sí, espero la próxima vez poder disfrutarlos en un entorno más oscuro y acorde a su propuesta.
EVOKEN
Para los seguidores de las sonoridades más netamente doom, la presencia de EVOKEN representaba uno de los platos fuertes de este OKKULT SESSION. No puede decirse que el combo americano sea de esas bandas que se dejan caer por aquí con asiduidad. Así que fueron muchos los que no quisieron dejar pasar la ocasión de dejarse arrastrar por esa particular forma que tienen de entender el funeral doom y que llevan plasmando en sus entregas de estudio desde que a finales de los noventa debutaran con “Embrace The Emptiness”.
Recibidos como si fueran guerreros que regresan a casa tras la batalla y con el semblante serio de quienes se han enfrentado cara a cara con la muerte, el combo de New Jersey irrumpía en escena para darnos la bienvenida a su oscura ceremonial. El inicio no pudo ser más impactante, con el bajista Dave Wagner ocupando el centro del escenario para abrir los brazos mientras sostenía un cráneo en cada mano. Sin piedad ni remordimiento alguno, el combo americano no vaciló en dejar caer, como si fuera una maldición bíblica, los devastadores riffs que dieron forma a “Matins”. Con el incombustible John Paradiso esquinado a un lado del escenario, EVOKEN nos brindaron una descarga intachable, de ritmo pesado y cadencioso, envolviéndonos con la oscura y reptante densidad que desplegaron en trallazos del calibre de “Of Purest Absolution”, que fue la elegida para representar a su trabajo de 2007, “A Caress Of The Void”.
En todo momento sonaron ásperos, crudos, tortuosos: Sin embargo, cabe remarcar que en algunos momentos se perdió algo de nitidez, haciendo que todo sonara algo embarullado. En cualquier caso, eso no pareció importar a unos seguidores que disfrutaron intensamente los desoladores pasajes contenidos en “Omniscient”. Lentos, cadenciosos y absolutamente devastadores resultaron los fantasmagóricos desarrollos de “The Unechoing Dread”, que nos invitaba a descender hasta las puertas del Infierno mientras la banda seguía creando su infranqueable muro sónico.
Aunque, debido al ritmo aplastante y tortuoso de su descarga, el show de los americanos acabó atragantándose a más de uno, lo cierto es que su parroquia de incondicionales tuvo ocasión de revolcarse en la oscuridad y la densidad sonora cuando atacaron piezas ya imprescindibles y añejas como “In Pestilence, Burning”. El contraste entre presente y pasado, dejando constancia de que en esencia su propuesta no ha variado mucho en los últimos 25 años, llegaría de manos de “Compline”, que nos dejaba la estampa de un desafiante Wagner volviendo a abrir los brazos en jarra para provocar el delirio de sus seguidores.
Cerrando el círculo. Casi como si fuera la devastadora recta final de un oscuro y maligno ritual, el bajista volvería a asir ambos cráneos durante los prolegómenos de la devastadora “Antithesis of Light”, con el registro rotundo y cavernoso de Paradiso alzándose implacable sobre el reto de los instrumentos. Complacidos con la respuesta de unas primeras filas que se impregnaron al máximo de su propuesta lúgubre y depresiva, EVOKEN abandonaron las tablas acompañados de una cerrada ovación que ratificaba la incorruptible lealtad de sus fieles adeptos.
TIAMAT
Hay artistas a los que su fama les precede e indiscutiblemente Johan Edlund es uno de ellos. El músico, cantante y compositor sueco ha liderado desde finales de los ochenta la trayectoria de una formación que no ha tenido miramientos a la hora de evolucionar desde las sonoridades más oscuras de sus inicios hasta los parámetros más cercanos al gothic e incluso a derroteros más experimentales, manteniendo siempre el halo de oscuridad que les ha caracterizado. En cualquier caso, sus últimos años han sido cuanto menos extraños y controvertidos, ya que desde que publicaran “The Scarred People” en 2012, los suecos no han publicado ningún largo de estudio. Atrás parece haber quedado el amago de abandono del propio Edlund allá por 2014. Sin embargo, algo evidente para los que han tenido ocasión de ver alguno de sus shows en los últimos tiempos es el deterioro físico del frontman y la repercusión que eso ha tenido en los irregulares directos de la banda.
Sea como fuera, muchos fueron los que no quisieron perderse la descarga de esta leyenda viva de la escena europea. Así que, con la noche ya bien entrada, los suecos tomaban el escenario esparciendo su manto oscuro y melancólico con un guiño a sus fans más veteranos en forma de “In A Dream”. Por supuesto, todas las miradas estaban puestas en Mr. Edlund, que apareció luciendo camisa negra, gafas de sol y sombrero rojo. No tardó mucho el controvertido frontman en espolear a sus seguidores, elevando los brazos para hacerlos rugir intensamente mientras les daba la bienvenida a su particular liturgia.
He de reconocer que fue una sorpresa positiva que TIAMAT aglutinaran una buena colección de clásicos durante los compases iniciales del show. Las guitarras se tornarían más densas y cadenciosas durante las estrofas de “Clouds”, para posteriormente desplegar todo su influjo melódico a la hora de atacar su apabullante estribillo, con el frontman acercándose hasta el filo del escenario. Con la guitarra de Simon Johansson liderando a sus compañeros, arrancaba “Smell Of Incense”, haciendo que el personal levantara los puños al aire mientras el quinteto nos regalaba unas primeras pinceladas de esencia new wave.
La elegida para cerrar este primer tramo del show, que la banda dedicó de forma íntegra al material contenido en lo que fue su tercera entrega publicada en 1992, fue “The Sleeping Beauty”, que nos seducía irremediablemente con su ritmo férreo e hipnótico para legarnos la impactante estampa del vocalista deambulando por el escenario mientras no cesaba de hacer aspavientos. El cambio de registro llegaría durante el inquietante y tenebroso “Divided”, con Edlund fuertemente aferrado a su pie de micro mientras sus registros vocales se hacían cada vez más tenues e imperceptibles.
Y es que, tras firmar un arranque de lo más prometedor, las prestaciones vocales del veterano frontman poco a poco se fueron diluyendo, haciendo que en muchos casos fuera realmente difícil identificar el tema que estaba interpretando. “Cain”, que fue la elegida para seguir incidiendo en el material de “Prey”, sonó bastante irregular y falta de pegada pese a la solidez de su implacable sección rítmica. Y es que, a medida que Edlund iba flaqueando, sus esforzados compañeros dieron un paso al frente para intentar sacar el show adelante. Entre eso y la entrega del público conseguimos salvar “Whatever That Hurts”, que contó con las palmas de los más adeptos para acompañar su “narcótico” desarrollo para a renglón seguido dejar paso a “The Ar”.
Desafortunadamente, pese a seguir buceando en su producción más clásica, no consiguieron retomar el pulso a su descarga, y es que temas como “Visionaire” quedaron bastante desdibujados, con unas líneas vocales que nuevamente sonaron algo erráticas y deslavazadas. Los ritmos reptantes, junto a esa inconfundible atmósfera goth, servirían para que el personal se viniera arriba con la llegada de “Love In Chains”. Mientras que el momento de dejarnos arrastrar por los continuos cambios de ritmo e intensidad llegaría de la mano del manto melancólico que desplegaron en “Wings of Heaven”.
Aunque, como comenté anteriormente, Mr. Edlund no mostró esta noche sus mejores prestaciones como vocalista, lo cierto es que nadie puede discutirle su forma de encarar el show, combinando con solvencia veteranía, teatralidad y carisma. Y eso se notó en la respuesta del personal cada vez que alzaba los brazos, tal y como sucedió al atacar el tétrico y elegante “Phantasma De Luxe”. Un pequeño resurgir del vocalista haría que “Brighter Than The Sun” se convirtiera en la excusa perfecta para que el público saltara mientras coreaba su implacable estribillo.
Aportando un punto más de marcha y dinamismo, encarábamos la recta final del show con otra de las que se ha convertido en imprescindible: “Vote for Love”. El último asalto de la noche empezaba con las ambientaciones gélidas e inenarrables de “Gaia”, con la voz sonando como un susurro para que poco a poco el tema fuera creciendo hasta eclosionar en el deslumbrante ejercicio solista de Simon Johansson. Al final del show, opiniones divididas. Algunos acabaron coreando el nombre de la banda, rendidos ante la mística que envuelve al combo sueco. Mientras que otros nos quedábamos con la agridulce sensación de que el desempeño algo irregular de Johan Edlund había acabado lastrando una descarga que mantuvieron a flote sus compañeros, especialmente el guitarrista Simon Johansson.
PARADISE LOST
De alguna forma, la oscuridad y la melancolía siempre les han acompañado. Su procedencia, la lluviosa y gris Halifax, marcó a fuego la personalidad de la banda desde que iniciara su andadura en las postrimerías de la década de los ochenta. El otro factor que ha marcado la carrera de PARADISE LOST ha sido su capacidad para evolucionar, mutar, reinventarse y volver a recuperar sus raíces más clásicas. Ese camino no siempre ha gozado de la comprensión y el apoyo de sus seguidores. Sin embargo, parece que el tiempo les ha acabado dando la razón, ya que pocas bandas hay que puedan conjugar en sus descargas: heavy metal, death, doom, gothic, new wave…, haciendo enloquecer a sus entregados y enfervorecidos seguidores.
Además, no podemos obviar que los británicos siempre han tenido una especial predilección por el público español. Innumerables han sido sus visitas, ya fuera en sala o en los festivales veraniegos, desde que se dejaran caer por aquí por primera vez, abriendo para los brasileños SEPULTURA. Ha habido veces mejores y otras peores. Discos que han convencido y otros que han pasado más desapercibidos. Eso sí, lo que nadie puede discutirles es la perseverancia y la convicción que siempre han tenido a la hora de trazar su propio camino. Quizás ha sido en esta última etapa, con una vuelta a su vertiente más oscura y guitarrera, cuando el quinteto está reencontrándose con sus seguidores más metaleros. Así que su elección para cerrar una cita tan especial como el OKKULT SESSION parecía de lo más acertada.
Nunca han sido una banda que se caracterizara por dotar a sus descargas de una gran producción. Así que no fue una sorpresa que presentaran una puesta en escena sobria y austera, destacando únicamente el telón de fondo y la pared transparente que aislaba la batería de Jeff Singer. Evidentemente, sus vestimentas, como no podía ser de otra forma, fueron negras. En cuanto al sonido, fue bastante bueno en líneas generales; las guitarras sonaron potentes, recias y densas, sustentadas sobre una sección rítmica que funcionó como un reloj de precisión. Para muchos, un servidor incluido, la gran incógnita orbitaba en torno a las prestaciones de Nick Holmes, a quien le hemos visto actuaciones en todos los sentidos. Pues bien, aunque huelga decir que sus registros agresivos ya no son tan profundos y cavernosos como antaño, y sus rasgados no llegan a los de mediados de los noventa, lo cierto es que Holmes consiguió salir airoso del envite. En cualquier caso, donde mejor se desenvolvió fue en las tonalidades limpias que marcaron especialmente los recuerdos a trabajos como “One Second”.
La previa había sido larga para los que habíamos llegado a primera hora al recinto. Sin embargo, pese al cansancio acumulado, -para un servidor de tres intensas jornadas-, la expectación podía palparse en el ambiente. Seguramente, lo variopinto de su audiencia venga dado por la cantidad de estilos que la banda ha abordado a lo largo de su longeva trayectoria. No obstante, lo que tienen en común gran parte de sus seguidores es la pasión por la buena música, independiente de la etiqueta que lleve asociada. Precedidos de una introducción, PARADISE LOST tomaban posiciones y desde el mismo arranque adoptaban una disposición que dejaba patente quiénes ostentan los galones en la formación. El guitarrista zurdo, -extremadamente delgado y ahora luciendo melena plateada-, Greg Mackintosh a un lado, Nick Holmes al frente y al otro lado Aaron Aedy. Curiosamente, otro miembro ilustre y veterano como es el bajista Steve Edmondson se mantuvo durante todo el show en un discreto segundo plano.
No se puede negar, los británicos se han convertido en unos clásicos de la escena europea, unos referentes de los convulsos noventa que siguen en activo publicando trabajos y girando a un buen nivel. El inicio fue, tal y como mandan los cánones, ofreciéndonos una buena muestra de su más reciente entrega discográfica con “Serpent On The Cross”, y ya desde el mismo arranque quedó patente que la banda se lo iba a llevar de calle, ya que ver cómo el personal completamente entregado coreaba la melodía del tema fue el mejor indicativo. Pero ojo, la fiesta no había hecho más que comenzar. Como “perros viejos” que son y curtidos en 1001 batallas, los británicos no tardaron en poner el recinto patas arriba con su primera concesión a los noventa en forma de “One Second”, rememorando los tiempos en que acercaron posiciones a bandas como Depeche Mode. La respuesta fue sorprendente, con el personal cantando completamente enloquecido para dejar constancia de que el tema se ha convertido en uno de sus clásicos imprescindibles.
No tardarían en dar un rotundo volantazo. Tocaba contentar a los más metaleros, a los que a mediados de los 90, cuando publicaron “Draconian Times”, les llegaron a tildar, -aunque ahora suene algo raro-, como los sucesores de Metallica. Y es que el riff potente, rotundo y certero de “The Last Time” sigue poniendo las pilas a cualquiera. Tocaba volver a descender a los infiernos, abocándonos de forma abrupta e irrefutable sobre los ritmos cadenciosos y lúgubres de la pieza que prestaba título a lo que fue su lanzamiento de 2009, el trabajo que de alguna forma volvía a introducirles dentro del doom: “Faith Divides Us - Death Unites Us”.
No se desmarcaron de ese camino, ya que las guitarras se tornarían aún más frías, si cabe, al adentrarnos en “The Enemy”, que con el escenario teñido de rojo nos dejaba al público entonando su melodía mientras Holmes agachaba la cabeza para disfrutar intensamente del momento de comunión con sus fieles. Muchos han sido los himnos que los británicos han firmado a lo largo de su prolífica y longeva carrera. Pero sin duda uno de los que más en estima tenemos los fans de la banda, ya que muchos lo consideramos como su primer gran “pelotazo”, es el imprescindible “As I Die”, aunque curiosamente creo que no ha envejecido especialmente bien. Y no lo digo por la canción en sí, sino porque no brilla tanto entre temas de estilos tan dispares. En cualquier caso, la gente volvió a disfrutarla al máximo.
Mientras el público comentaba la jugada, el quinteto volvía a dirigir su objetivo al presente para volver a incidir en el material de “Ascension”, dando buena cuenta de las lúgubres y tétricas melodías que nos anunciaban la llegada del descorazonador “Salvation”. Lamentablemente, el tema no recibió la acogida que merecía, y es que, pese a los esfuerzos de Holmes combinando rugidos desgarradores y registros limpios, el personal se quedó bastante expectante y estático. Mucho mejor respuesta cosecharon con “Requiem”, que está a las puertas de conmemorar su vigésimo aniversario, -que se dice pronto-, y que nos pasaba por lo alto de forma incontestable para acabar recabando una cerrada ovación.
No puedo evitarlo, sigue sorprendiéndome ver cómo muchos de los que vilipendiaron en su momento a la banda tras lanzar trabajos como “One Second” y “Host”, ahora saltan como descosidos y cantan como posesos temas como “Say Just Words”, lo que indica que de alguna forma los británicos marcaron el camino y se anticiparon a la evolución que iban a seguir algunos de sus seguidores. Quizás no levantará el mismo entusiasmo, ni fue coreado con tanto ímpetu, pero “Hallowed Land” fue la excusa perfecta para levantar el puño mientras gritábamos su vibrante estribillo preñado de esencias heavy metaleras.
La velocidad volvería a caer en picado cuando el escenario quedó sumido en las frías tonalidades azules y las guitarras volverían a tornarse más lóbregas y pantanosas durante “Tyrants Serenade”. Acto seguido llegaría el que para un servidor fue el único momento bajo del show. Y es que no me acabó de convencer la interpretación de su adaptacion del “Smalltown Boy” de Bronski Beat, y no por razones estilísticas, que también, sino porque hubiera preferido que tocaran cualquiera de sus composiciones. Y más cuando sus primeras obras se quedaron sin representación en el repertorio de esta noche.
Afortunadamente, este hecho quedaría en una simple anécdota, ya que rápidamente volveríamos a empaparnos de nostalgia metalera gracias a “Embers Fire”, un guiño a su aclamado “Icon”, que a más de uno nos supo a gloria. Sería el bajo de Steve Edmondson, junto a las palmas de apoyo del personal, el que se encargó de flanquearnos el paso hacia “Ghost”, atenazándonos con sus vibrantes y envolventes melodías. Por supuesto, sus seguidores sabemos que PARADISE LOST tienen un pasado glorioso. Sin embargo, también somos conscientes de que los de Halifax no renuncian a su presente, y la mejor forma de ratificarlo fue cerrando el show con una composición de nuevo cuño como es la tenebrosa “Silence Like The Grave”, que se convertía en el mejor broche para esta edición del OKKULT SESSION.






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