martes, 7 de agosto de 2018

CRONICA:SOULFLY+KILLUS+DONUTS HOLE-SALAMANDRA-BCN-31-JUL-2018


Con el paso de los años Max Cavalera se ha convertido en un asiduo de nuestros escenarios. Raro es el año que no se deja caer por aquí con alguno de sus múltiples proyectos. En esta ocasión el foco recaería sobre Soulfly, la formación que creó cuando abandonó Sepultura en la segunda mitad de la década de los noventa. Seguramente para muchos los años dorados de Max hace tiempo que quedaron atrás, pero el de Belo Horizonte sigue conservando un notable tirón entre el publico catalán. Por ello no me sorprendió que la Sala Salamandra acabara registrando unas tres cuartas partes de su aforo. Pero por si el desembarco de Soulfly no fuera suficiente reclamo  para atraer al publico de la Ciudad Condal antes tendríamos ocasión de presenciar las descargas de Donuts Hole, y Killus.

Los elegidos para abrir esta calurosa tarde de martes fueron los locales Donuts Hole, quienes nos ofrecieron un repertorio muy centrado en las composiciones de su última entrega “En Cada Hogar”. El quinteto barcelonés posee un estilo muy personal, en el que tienen cabida diferentes influencias que van desde el groove, el rap, el nu-metal…, aunque la implacable voracidad de sus guitarras concede  a su sonido una marcada orientación metalera.

Pese a que a la hora prevista para el inicio de su presentación el ambiente en el recinto no estaba muy animado, esto no pareció importar a unos músicos que se dejaron la piel en el escenario desde que dieron el pistoletazo de salida con “Quiero Ser”. Cómodos y muy ágiles sobre las tablas, me llamó especialmente la atención la movilidad y entrega de su vocalista, Ariel Placenti, que no dejó de animar e incitar al público a que se pusiera a botar a lo largo de “Tú Reflejo”, mientras alternaba rugidos desgarradores y registros más calmados y melódicos.

Y es que si algo caracteriza la propuesta  de los barceloneses es la  rotundidad de sus letras, tal y como dejaron patente en “Todos Somos Parte”, su particular denuncia contra cualquier tipo de bullying. Con algo más de público en la sala  y ante unas primeras filas que se fueron animando a medida que avanzaba el show, el quinteto encaraba la recta final de su presentación confiando en el contagioso ritmo de “Lo Que Nació En Nosotros”, que se convertía en la excusa perfecta para que los más animados volvieran a saltar. Mientras que la escogida para finiquitar sus escuetos treinta minutos sobre las tablas fue “Lejos Del Alba”.

Buen concierto de unos  Donuts Hole que continúan creciendo y afianzándose a base de directos cargados  de rabia, intensidad, y contundencia.

No tardaron mucho en aparecer en escena los encargados de recoger el testigo: Killus, quienes son a día de hoy son nuestros abanderados del metal industrial con tintes góticos, lo que les ha convertido en unos discípulos aventajados del Reverendo Manson de la mejor época. Los de Villarreal son una formación solvente, siendo el directo uno de sus puntos fuertes, tal y como lo atestigua lo ajetreado de su agenda en los últimos años, con varias incursiones fuera de nuestras fronteras.

No hubo sorpresas. El quinteto se presentó luciendo sus llamativas vestimentas  y sus característicos maquillajes para rápidamente captar la atención de los que todavía no los conocían con la rotundidad de “The Last Passanger”. Al igual que sucediera con los encargados de abrir la velada, Killus no se dieron ni un segundo de tregua, recorriendo incansablemente el escenario, especialmente su bajista Premutoxx, quien no paró de ofrecernos sus imposibles muecas mientras aporreaba sus cuatro cuerdas durante “White Lines”.

Sonaron potentes, irreverentes, y peligrosos. Así que no tuvieron dificultades para conectar con unas primeras filas que no vacilaron a la hora de sumarse a la fiesta, y siguiendo las indicaciones de su frontman, Supersixx, ponerse a saltar incansablemente a lo largo de “The Darkness Of The Crypt”. Aunque parece que el reconocimiento y el éxito les ha  llegado con la edición de sus tres últimas entregas, Killus no quisieron dejarse en el tintero algún recuerdo  a su primera etapa. Así que la encargada de hacer que el ambiente de euforia no decreciese fue la tormentosa “Dead Again”. Tras recordarnos que hacia ya dos años que no pisaban los escenarios de la Ciudad Condal, el asedio de los valencianos prosiguió con otro corte de su primerizo “God Bless Us”, el desquiciante  “Rape Your Dreams”.

Pero evidentemente Killus tampoco se iban a olvidar del material incluido en su más reciente entrega discográfica “Imperator”. De modo que la encargada de dar continuidad al show fue “Eternity”, un tema oscuro, rudo y visceral, que fue muy bien acogido por el público. De una suerte similar gozó otra de las nuevas “Imperator”, que sorprendía por su aplastante ritmo marcial.  Pero sin duda uno de los momentos culminantes de su presentación llegó justo a continuación con la locura apocalíptica que desataron con “Satanachia”.

Con el ambiente ya muy caldeado, para el tramo final del show los villarrealenses se reservaron dos de sus piezas más directas y coreables. La primera en sonar fue esa declaración de intenciones que es “Ultrazombies”, mientras que la escogida para poner el broche definitivo fue “Feel The Monter”, con un delirante final con Supersixx revolcándose por el suelo.

No, para un servidor el paso de Killus por el Salamadra no fue una sorpresa. Desde que les viera en esta misma sala hace unos años abriendo para Sober la banda no ha dejado de crecer. Su puesta en escena es impecable y su directo arrollador. Canciones cortas, con gancho,  y directas; todo ello aderezado por  unos músicos con carisma y muchas ganas de diversión.  Garantía asegurada de éxito. ¿Que más se puede pedir?

Aunque el nuevo trabajo de Soulfly, que llevara por título “Ritual”, no verá la luz hasta el próximo mes de Octubre, Max y sus muchachos están aprovechando el verano para reencontrarse con sus seguidores y ofrecerles una mirada retrospectiva ahora que se cumple el vigésimo aniversario de la publicación de su ópera prima. Muchos han sido los músicos que han acompañado al incombustible Max a lo largo de estos veinte años,  pero el brasileño parece haber encontrado a su perfecto escudero en la figura del guitarrista americano  Marc Rizzo. Mientras que de la sección rítmica se encargan su propio hijo, Zyon Cavalera, y el bajista Mike Leon.

Con las luces del local todavía apagadas el primero en aparecer en escena mientras sonaba a modo de introducción “The Dark Ages” fue el propio Max seguido del resto de sus compañeros para rápidamente empezar a mover al personal con la rabia incontrolada del primer trallazo de la noche “Frontlines”, que nos ponía a botar intensamente. Como ya pudimos comprobar en sus últimas visitas, Max no está en su mejor forma física y vocal, pero el brasileño no ha perdido su carisma. De modo que cuando cogió el micrófono, desentendiéndose de su guitarra de cuatro cuerdas, a lo largo del tribal “Prophecy”, la reacción del publico fue la habitual, con todo el mundo saltando mientras no dejaba de corear el tema.

Dirigiéndose al respetable con su peculiar mezcla de castellano, portugués, e ingles, Max nos pidió que formáramos los primeros circle-pits de la noche para acompañar “Fire”, que se convertía en el primero de los recuerdos a su debut y que acabó fundiéndose con ese trallazo de esencia hardcore que es el vertiginoso “Porrada”, que nos dejaba a Mike Leon apoyando en los coros mientras Rizzo daba buena cuenta de su calidad y versatilidad a la hora de atacar la guitarra. Como era previsible, Max fue el perfecto maestro de ceremonias, liderando a sus compañeros mientras alentaba al personal a que alzara los puños  para corear una y otra vez el estribillo del siguiente tema: “Blood Fire War Hate”.

Teniendo en cuenta el impresionante bagaje que atesora Max, tampoco faltaron los riffs marcados y las estructuras de esencia nu-metalera que desplegaron en  “Rise Of The Fallen”, que lograba que el nivel de intensidad en la pista no decreciese pese al asfixiante calor. Debo admitir que me sorprendió la buena acogida que obtuvo la novedosa “The Summoning”, que fue el único tema que presentaron del que será su próximo trabajo “Ritual”. Nuevamente Rizzo volvió a reclamar la atención del respetable durante la introducción acústica y los relajados desarrollos intermedios de “Mars”, que fue la excusa perfecta para volver a incidir sobre el material de su cuarta entrega “Prophecy”.

Los potentes guitarrazos y la velocidad no tardarían en regresar con el demoledor y cortante “No Hope=No Fear”, que fue rematado con unos pasajes del divertido “Umbabarauma”. La primera incursión sobre “3” llegó de manos de uno de sus temas más rabiosos y agresivos, “Downstroy”, que nos acabó sobre el solo de Marc Rizzo, que incluyó varios guiños a los titanes del thrash metal Slayer.

Nuevamente Max volvería a dejar su  guitarra a un lado para concentrarse en su faceta de frontman para dirigir al personal durante el medley que conformaron el primerizo “Bleed”, y “Plata O Plomo”. Sin duda una de las sorpresas de la noche, por lo menos para el que suscribe, llegó durante los compases iniciales del clásico “Tribe”, con Max cantando sus primeras estrofas sin el barimbao. Para encarar la recta final del show el cuarteto confió en la aplastante pegada de “Babylon”, y la imprescindible “Back To The Primitive”, que volvía a desatar, una vez más, la locura en la pista.

Acompañados de los canticos del respetable Max y sus muchachos no tardaron en regresar a escena. Aunque en esta ocasión del micro se encargó el pequeño Rokki quien, ataviado con una camiseta del Barça, se cantó el vertiginoso  clásico de los británicos Napalm Death, “You Suffer”. El remate definitivo a la velada llegó con Max luciendo también la camiseta del conjunto culé para interpretar un nuevo medley, el que conformaron “Jumpdafuckup”, “Eye For An Eye” y unas pinceladas instrumentales del “The Trooper” de Iron Maiden.

Aunque Max está lejos de las prestaciones que le convirtieron en uno de los referentes indiscutibles de la escena extrema internacional, lo cierto es el que el carismático músico brasileño sigue conservando la esencia, la personalidad y el carisma. Aunque eso sí, en esta ocasión nos quedamos sin escuchar ninguna gema de los tiempos de Sepultura y Nailbomb.



TEXTO:ALFONSO DIAZ
FOTOS:CARLOS OLIVER

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