martes, 3 de febrero de 2026

EPICA+AMARANTHE+CHARLOTTE WESSELS-RAZZMATAZZ-BCN-30-ENE-2026


Poco podían imaginarse Mark Jansen y Simone Simons cuando unieron fuerzas para grabar, a principios de este tercer milenio, aquella primera maqueta de Sahara Dust, que acabarían formando parte de uno de los máximos exponentes del metal sinfónico en el Viejo Continente: Epica. Sin embargo, encorsetar su sonido dentro de las estrecheces propias de una etiqueta sería terriblemente injusto para una banda que, en sus prácticamente 25 años de andadura, ha hecho concesiones y guiños al power, el prog, e incluso a tesituras más cañeras, gracias a la calidad de sus instrumentistas y al duelo vocal que en algunas de sus composiciones han protagonizado los dos pilares de la formación anteriormente citados. Muchas han sido las ocasiones en las que el combo neerlandés ha visitado nuestro país, ya fuera en salas de diferentes capacidades, o en el marco de los festivales estivales. Y, generalmente, la impresión que han dejado a su paso ha sido siempre inmejorable.

Aunque Epica eran los encargados de cerrar el cartel de esta noche de viernes en la sala grande del Razzmatazz, formando equipo con ellos para completar una dupla de lo más atractiva tendríamos ocasión de disfrutar del directo de una formación que hemos visto crecer y evolucionar desde que empezaron a girar por Europa, y es que Amaranthe, pese a los cambios de formación, se han convertido en un reclamo indiscutible para todos aquellos que escuchan metal con amplitud de miras, sin prejuicios a la hora de combinar los rotundos riffs que salen de la guitarra de su lider, Olof Mörck con las bases electrónica y la música de baile, y todo rematado por el apabullante caudal sonoro y el dinamismo que aporta una tripleta de vocalistas que siempre ha girado en torno a la figura de Elize Ryd. Así que con su última placa bajo el brazo, “The Catalyst”, la banda regresaba a Barcelona para poner al personal en movimiento.


No obstante, el “suculento menú” de esta noche no se cerraba aquí, ya que para darnos la bienvenida e ir calentar motores de cara a lo que estaba por llegar contaríamos con la presencia de una vieja conocida como es la vocalista Charlotte Wessels, a quien ya tuvimos ocasión de ver en la última edición del Leyendas Del Rock. Pese a ser la elegida para dar el pistoletazo de salida a una velada en la que las voces femeninas iban a tener un papel más que destacado, cuando la frontwoman neerlandesa apareció en escena, -parapetada tras un llamativo pie de micro decorado con unos vistosos arreglos florales-, la planta baja del Razzmatazz presentaba ya un concurrido y animado aspecto.

En cuanto a la alineación que acompañó a Charlotte Wessels, cabe destacar la presencia de varios músicos que también militaron en Delain, destacando especialmente la figura del guitarrista Timo Somers, que asumió el indiscutible rol de “guitar-hero”, para con sus solos dar un plus de intensidad y épica a temas como “The Crying Room”. Sin embargo, como era previsible, todas las miradas recayeron sobre la propia Charlotte desde que hizo acto de presencia para desplegar toda la magia y la elegancia de un registro que sonó limpio, lírico y, en muchos momentos, cargado de emotividad y feeling, tal y como dejó patente durante la inicial “Chasing Sunsets”, que estuvo marcada por unas fantásticas inflexiones vocales.

Otro punto a destacar, y que he de admitir que no me esperaba, fue la complicidad de un público que quiso ser partícipe del show, tomando parte en temas como “Dopamine”, cuyo desarrollo fue acompañado con palmas. Aunque la estructura de las composiciones de Mrs. Wessels me pareció bastante lineal y diseñadas para que su fantástica voz brillara por encima de todo, lo cierto es que temas como “Soft Revolution”, en el que desplegaron unas atmósferas más etéreas y envolventes, sirvieron para que la descarga no acabara resultando monótona.

Para un servidor uno de los momentos más destacados de este primer acto de la noche llegó con ”Tempest”, en la que tomó un destacado protagonismo la teclista/vocalista Sophia Vermikov, dando la réplica a Charlotte mientras el personal movía los brazos de lado a lado. Encarando ya la recta final de lo que fue su escueta presentación, Charlotte y sus muchachos nos propusieron el inicio más intimista de “After Us, The Flood”, para rápidamente desplegar un manto de hipnóticas melodías. Mientras que el acto final llegó de manos de la bucólica “Soft Revolution”; para posteriormente dejar paso a la más incisiva y potente de “The Exorcism”, que con el escenario teñido de rojo nos mostraba la vertiente más salvaje y expeditiva de una frontwoman que incluso nos dejó algún registro más rasgado y agresivo. Buena descarga de una Charlotte Wessels que mostró que la “madurez musical”, que ya plasmó en “The Obsession”, le sienta realmente bien.


Recuerdo la primera vez vi en directo a Amaranthe y como su propuesta, alejada de los parámetros más tradicionales, me sorprendió muy positivamente, ya que era como una bocanada de aire fresco. No obstante, desde entonces, muchas bandas han apostado por transitar por la senda que de alguna forma marcaron, y ahora en 2026 esa apuesta por el mestizaje sonoro de diferentes estilos ya no resulta tan sorprendente e innovador, En cualquier caso, Amaranthe han mimado siempre a sus fans españoles, haciendo escala en casi todas sus giras, y eso es algo que ha servido para fidelizar a unos seguidores que no quisieron dejar pasar la ocasión de bailar siguiendo los frenéticos ritmos de algunas de las composiciones de “The Catalyst”, amén de volver a disfrutar de varios himnos que se han convertido ya en imprescindibles para todos sus incondicionales.

Para poder disfrutar de su show tuvimos que esperar que “los pipas” dieran un buen lavado de cara al escenario, ya que si durante la descarga de Charlotte Wessels el escenario fue de la más sobrio y minimalista, para la descarga de Amaranthe su ubicaron unas plataformas a los lados de la batería, un gran telón de fondo con la portada del que hasta el momento ha sido su última producción discográfica, lanzaderas de columnas de humo, -tanto en la línea frontal como desde los lados de la batería-, y, por supuesto, un vistoso y llamativo juego de luces que ayudó a que la sala pareciera, en varios momentos, mas una pista de baile que un local de conciertos rockeros. Y es que el show de Amaranthe estuvo medido y estudiado al milímetro a nivel de coreografías, especialmente entre sus vocalistas, ya que no pararon de cambiar de posición mientras alentaban al respetable para que saltara sin dejar de corear sus vibrantes estribillos.

Precedidos de una introducción intrigante y de tintes cinematográficos, los integrantes de la banda fueron apareciendo en escena uno a uno, arropados por los aplausos del público, para rápidamente tomar sus respectivas posiciones y poner en marcha la maquinaria con “Fearless”. Los últimos en hacer acto de presencia, como no podía ser de otra forma, fueron la tripleta vocal que conforman Mikael Sehlin, encargado de los guturales, Nils Molin, artífice de los registros limpios y rockeros, amén de ejercer como frontman principal al ser quien se encargó de dirigirse al público a la hora de las presentaciones; y la incombustible Elize Ryd, que aportó la elegancia y la distinción. Y quien, por cierto, me sorprendió que no asumiera más protagonismo teniendo en cuenta que es uno de los miembros más veteranos de la banda.

Tras la explosión de júbilo, que puso a todo el personal a saltar, del tema de apertura, la banda nos invitó a levantar los puños para acompañar el ritmo machacón y, por momentos, casi marcial de “Viral”, con los vocalistas ocupando la primera línea escénica mientras los instrumentistas se posicionaban en las tarimas que flanqueaban la batería. Tras abrir fuego con una doble ración del material de “Manifest”, que propició que el personal les tributara la primera ovación de la tarde, llegaba el momento de adentrarnos en una primera sesión de headbanging discotequero dando buena cuenta del dinamismo implacable de “Digital World”, con Sehlin llevando las riendas desde el centro del escenario al atacar los pasajes más incisivos y devastadores.

Con el ambiente ya bastante caldeado, en poco más de diez minutos Amaranthe nos habían puesto a saltar mientras cantábamos incansablemente, tocaba proponernos una primera incursión a “The Catalyst”, confiando para ello en los rotundos e implacables contrastes que marcaron “Damnation Flame”. No fue una sorpresa para nadie. Todos los que estábamos allí sabíamos que la “receta”de la banda que capitanea Olof Mörck consiste en combinar riffs despiadados y bases electrónicas. De modo que las palmas del animado público harían que “Maximize”, que llegaba con el escenario teñido de rojo, se convirtiera en uno de los puntos álgidos de esta primera parte del show.

Como ya comenté anteriormente, me sorprendió que Elize no tirara de galones y asumiera más protagonismo a la hora de dirigirse al respetable. Sin embargo, la vocalista sueca brilló intensamente durante varios momentos del show. El primero, fue durante los compases iniciales de “Strong”, para acabar protagonizando un vibrante y emocional duelo con Nils Molin para rubricar el que fue el primero de los temas que sonó sin registros guturales. No tardaría mucho en volver a reagruparse la tripleta vocal, ya que para atacar “PvP”, formarían en primera línea dando argumentos a los más animados para que volvieran a saltar y bailar haciendo crecer nuevamente el nivel de intensidad.

Evidentemente no todo iba a ser movimiento, baile y diversión. El primer cambio de registro llegaría durante la bucólica y sentimental “Crystalline” que se iniciaba con Elize sentada para posteriormente compartir protagonismo con Nils para entre ambos acabar firmando otra balada de alma netamente rockera y exenta de registros guturales. No abandonarían el material contenido en “Manifest”, -que a la postre fue el trabajo más visitado de su descarga-, ya que no tardarían en volver a recuperar el ritmo frenético durante la inapelable “Boom!1”, con ambos vocalistas repartiéndose las líneas vocales mientes Elize desaparecía de escena momentáneamente.

Con el público acompañando con palmas, una vez más, las luces y los ritmos discotequeros servirían para que los ánimos en la pista volvieran a caldearse siguiendo el frenético ritmo del tema que presta título a su ultimo redondo: “The Catalyst”, que fue el elegido para que Mr. Mörck nos deleitará con su solo de guitarra mientras el escenario se llenaba de humo antes de recabar la cerrada ovación de un respetable que estaba disfrutando intensamente del show. Otra de las nuevas, “Re-vision”, serviría para que el nivel de euforia de unos entregados incondicionales no decreciese ni por un momento. Una de las sorpresas de la noche llegaría con “Chaos Theory”, y no lo digo porque se apartara en exceso de lo que es su propuesta, sino porque es una pieza que todavía no han publicado.

Con Olof Mörck cambiando la guitarra por los teclados se inauguraba la que es la baldada por antonomasia de la banda, “Amaranthine”, que nos dejaba a Elize caminando parsimoniosamente desde un lateral del escenario para situarse junto a su compañero y acabar firmando una de las interpretaciones más emocionantes y sentidas del show. No tendríamos que esperar mucho para que la banda volviera a proponernos uno de esos temas que pasan por encima del público gracias a su ritmo eléctrico y a lo aplastante de su estribillo: “The Nexus”, que, con la silueta de los vocalistas recortándose entre las densas columnas de humo, nos invitaba a participar en su coreable estribillo.

Para poner el punto seguido al particular espectáculo de luz y música marchosa que nos brindaron Amaranthe, el sexteto apostó por convertir el Razzmatazz en prácticamente una “rave” durante la primeriza y aplastante “Call Out My Name”, tras la que la banda se marchó a los camerinos dejando al personal con ganas de más. Afortunadamente, no se demoraron mucho en volver a tomar posiciones para hacer explotar al público con una brutal versión de “Archangel”, que se zanjaba con los vocalistas agrupados en el centro, inclinando las cabezas hacia delante para que las melenas ocultaran sus rostros.

Tras una charla de Nils, -que personalmente me pareció algo larga-, en la que trató la ya clásica rivalidad entre ciudades y, por supuesto, también la futbolera, Amaranthe nos pasaron a cuchillo con otra de las que se ha convertido en himno para sus seguidores: “That Song”, que incluyó también un pequeño guiño al clásico “We Will Rock You”, de los británicos Queen. El fin de fiesta definitivo, el capítulo final para una descarga trepidante, divertida, marchosa y adictiva corrió por cuenta del ritmo “Mansoniano” de “Drop Dead Cynical”. No fallan. Quizá su propuesta no acabe de cuadrar con los gustos de todos, pero lo cierto es que, aunque su sonido ha perdido algo de frescura, Amaranthe siguen ofreciendo un show impecable y arrollador, tal y como dejaron patente a su paso por un Razzmatazz que les despidió de forma entusiasta con una cerrada, y más que merecida, ovación.


Concluida la colorista y vitalista descarga de Amaranthe tocaba cambiar diametralmente de registro para imbuirnos de lleno de la magnificencia, la sobriedad y la elegancia que desplegaron Epica. Antes de entrar a desgranar los detalles de una descarga que, ya anticipo, acabó quedándose algo corta, -bien podrían haber alargado el show hasta los 90 minutos-; me gustaría recalcar que hacía mucho tiempo que un servidor no veía a tantos “pipas” trabajando en un montaje escénico en Razzmatazz. No escatimaron detalles, Epica presentaron un montaje de lo más vistoso, colorista y trabajado, adaptando lo que suelen llevar en recintos más grandes a las limitaciones del “templo barcelonés”. Eso se tradujo en que la banda presentó un escenario a dos altura, situándose en el nivel superior el kit de batería y los teclados giratorios de Coen Janssen. Además en la “falda” de esa estructura se fueron proyectando diferentes efectos que, junto a las proyecciones de la parte trasera, sirvieron para crear diferentes ambientaciones. Tampoco faltaron imágenes del público y de los propios músicos en la pantalla trasera. Otro detalle a destacar fueron los juegos de luces que ayudaron a que muchos de los temas ganarán en intensidad y mordiente. Y, por supuesto, tampoco faltaron esos característicos pies de micro con forma semicircular repartidos a lo largo del escenario y que en algunos momentos incluso llegaron a iluminarse.

En definitiva, un montaje muy trabajado al que si sumamos unas lanzaderas de fuego, confeti y pirotecnia, -algo impensable hoy en día en una sala cerrada en Barcelona-, bien podría haber sido un espectáculo fantástico dentro de un recinto más amplio como el Sant Jordi Club. No obstante, hay que ser realista, y aunque el cartel de esta noche fue realmente atractivo, la sala grande del Razzmatazz no llegó a completar todo su aforo, registrando finalmente lo que podríamos denominar como una muy buena entrada, lo que nos permitió disfrutar del concierto cómodamente y sin los agobios y apretones de otras ocasiones. Otro detalle a destacar, al igual que sucediera con Amaranthe, fue comprobar cómo Epica tienen su show medido y estudiado al milímetro, y aunque ciertamente eso resta algo de espontaneidad a su puesta en escena, denota la profesionalidad y la madurez de una formación que salió dispuesta a agradar a sus seguidores, justificando su merecido estatus dentro de la escena internacional, y cada euro invertido por sus fans en el importe de la entrada.

Una grandilocuente introducción, protagonizada por una alocución que nos invitaba a sentirnos parte del show y a que dejáramos aparcados nuestros teléfonos, se encargaría de anunciarnos junto a una cuenta regresiva que el espectáculo estaba a punto de arrancar. Una explosión de luz cegaría nuestros ojos para acto seguido permitirnos discernir la figura encapuchada en el segundo nivel del escenario y envuelta en humo de Simone Simons. Desde allí, y ya con sus compañeros ocupando sus respectivas posiciones, la vocalista neerlandesa interpretó la fantasmal “Apparition”, que fue la escogida para romper el hielo y empezar a calentar los ánimos del personal, y más aún cuando Mark Jansen se destapó con la primera tanda de rugidos. Sin darnos oportunidad de asimilar el primer impacto, todo quedaría teñido de tonalidades rojizas para ambientar el escenario mientras los músicos aceleraban el paso para adentrarnos en la marchosa “Cross The Divide”, que Simons, ya desprovista de su manto y luciendo ahora gafas de sol, interpretó desde la parte baja del escenario.

Muchos fueron los momentos en los que Coen Janssen, ejerció como segundo frontman, demandando el apoyo de sus incondicionales. La primera, fue cuando empuñó su keytar circular durante el arranque de “Martyr Of The free Word”, para alentar al personal a que corriera en círculos mientras la banda desplegaba su faceta más extrema, con la dupla Jansen/ Delahaye repartiéndose los registros guturales para firmar una implacable recta final. La intensidad continuaría creciendo, ya que los sonidos de la tormenta y los rayos proyectados servirían para ambientar “Eye Of The Storm”, que se iniciaba acompañada con las palmas del personal mientras Simons volvía a posicionarse en el nivel superior, colocándose entre los teclados y la batería, para abrir los brazos en jarra cada vez que tenía que dar la réplica a los incontestables guturales de Jansen.

El arranque acústico de “Unleashed” fue majestuoso, convirtiéndose en uno de los momentos más emocionantes de esta primera parte del show, con Simons plantada en el centro para, contando únicamente con los teclados Janssen, ponernos los pelos de punta con su brillante interpretación. El escenario se llenaría de estrellas cuando el resto de sus compañeros aparecieron para sumarse al tema haciendo que todo acabara sonando más grandilocuente y potente. Durante el show la banda se permitió varias licencias al pasado, y eso fue algo que sus fans más veteranos agradecieron enormemente, tal y como quedó patente viendo el recibimiento que tuvieron piezas como “Never Enough”, que fue la escogida para representar “The Divine Conspiracy”.

Era algo que muchos de los presentes esperábamos y que finalmente tuvimos ocasión de disfrutar. Y es que durante la intrigante y sibilina “Sirens- Of Blood And Water”, apareció en escena Charlotte Wessels, para entre la densa bruma marcarse junto a Simons una interpretación que puso a más de los vellos de punta, y más aún cuando el personal empezó a mover los brazos para emular el movimiento de las olas del mar. Esa atmósfera más relajada e intimista se mantendría durante una emocionante “Tides Of Time”, que acompañada únicamente por el piano nos dejaba la figura de Simons recortada en un lateral de un escenario en semipenumbra.

Emergiendo directamente de las cenizas de la balada, en la que la frontwoman volvió a brillar y emocionar al personal, arrancaba otra de las de nuevo cuño: “The Grand Saga Of Existence”, que gozó de una excelente acogida gracias a la solidez de sus avasalladores cambios de ritmo. Pero, evidentemente, si hablamos de respuestas efusivas por parte del público, una de las que se llevó la palma e hizo enloquecer a unos seguidores que a estas alturas del show estaban ya completamente entregados fue la primeriza e imprescindible “Cry For The Moon”, convirtiendo el recinto en un mar de puños que se alzaban orgullosos cada vez que tocaba encarar su hímnico estribillo. El color volvería a conceder una ambientación especial a la combativa “Fight To Survive”, junto a unas primeras filas que no pararon de saltar, animar y cantar en perfecta sintonía con la banda.

A muchos, un servidor incluido, nos pilló por sorpresa, ya que tras interpretar el último de los cortes que sonaron de “Aspiral”, y recibir el cálido apoyo del respetable, parecía que el show había acabado tras poco más de una hora. Sonó el habitual outro, la banda saludó mientras repartía púas y baquetas. En definitiva, todo hacía indicar que el show había terminado. Sin embargo, no fue así. Simons tomó la palabra para tras charlar con el resperable y hacernos alzar los cuernos desplegar junto a sus compañeros toda la epicidad contenida en la descomunal “The Last Crusade”, mientras las llamas proyectadas parecían devorar el escenario. La despedida definitiva, ahora sí, llegó con la monumental “Beyond The Matrix”, con toda la sala saltando para rubricar de la mejor forma posible una descarga que sirvió para ratificar que Epica son a día de hoy uno de los indiscutibles referentes dentro del metal sinfónico. Y viendo la calidad que desplegaron y el espectáculo que ofrecieron espero que la próxima vez que pasen por aquí puedan plantearse seriamente el salto a un recinto mayor. Creo que todos, incluida la propia banda, saldremos ganando y lo agradeceremos.



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