He de admitir que yo mismo me he mostrado bastante escéptico con la propuesta de bandas como Babymetal o los propios Electric Callboy, a quienes ya tuve ocasión de ver en directo en el verano de 2024, triunfando sin concesiones ante una audiencia que disfrutó al máximo danzando al son de sus temas más “discotequeros”. Desde entonces la fama del combo germano no ha hecho más seguir creciendo, de modo que para albergar su visita a la capital catalana se decidieron por un local de mediano aforo como es el Sant Jordi Club, un enclave amplio, cómodo, en donde más cuatro mil personas se dieron cita para disfrutar de su música y también de una vistosa puesta en escena que incluyó diferentes proyecciones, lanzas de fuego, fuentes de chispas, columnas de humo, pirotecnia y copiosas lluvias de confeti.
Pero antes de que todo esto sucediera para ayudarnos a amenizar la espera e ir calentando motores de cara a lo que estaba por llegar tendríamos ocasión de descubrir la hibrida y personal propuesta de los británicos Wargasm, quienes llegaban avalados por las buenas críticas y la difusión que han recibido sencillos como “Small World Syndrome”. Quienes también se encargaron de calentar el ambiente dando buena cuenta de su implacable y enérgico metalcore fueron unos ilustres veteranos como Bury Tommorrow.
Pese a que el inicio de las actuaciones estaba programado para las 19 horas, cuando Wargasm aparecieron sobre las tablas el Sant Jordi Club estaba ya bastante concurrido. Aunque he de reconocer que un servidor no estaba muy familiarizado con la propuesta del combo británico, -el nombre de Wargasm para mí está asociado al thrash metal americano-, me pareció que su presencia había despertado bastante expectación. Tomaron posiciones acompañados de la calurosa bienvenida del respetable a la vez que en las pantallas que flanqueaban el escenario podía leerse: “Angry Songs For Sad People”.
De forma potente, aportando un punto de locura, frescura y transgresión sonora, los dos pilares y vocalistas de la formación, Milkie Way y Sam Matlock, salieron empuñando sus respectivos instrumentos y enfundados en unos vistosos abrigos para azotarnos de forma inmisericorde con “Bad Seed”, a modo de carta de presentación para quienes todavía no sabíamos como sonaban. Derrochando intensidad y vitalismo a raudales, ambos vocalistas no tardarían mucho en desprenderse de sus instrumentos y sus abrigos mientras que los marchosos desarrollos de “Vigilantes” provocaban que los más animados empezaran a saltar.
Por supuesto que los ritmos de baile frenéticos se dejaron notar con fuerza a lo largo de su escueta presentación, dejando claro que bandas como sus compatriotas The Prodigy han tenido una destacada influencia en piezas como “Pyro Pyro”. Sin embargo, también hubo momentos en los que las guitarras se encargaron de llevar el peso de forma indisimulada, hasta el punto de que Sam organizó varios moshpits para acompañar algunos de los temas que interpretaron. No obstante, en temas como el ya mencionado “Small World Syndrome”, fue cuando los británicos combinaron bases de baile con líneas vocales agresivas y contundentes, haciendo que el personal bailara intensamente.
Por supuesto que Wargasm tampoco quisieron dejar pasar la ocasión de mostrar su cara más macarra e indolente en piezas de esencia punkera como “D.R.I.L.D.O.”, que nos dejaba la imagen de Milkie haciendo gritar al personal, una y otra vez, su irreverente y lascivo estribillo. Una nueva ráfaga de rabia incontrolable marcaría “Spit”, para dejar que acto seguido fuera la discotequera “Do It So Good” la que se encargara de cerrar el show. Sin duda Wargasm no dejaron indiferente a nadie. En líneas generales sorprendieron a los que no les conocían, dejando una grata impresión a quienes nos acercamos con curiosidad para comprobar cómo llevaban al directo una propuesta tan mestiza e inclasificable.
Para poder disfrutar de la descarga de Bury Tomorrow tuvimos que esperar un buen rato, más de lo que a muchos nos hubiera gustado, y es que transcurrió más de media hora entre el fin del show de Wargasm y el inicio de Bury Tomorrow. Los británicos son uno de los buques insignia del metalcore, y eso se notó tanto en la recepción que les tributó el público barcelonés como en la entrega y la pasión que despertaron, especialmente entre los que ocupaban las primeras filas. Las huestes que lidera Daniel Winter-Bates se mostraron expeditivos, rotundos, mostrándose cómodos sobre el escenario mientras daban combustible al respetable para que se contorsionara siguiendo el enérgico ritmo de la inicial “Choke”, alternando de forma convincente los rugidos de Daniel con los registros más melódicos de Tom Prendergast, quien se mantuvo la mayor del tiempo tras su kit de teclados.
No engañaron a nadie, ya nos habían avisado. Y es que justo antes de arrancar su presentación saltó una estridente señal de alarma mientras a través de las pantallas laterales se anunciaba que los siguientes 45 minutos iban a ser de locura y desmadre. Y vaya si lo fueron. Los británicos nos plantaron un show de dinamismo implacable, alternando ráfagas hirientes y coléricas de riffs envenenados y mortíferos con desarrollos más melódicos y envolventes, pasándonos a cuchillo en temas como “DEATH (Ever-Colder)”, para acto seguido ponernos a todos a botar con la pieza que prestaba título a su obra de 2020: “Cannibal”.
Durante uno de sus parlamentos, Daniel nos recordó que hacía bastante tiempo que no se dejaban caer por la ciudad, y que volver formando equipo con sus colegas de Electric Callboy era una auténtica pasada. Así que tras ganarse el cálido aplauso del respetable tocaba volver a meterse en “faena”, y para ello que mejor que volver a saltar antes de adentrarnos de lleno en las atmósferas más envolventes y amenazantes de “Boltcutter”, que con el escenario teñido de verde se convertía en la primera escala que nos propusieron en el material de “The Seventh Sun”(2023).
No fue hasta la mitad de su descarga cuando Bury Tomorrow echaron mano de las composiciones de su más reciente “Will You Haunt Me, With That Same Patience”, invitándonos a cambiar el paso con los ritmos electrónicos y los fraseos rapeados contenidos en la envolvente “Let Go”, invitándonos a levantar los brazos apuntando hacia el escenario. Otra de las de nuevo cuño que sonaron esta noche fue “Villain Arc”, trayéndonos de vuelta la maliciosa tenacidad de unas guitarras que nos daban argumentos para cabecear.
Con la banda bien asentada sobre el escenario y tirando de galones, Daniel demandaría nuestra ayuda para decorar el recinto con las luces de nuestros teléfonos durante la elegida para cerrar la tripleta seleccionada para representar su lanzamiento del pasado año: “What If I Burn”. Encarando ya la recta final de su presentación, el carismático frontman no dudaría en reclamar la presencia de los “surfers” durante la presentación de “Black Flame”. La rúbrica perfecta para una sólida descarga que acabó haciéndose corta corrió por cuenta de “Abandon Us”, tras la que los británicos se despidieron repartiendo saludos mientras recibían la cálida ovación de un público que supo agradecer su esfuerzo y dedicación.
El ascenso y el aumento de popularidad de Electric Callboy ha sido fulgurante en los últimos tiempos, y no lo digo únicamente porque hayan conseguido que algunos de sus sencillos se hayan convertido en temas súper-populares dentro de las plataformas de reproducción musical, sino porque en su última visita a la capital catalana en febrero de 2023, -no hace ni tres años-, su espectáculo recaló en la céntrica Sala Apolo. Sin duda para conseguirlo han sido fundamentales sus estrafalarios vestuarios, sus vistosas puestas en escena, pero sobre todo ese estilo musical tan personal como impredecible, en el que la banda demuestra no ponerse límites a la hora de mezclar elementos del dance, el pop, la electrónica, el tekno, el synthwave y el metalcore.
Por supuesto que, esta noche, al igual que suele suceder en todas sus presentaciones, no faltaron varias decenas de seguidores que acudieron a la cita luciendo vestimentas similares a las de “sus ídolos”. La expectación era máxima. Podían palparse en el ambiente las ganas de fiesta y diversión. Así que todos estábamos preparados para dejarnos arrastrar por el torrente musical de una banda que se mostró imparable, en pleno estado de forma, -me atrevería a decir que viviendo su mejor momento-, y que arrasó con todo a su paso, ya que dejando a un lado su vertiente meramente musical, me gustaría recalcar que ofrecieron un montaje escénico y un espectáculo de lo más vistoso y atractivo.
Con absoluta puntualidad arrancaba la descarga del combo germano. Y es que a las 21,15 en punto se precipitó la lona rectangular que ocultaba la parte central del escenario para mostrarnos a los miembros de la banda agrupados en torno al kit de batería. Tras la primera explosión de la noche la acción, -tanto encima como abajo del escenario-, fue una constante, presentando ante nuestros ojos a una banda que optó por un vestuario discreto para arrancar la velada dando buena cuenta de un bombazo sonoro como “TANZNEID”, poniendo a todo el personal a bailar siguiendo su intenso y frenético ritmo a la vez que hacían acto de presencia el humo, el confeti y la primera ráfaga de pirotecnia. La conexión entre la banda y sus seguidores fue instantánea. De modo que, tras la primera salva de aplausos, el público quiso asumir su cuota de protagonismo al participar en su particular adaptación del tema de Sum 41: “Still Waiting”.
Con ambos vocalistas imitando el sonido de la locomotora de un tren llegaba el momento de proponernos una primera parada en su exitoso “Tekkno”, de manos de la implacable “Tekkno Train”, que fue el marco idóneo para que nos sorprendieran con unas altísimas lanzas de fuego que dibujaron diferentes formas provocando la algarabía del respetable. Pero sin duda el primer gran momento de la noche no tardaría en llegar, ya que precedida de una espectacular proyección, con un robot danzado con un radio-cassette en el hombro, llegaba el tema que de alguna forma dio un importante impulso a su carrera: “Hypa Hypa”, contando con el primer cambio de vestuario de los músicos, luciendo ahora pelucas y ropa deportiva, para ponernos a todos a bailar mientras tarareábamos su impactante melodía. Varias fueron las proyecciones que pudimos disfrutar a lo largo del show. Otra de las que llamó la atención del personal fue la que acompañó a “Mc Thunder”, con la que nos proponían, -acompañados de otra copiosa lluvia de confeti-, un viaje a los tiempos de “The Scene” (2017), haciendo una primera incursión en el material que grabaron cuando todavía se llamaban Eskimo Callboy.
Habiendo firmado un arranque frenético, explosivo e impactante, en el que los alemanes consiguieron poner al personal en movimiento, transformando los aledaños del escenario en una pista de baile, tocaba levantar por un momento el pie del acelerador, concediéndonos una pequeña tregua, -que resultó ideal para recuperar el aliento-, durante la más popera “Neon”, que arrancaba con las palmas de apoyo del respetable para zanjarse con una nueva aparición de las fuentes de chispas. No tardarían mucho los miembros de la banda en arrancarse la ropa para, con atuendo de gym, proponernos el ritmo dinámico y enérgico de la eurovisiva “Pump It”, alternado rugidos desgarradores con las partes más melódicas de su pegadizo estribillo, y todo ello presidido por la proyección de un robot que hacía pesas de forma incansable.
Fue en este tramo del show cuando Electric Callboy se concentraron en las composiciones de “Tekkno”, con lo que no tardarían en caer, para algarabía de gran parte de los presentes, piezas como “Hurrikan”, con Nico Sallach y Kevin Ratajczak solos en escena antes de que todo se quedara a oscuras y una penetrante voz nos anunciara que había llegado el momento de abandonarnos el baile y la diversión con el particular show de Electric Bassboy, convirtiendo el recinto en una rave. No tardaría en sumarse el resto de la banda, con los músicos ataviados especialmente para la ocasión brindándonos un medley que incluyó “All The Small Things” y “Bodies”, entre otras.
La decoración y el ambiente cambiaría por completo, tornándose todo más gris y tétrico para acompañar la implacable rotundidad que la banda desplegó en “Revery”, que con todos de riguroso negro servía para que plasmaran su vertiente más netamente metal-core. Por supuesto que no faltó una extensa charla en la que agradecieron nuestro apoyo, además de reconocer la entrega y la calidad de las bandas que les están acompañando en este tour. Durante “Hate/Love”, volverían a mandar las guitarras contando con una ambientación más oscura mientras el fuego proyectado en la gran pantalla trasera devoraba un camposanto.
El ambiente se estaba caldeando, así que ambos vocalista no vacilaron a la hora de pedir que se formara un gran circle-clip para acompañar las furibundas andanadas que dieron forma a la corrosiva “Mindreader”, para la que contaron nuevamente con las columnas de fuego alzándose imponentes en la línea frontal del escenario. Me gustó mucho la reivindicación y el recuerdo que la banda tuvo a lo que fueron sus primeros años de andadura, aún teniendo claro, que muchos de los presentes les descubrieron mucho después. De modo que confeccionaron un medley que, acompañado de algunas de las portadas de aquellos primeros trabajos, incluyó “Monsieur Moustache Vs. Clitcat”, “Muffin Purple-Girl”.
Tras unos segundos de tensa calma, en los que el escenario quedó a oscuras, llegaba el momento del solo de batería, con sampler de Slayer incluido.Sin embargo, una de las grandes sorpresas de la noche no tardaría en llegar. Y es que mientras el público estaba entretenido con lo que sucedía sobre las tablas, parte de la banda se trasladó hasta la zona central del recinto para desde allí, y rodeados de sus seguidores, realizar una “sesión romántica”. Así que antes de marcarse un pequeño set acústico pidieron al personal que se sentara, como si estuviéramos en un campamento, para de esta guisa interpretar “Fuckboi”, que recabó la inestimable colaboración del público, y la primera parte de su adaptación del “Everytime We Touch”, que arrancaba con todo el recinto iluminado con los móviles del personal y que se zanjó con toda la banda ya reunida sobre el escenario contando con el respaldo visual de las altas llamas que se alzaban en la parte frontal.
La escogida para encarar la recta final del show, y para que el ambiente no decreciera, fue la tekno-metalera “Mc Thunder II (Dancing Like A Ninja)”, con la banda disparando morteros de confeti sobre el personal. Con una banda enchufada y un público absolutamente enloquecido no quedaba más que seguir bailando y cantando para rematar la fiesta de la mejor forma posible, siguiendo el enérgico y desquiciante ritmo de la inevitable “Elevator Operator”.
Con nuestro “particular Terminator” proyectado en la pantalla trasera y contando con la palmas de apoyo del personal arrancaban los bises con los músicos luciendo sus cascos para hacernos vibrar intensamente con el tema que grabaron junto a Babymetal: “RATATA”. Unos monos de astronautas, como no podía ser de otra forma, fue la indumentaria escogida para interpretar “Spaceman”. Mientras que para el capítulo final con “We Got The Moves”, la banda al completo salió a escena luciendo una indumentaria propia de una “boy-band”.
He de reconocer que llegué al Sant Jordi Club algo condicionado por lo que vi en su descarga del Leyendas de hace un par de años. Sin embargo, debo admitir igualmente, que me lo pasé en grande y salí convencido con las prestaciones que ofreció una banda que mostró un amplio rango musical, dividendo su show en diferentes tramos y dejando claro que lo más llama la atención si únicamente has visto sus videos y no has profundizado en su música, -los disfraces, las pelucas y el cachondeo-, acaba siendo tan solo anecdótico. En definitiva, un show variado, enérgico y ante todo divertido fue lo que nos ofrecieron unos Electric Callboy que no me cabe la menor duda que volverán pronto por aquí y, seguramente, arrastrando aún a más público.




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