Resultaría
imposible intentar comprender la evolución del metal extremo sin la figura del mítico Max Cavalera. Y es
que cuando el mayor de la saga Cavalera dio sus primeros guitarrazos en su Belo
Horizonte natal influenciado por bandas como Venom y Sodom poco podía
imaginarse que la banda que creó junto a su hermano Igor, Sepultura, se acabaría
convirtiendo en uno de los pilares indiscutibles dentro del thrash metal
internacional. Siempre inquieto y dispuesto a llevar su propuesta y su sonido
un paso más allá Max probó suerte con los sonoridades industriales en Nailbomb, donde unió fuerzas
con Alex Newport de Fudge Tunnel, y, tras abandonar Sepultura, formó Soulfly,
proyecto en el que continuó ahondando en las tesituras nu-metaleras que
marcaron “Roots”, el último trabajo que facturó la formación clásica de los
brasileños.
