sábado, 14 de febrero de 2026

ALTER BRIDGE+DAUGHTRY+SEVENDUST-RAZZMATAZZ-BCN-8-FEB-2026


No creo andar errado al sentenciar que probablemente Alter Bridge sea una de las formaciones americanas que con más asiduidad nos ha visitado en los últimos años. La banda que lideran el guitarrista Mark Tremonti y el carismático frontman Myles Kennedy ha incluido escalas en nuestro país en prácticamente todas sus giras desde que empezarán a cubrir el Viejo Continente en sus cada vez más exitosos tours, y la gira que iniciaron el pasado mes de enero para presentar su última entrega homónima no iba a ser una excepción. Al igual que ya sucediera en sus últimas visitas, el enclave escogido para albergar su descarga en la capital catalana fue la sala grande de un Razzmatazz que sin agotar todo el papel, sí que acabó registrando una más que notable entrada.

Para completar un cartel que ponía de manifiesto el buen estado de forma del rock americano contaríamos con la presencia de unos ilustres veteranos como Sevendust, quienes aprovecharon la ocasión para, además de reivindicarse, presentarnos algunas de las composiciones que formarán parte de su nuevo trabajo “One”. Para completar el cartel podríamos disfrutar del directo de Daughtry, una formación que ha contado desde que debutará en 2006 con el respaldo del público americano. Sin duda su gran reclamo es el vocalista y compositor Chris Daughtry, quien alcanzó notoriedad al participar en la quinta edición del talent show “American Idol”.

Curiosamente la responsabilidad de abrir la velada correría por cuenta de la formación más veterana de las tres que conformaban el suculento menú de esta tarde/noche de domingo: Sevendust. El combo de Atlanta fue uno de los grandes animadores de la escena metal americana de la segunda mitad de los noventa gracias a una propuesta personal que combinaba elementos del rock industrial, el alternativo y el por aquel momento emergente nu-metal. Para algunos de los presentes, un servidor incluido, su presencia representaba uno de los puntos culminantes de la velada.


Las expectativas eran altas, Sevendust siempre han llevado a gala tener un directo rotundo y explosivo, así que esta incursión en tierras catalanas representaba la oportunidad perfecta para demostrarlo y dejar patente que el paso del tiempo no ha mermado su explosivo potencial. Puntuales y dispuestos a tirar de galones la banda irrumpió en escena dando cera de la buena y apoyándose en uno de sus clásicos incontestables, el primerizo “Black”, que hacia explotar a unas primeras filas que les recibieron de forma más que entusiasta. En cualquier caso, he de admitir que fue un subidón volver a ver a la banda sobre el escenario con el incombustible Lajon Witherspoon en un buen estado de forma y sobre todo comprobar como las segundas voces del batería Morgan Rose daban a temas como “Enemy” un empaque y una pegada descomunal.

En cuanto a lo que fue su repertorio, estuvo básicamente centrado en lo que fieron sus primeros lanzamientos, algo lógico si tenemos en cuenta que dispusieron de apenas de 30 minutos de show. Sin embargo, tuvimos ocasión de escuchar “Is This Real You”, como representante de lo que será su nuevo trabajo “One”, que verá la luz a principios del próximo mes de Mayo. Otro detalle a destacar fue que la banda sigue manteniendo un line-up bastante estable, contando como única novedad con la presencia de su manager Tim Tournier como guitarrista para cubrir la baja temporal de Clint Lowery.

Como comenté anteriormente, la descarga de Sevendust fue de apenas media hora, pero estuvo muy bien aprovechada. Tuvimos ocasión de disfrutar de pasajes rotundos, enérgicos y cañeros al máximo durante “Praise”, que su frontman dedicó a todos los amantes de las motos mientras toda la banda se giraba hacia la batería, “Crucified”, que llegó precedida de los agradecimientos por el apoyo prestado antes de poner al personal a acompañar con palmas su desarrollo inicial, para posteriormente rematarnos de forma definitiva con “Face To Face”.

Lo dicho, siempre resulta una agradable sorpresa reencontrarse con unos ilustres veteranos y más cuando siguen estando en un gran momento de forma. Además si a eso le sumamos unos músicos motivados, -y en el caso de Lajon Witherspoon visiblemente emocionado por situaciones personales-, solo cabe remarcar que el retorno de Sevendust, pese a ser breve, fue un éxito total.


He de reconocer que soy de los que en un principio se sorprendió al conocer que Daughtry serían quienes actuarían justo antes de Alter Bridge, y no porque pensara que no lo merecieran, sino porque en mi ranking personal Sevendust son un combo de referencia para todos los que disfrutamos y vivimos intensamente la escena metal noventera. Sin embargo, los tiempos han cambiado y parece que la banda que lidera el mediático Chris Daughtry desde hace dos décadas se ha convertido en un nombre destacado dentro de la escena americana, consiguiendo varios singles de éxtio. Así que con su última referencia de estudio bajo el brazo el EP “Shock To The System (Part Two)” la banda aterrizaba en un Razzmatazz que aguarda impaciente.

Especialmente llamativo me pareció el montaje escénico que presentaron con el nombre de la formación presidiendo el escenario. La batería la colocaron a un lado del mismo mientras los teclados de Elvio Fernandes se colocaron en el opuesto. También colocaron varias pequeñas tarimas sobre las que los músicos se colocaron en diferentes momentos del show. Pero sin duda, lo más llamativo fue un cuidado y medido juego que luces que junto a las seis columnas de humo, -cuatro en la línea frontal y dos en la parte trasera-, que se alzaron en repetidas ocasiones a lo largo de su presentación ayudaron a caldear el ambiente. Sin embargo, lo que no me gustó fueron los diferentes arreglos que sonaron “enlatados” y sobre todo que el registro de Chris, en algunos momentos, sonara demasiado sintético, como si estuviera tratado con algún efecto o filtro.

Su show fue extenso, de casi una hora de duración. De modo que tuvieron ocasión de dejarnos una buena muestra tanto de su potencial como de los parámetros principales en torno a los que gira su propuesta, optando por elegir como carta de presentación para quienes todavía no les conocían el tema “Divided”, que sorprendió a más de uno con sus reiterados cambios de ritmo e intensidad y, sobre todo, con la personalidad y el dramatismo que imprimió un Chris Daughtry que no tardó en convertirse en el centro de todas las miradas al permanecer fuertemente aferrado a su pie de micro antes de zanjar el tema levantando el puño en señal de saludo al respetable.

El frontman no tardaría en colgarse la guitarra para “The Bottom”, que poco a poco fue creciendo hasta acabar estallando gracias a la rotundidad de unos riffs que sonaron absolutamente devastadores. Durante el show del combo americano se fueron sucediendo atmósferas etéreas, ambientaciones opresivas y desarrollos más oscuros y cadenciosos que sirvieron para dar moldear piezas como “The Day I Die”, consiguiendo mantener la expectación y el interés del público. Sin embargo, a medida que fue avanzando su desvcarga, que prosiguió con su particular adaptación del clásico de Journey “Separate Ways (Worlds Apart)”, parte del público se fue descolgando de su presentación, y no porque la banda levantará el pie del acelerador, en cuanto a intensidad y buen hacer se refiere, sino por que sus temas en algunos momentos sonaron algo lineales.

En cualquier caso, los que sí estaban familiarizados con su propuesta disfrutaron intensamente de piezas como el vibrante uptempo “It’s Not Over”, y la emotiva “Home”, que Chris interpretó en solitario empuñando una acústica para completar una dupla extraída del material que formó parte de lo que fue su ópera prima homónima, que a finales del presente año conmemorará las dos décadas de su lanzamiento. El retorno de sus compañeros para volver a desplegar su abrumadora intensidad llegaría en forma de un nuevo guiño a su más reciente EP para dar buena cuenta de “Antidote”.

Mucho más inquietante e intimista resultó el arranque de “The Dam”, para posteriormente pasarnos por encima con la descomunal pegada de su sección rítmica junto a los desgarradores alaridos de Chris en un final absolutamente apoteósico mientras las columnas de humo se alzaban imponentes para finiquitar definitivamente el tema. Encarando ya lo que fue la recta final del show, el tatuado vocalista dejaría un mensaje de positivismo, alentándonos a buscar siempre la luz, antes de atacar una de sus composiciones más potentes y compactas: “Pieces”.

Una vez más, desprovisto de su guitarra, Chris se dirigía al personal para anunciarnos que había llegado el momento de dejarnos atrapar por “Heavy Is The Crown”, dejando que en esta ocasión fuera la guitarra de su socio Brian Craddock, -quien, por cierto, no se quitó sus gafas de sol en todo en show-, la que se encargará de llevar las riendas sonoras. Tras un amago de irse, la banda no tardaría en volver a tomar posiciones para rematar la velada de forma definitiva con “Artificial”, que arrancaba acompañada por las palmas del público para acabar de completar una actuación que sembró diversidad de opiniones entre los presentes. Mientras unos disfrutaron intensamente de la experiencia de Daughtry en vivo, otros nos quedamos con la sensación de que la banda, teniendo en cuenta su potencial, podría haber ofrecido unas mejores prestaciones.


No por ser conocido hay que obviar que para encontrar la génesis de Alter Bridge tenemos que remontarnos hasta mediados de la década de los noventa, ya que tres cuartas partes de su line-up, es decir todos menos Myles Kennedy, ya estaban juntos en Creed. Sin embargo, Alter Bridge nunca tiraron de la inercia que les habría podido proporcionar la banda que capitaneaba el frontman Scott Stapp, ya que siempre buscaron una identidad propia para este nuevo proyecto. Y sin duda esa personalidad la aportó Mr. Kennedy. Nombre imprescindible en la escena americana, Alter Bridge han apostado fuerte por el Viejo Continente y, por supuesto, nuestro país no ha sido una excepción. Así que con sus sucesivas visitas la banda ha conseguido fidelizar a unos seguidores que, una vez más, no dudaron en movilizarse para comprobar cómo iban a combinar en el repertorio algunas de sus “viejas favoritas” y varias composiciones de nuevo cuño que están llamadas a convertirse en clásicos.

Antes de empezar a desgranar lo que nos deparó la descarga del combo de Orlando, creo que sería bueno destacar que me sorprendió la sobriedad escénica que presentaron. En una posición preponderante se ubicó la batería de Scott Phillips postrada sobre una alta tarima. La parte trasera del escenario se convirtió en una enorme pantalla sobre la que se sucedieron diferentes proyecciones a lo largo del show. En esta ocasión, a diferencia de lo que sucediera en la descarga de Daughtry, no hubo columnas de humo, ni nada parecido. Sin embargo, lo que sí me gustaría destacar muy positivamente fue el juego de luces que llevaron, con predominancia de las tonalidades blancas, lo que nos permitió ver a la perfección a los músicos. Algo que habitualmente no suele ser normal, ya que cada vez son más las bandas que apuestan por tonalidades rojizas y verdosas que apenas nos dejar reconocer los rostros de los protagonistas.

Con la misma sencillez y sobriedad con la que saldrían al pequeño escenario de un bar, los miembros de Alter Bridge fueron apareciendo en escena, uno a uno, acompañados de la entusiasta acogida de sus seguidores. Para romper el hielo y dar el pistoletazo de salida a la velada el cuarteto apostó por confiar en la pegada de una de las nuevas: “Silent Divide”, que viendo la respuesta de las primeras filas constaba que el nuevo material ha calado hondo entre sus incondicionales. Tras despedir el tema de apertura con el puño en alto, la banda enlazaba con una de las que ya se ha convertido en absolutamente imprescindible en todas sus descargas “Addicted To Pain”, que con una colmena de pantallas proyectadas en la parte trasera del escenario y Tremonti exprimiendo al máximo las cuerdas de su guitarra se convertía en el primer gran momento de la noche.

Apabullantes, sólidos, certeros y sonando como un cañón, Alter Bridge en poco más de diez minutos habían conseguido enganchar al personal. Así que Myles, desprovisto ya de su chaqueta y ataviado con una camiseta blanca, se dirigía por primera vez al respetable para flanquearnos el paso hacia “Cry Of Achilles”, que arrancaba con el personal acompañando con palmas mientras el vocalista gesticulaba ostensiblemente al atacar las primeras estrofas para posteriormente hacernos alcanzar el éxtasis con la irrupción de su monumental estribillo. Tras dejar que el respetable coreara estruendosamente el nombre de la banda, el cuarteto apretaría los dientes, acelerando el paso para dar rienda suelta a su faceta más cañera y próxima a tesituras metaleras con la batería de Phillips y el bajo de Brian Marshall marcando rotundamente el paso para dar forma a la novedosa “Playing Aces”.

Impresionado por la efusiva respuesta del público, que fue parte protagonista de muchos de los temas que sonaron, Myles cruzaba los brazos y miraba al personal justo antes de iniciar el speech que precedió a “Fortress”, que se convirtió en uno de los momentos de la noche gracias a la solidez, la intensidad y los tintes épicos que aportaron las guitarras de Tremonti y el propio Kennedy mientras que las proyecciones traseras nos dejaban ver como la construcción que aparecía en la portada de su cuarta obra de estudio era completamente devastada. Para el siguiente tema, “Burn It Down”, fue Mark Tremonti quien se hizo cargo de las voces, mostrándose como un vocalista sólido y convincente mientras que Kennedy daba un paso atrás para hacerse cargo únicamente de la guitarra. El éxtasis y la perfecta sintonía entre el cuarteto y sus seguidores se prolongaría durante la melódica “Open Your Eyes”, que se erigiría en otro de los momentos de la noche, con el personal primero moviendo los brazos de lado a lado para posteriormente aunar las gargantas.

Con una banda totalmente enchufada y un público absolutamente “on fire”, fue Tremonti quien se encargó de solicitar nuestras palmas para acompañar el arranque de “Tested And Able”, en la que nuevamente el cuarteto hacía énfasis en sus postulados más duros, con Tremonti y Kennedy repartiéndose las líneas vocales, para acabar recabando la cerrada ovación del respetable. La encargada de marcar el contraste y el punto de calma a tanta potencia y mordiente roquera sería el arranque de la emotiva “Broken Wings”, para la que el frontman de Boston dejó momentáneamente su guitarra para pasearse por el filo del escenario mientras dirigía su micrófono a las primeras filas para que cantaran parte de su emotiva letra. Una vez más, la fiel parroquia de los americanos volvería a demostrar su entusiasmo y aprobación con el espectáculo que nos estaban ofreciendo al corear de forma insistente el nombre de la banda.

Las sonoridades acústicas se encargarían de impregnar el recinot, creando una ambientación especial, durante la emotiva y descorazonadora “Watch Over You”. Con los músicos vacilando al personal encarábamos la recta final del show, adentrándonos para ello en las reptantes melodías de la siempre efectiva “Silver Tongue”. El público volvería a reclamar su cuota de protagonismo al hacer suya la letra de “Rise Today”, que se zanjaba con un generoso reparto de púas. Mientras que para poner el punto y seguido a la descarga el cuarteto echó mano de uno de sus grandes hits “Metalingus”, que hacía enloquecer al público para poner la sala literalmente patas arriba.

Los bises se iniciaban con la banda mostrando su faceta más introspectiva e intimista al dar buena cuenta de “Blackbird”, con intercambio de solos en su parte intermedia y una interpretación brillante de un Kennedy que derrochó intensidad y feeling. Antes de la despedida definitiva, el cuarteto todavía tendría tiempo de hacer rugir intensamente al personal con el que hasta el momento ha sido su hit más laureado y exitoso: “Isolation”, que les servía para rubricar una descarga que, una vez más, volvió a convencer a sus adeptos. Parece que Alter Bridge hace tiempo que le pillaron la medida a los directos. Sus descargas hace giras que tienen una estructura similar, apostando por imprimir una dinámica implacable, derrochando intensidad y energía para hacer que sus presentaciones acaben haciéndose cortas para sus incondicionales. Y eso solo puede reflejar que los americanos son notablemente eficaces en su trabajo.




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