El norte de la Península Ibérica siempre ha sido un hervidero si hablamos de música dura, con mensaje y actitud. Quizá todo el negocio durante la década de los ochenta orbitará en torno a Madrid, pero indudablemente Euskal Herria y Navarra fueron viveros imprescindibles para el rock urbano, el punk y, por supuesto, el heavy metal. Si hablamos de nuestro heavy metal más autentico y genuino casi todo el mundo recita, como si de un mantra se tratara, el mismo listado de bandas y lamentablemente en muchas ocasiones se queda fuera un nombre mítico e imprescindible como son Su Ta Gar.
Hacía bastante tiempo que la formación eibarresa no pisaba los escenarios de la capital catalana, pero sin duda la conmemoración del trigésimo quinto aniversario, que se dice pronto, de lo que fue su ópera prima “Jaiotze basatia”, era una fantástica excusa para poner fin a una ausencia tan prolongada. Debo admitir que no me sorprendió que el Salamandra acabara llenándose hasta la bandera, congregando una entrada que ya firmaría cualquier banda extranjera a su paso por la capital catalana, plasmando el arraigo que los vascos han tenido siempre en estas tierras.
Sin contar con teloneros, el inicio del show estaba previsto para las 21 horas, lo que hacía presagiar una descarga larga, en la que además de desgranar durante la parte central de la misma el contenido íntegro y en el mismo orden de su avasallador debut, el incombustible cuarteto aprovechó para repasar algunos de los temas que han ido jalonando una longeva trayectoria que está a las puertas de conmemorar las 4 décadas de andadura de forma ininterrumpida. Una vez más, a los mandos de lanave estuvieron dos figuras carismáticas e incombustibles como son los guitarristas Xabi Bastida y Aitor Gorosabel, que es quien ha llevado siempre “la voz cantante”. Para completar su actual alineación ambos están contando con la solidez y la pegada que aportan la sección rítmica que conforman el batería Galder Arrillaga y su más reciente incorporación el bajista Igor Díez.
Con puntualidad exquisita, cuando el reloj marcaba las 21 horas, los músicos tomaban un escenario engalanado con una proyección con el nombre de la banda y la ilustración de “David Eta Goliath”, para incendiar el recinto con la fuerza abrumadora de “Etsairik ausartena”. De forma absolutamente incontestable, Su Ta Gar dejaron patente desde el mismo arranque y apoyándose sobre un sonido arrollador, nítido y potente a partes iguales, que están en un gran momento de forma, tal y como confirmaron al atacar piezas como “Azkar zuregana”, que arrancaba con esas arrolladoras líneas de bajo para acabar volándonos la cabeza para acto seguido dejar paso a la acelerada y coreable “Laga dana”, que servía para que el personal levantara los puños al aire para acompañar su matador estribillo.
Pese al handicap de los que no hablamos euskera, lo cierto es que la banda no tuvo ningún problema para conectar con la audiencia, y es que la buena música es un lenguaje universal, y sin duda arrancar el show con una buena representación de lo que fue su segundo largo “Hortzak estuturik”(92), una decisión más que acertada. Así que no faltaron a la cita trallazos incontestables como el incisivo y corrosivo “Nazka” o “Arbasoen mendekua”, que servía para dejar patente que ambos hachas no han perdido el temple a la hora de atacar esos riffs tan agresivos y afilados.
Aunque quizás no contaron con una acogida tan eufórica, esta noche también tuvimos ocasión de escuchar algún tema rescatado de “Munstro hilak”, haciendo que la banda nos mostrará su vertiente más netamente rockera. Mientras que “Gizateriaren heriotza”, con su filo y su garra netamente metalero fue la elegida para dar por finiquitada esta primera parte del show. Un cambio en la proyección trasera, con la mítica portada de su “Jaiotze Basatia” nos anunciaba que había llegado el momento de disfrutar de lo que nos había hecho desplazarnos hasta el Salamandra.
Poco hay que hablar de la calidad de las composiciones contenidas en este trabajo que se publicó en 1991 y que muchos tildaron como un cocktail explosivo entre el sonido clásico de Iron Maiden y los primeros Helloween, en definitiva, una auténtica bomba de auténtico heavy metal tal y como constatan piezas como “Sistematik Ihes”, “Zure atzetik”, que puso al personal a hacer headbanging como sino hubiera mañana; la más afilada y, por momentos, casi thrashera “Etsi gabe”. Pero sin duda si hay algo que hay que ponderar es que composiciones como la inaugural “Begira”, “Mari”, o la celebradísima y coreadísima “Jo ta ke”, han envejecido especialmente bien, amén de que el cuarteto sigue tocándolas con idéntica intensidad y actitud que antaño. Por supuesto que el personal continúa vibrando intensamente en piezas como la combativa “David eta Goliath” o ese latigazo demencialmente humeante que es la instrumental “Jaiotze basatia”, que a principios de la década de los noventa apuntaba ya a lo que podía llegar la banda en un futuro.
Otro detalle a destacar fue el ritmo frenético que tuvo en todo momento el show, y es que el combo vasco estuvo más de dos horas sobre el escenario repartiendo cera sin tregua, dándonos solo tiempo para recuperar el aliento en unos escuetos parlamentos que sirvieron para agradecernos nuestro apoyo y para manifestarnos que estaban como en casa. Una vez cerrado el capítulo dedicado a repasar el material de lo que fue su ópera prima con “Diruaren esklabu” y “Haika mutil”, tocaba encarar la recta final del show. De modo que tras un fugaz parón, que sirvió para el cambio de decoración escénico, la melodía volvería a abrirse paso durante “Eskutitza”, todo un derroche de elegancia melómana que servía para dejar patente que la banda es algo más que una máquina imparable de escupir riffs potentes y afilados. Y es que la pieza instrumental que incluyeron en “Munstro hilak”, se convirtió en la antesala perfecta para el uptempo “Itxaropena”.
Sí, por supuesto, en el show de esta noche la nostalgia jugó un papel importante, ya nos lo habían anunciado. Sin embargo, Su Ta Gar demostraron que siguen creyendo en su presente, y la mejor prueba la tuvimos en un sprint final en el que el cuarteto centró su objetivo en el que hasta el momento ha sido su última entrega de estudio “Alarma”. De modo que las guitarras volverían a volarnos la cabeza bien secundados por la solidez de una implacable sección rítmica durante “Erraietan Betirako”, y “Emborra”. Mientras que para poner el broche definitivo a su implacable descarga optaron por pedir la colaboración de sus seguidores para corear el imponente estribillo de “Alarma Egoera”.
Hacía tiempo que Su Ta Gar no se dejaban caer por la capital catalana, y lo cierto es que los de Eibar se dieron su particular baño de masas, recibiendo el cariño y el apoyo de un personal que no solo respondió a su llamada sino que se involucró al máximo para convertir la velada en irrepetible. Esperemos que no tarden en regresar por aquí y a poder ser con un nuevo trabajo bajo el brazo.


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