Siempre me ha parecido interesante la dicotomía existente entre muchos músicos y seguidores del metal. Por un lado, están los que buscan mantenerse fieles a unos cánones y postulados que en muchos casos resultan prácticamente inamovibles, buscando la “pureza estilística” y la autenticidad. Mientras que, en total contraposición, están los que buscan dar cabida y aunar diferentes inquietudes e influencias para crear un estilo propio, reconocible, de difícil clasificación y que, por consiguiente, puede llegar a un mayor número de seguidores. No creo que existan muchas dudas en torno a qué grupo de los anteriormente citados podemos adscribir a Lord Of The Lost, una banda que ha participado en el Festival de Eurovisión, pero que también podemos encontrar en el cartel de varios de los festivales más importantes del Viejo Continente.
Hace tan solo unos días, el combo de Hamburgo ponía en circulación su tercer largo en menos de un año, y el que a la postre sirve para finiquitar la trilogía “Opvs Noir”. En plena efervescencia, congregando cada vez a más seguidores en sus conciertos y avalados por las excelentes críticas recibidas, la banda retornaba a los escenarios catalanes para poner de manifiesto que probablemente estén viviendo su mejor momento desde que se dieran a conocer mayoritariamente con aquel “Blood & Glitter”, que les permitió representar a su país en el certamen eurovisivo de 2023. Sin embargo, el tiempo ha dejado aquella aparición en algo anecdótico dentro de una carrera que se ha consolidado y ha seguido una clara trayectoria ascendente gracias a la calidad de sus obras de estudio y a la pegada de unos directos verdaderamente convincentes. Para albergar su visita, los germanos escogieron la sala Salamandra, contando además con el apoyo de una formación que ha suscitado bastante expectación en los últimos tiempos y que, -por qué no decirlo-, ha estado también rodeada de polémica: Dogma, quienes aprovecharon para presentar en sociedad algunas de las mejores composiciones de su debut homónimo que vio la luz a finales de 2023.
Los terceros en discordia, los elegidos para abrir la descarga y completar el suculento “menú musical” de esta tarde/noche de miércoles, fueron League Of Distortion, una banda emergente dentro de la escena alemana que aprovechó la cita para presentar ante el público barcelonés una propuesta moderna, potente y melódica a partes iguales. Salieron a escena vestidos de riguroso negro y capitaneados por Anna Brunner, que desbordó carisma y simpatía para convertirse en el vínculo perfecto entre sus compañeros y unos seguidores que llegaron al recinto con muchas ganas de participar.
He de admitir que League Of Distortion me sorprendieron muy positivamente. Algunos amigos me habían hablado de ellos a raíz de su descarga en la última edición del Gineta Rock, y aunque pensaba que su propuesta giraría en torno a sonoridades más agresivas y viscerales, lo cierto es que su estilo potente, melódico y salpicado de pinceladas propias del metal contemporáneo me pareció de lo más variado y convincente. Fue el tema que presta título a su más reciente entrega discográfica, “Galvanize”, el que se encargó de romper el hielo, dejando claro que los alemanes llegaban a la cita con ganas de agradar y, sobre todo, de mover al personal. Sin embargo, eso no quita para que la banda se mostrara comprometida y crítica a partes iguales al abordar temas como “My Hate Will Go On” que, apoyado sobre un tempo muy marcado y confiando en la pegada de su pegadizo estribillo, propició que los más entusiastas se animaran a levantar los puños.
Aunque me parecieron una banda rodada y muy equilibrada a nivel escénico, lo cierto es que Anna fue quien acaparó la mayor parte de las miradas, y es que en temas como “My Enemy”, la frontwoman supo espolear al público para que se dejara arrastrar por su ritmo frenético y su dinamismo implacable. En cualquier caso, también hubo detalles de la descarga del combo germano que no me acabaron de convencer. Pese a la rotundidad y lo bien que sonó “Wolf Or Lamb”, que fue el primer guiño que se permitieron a su debut homónimo, me dio la sensación de que alargaron en exceso la parte en la que le tocaba al público entonar la melodía, lo que acabó frenando un poco el ritmo del show.
El momento más destacado de la descarga League Of Distortion llegaría al encarar la recta final del show con “Crucify Me”, que fue interpretado con el escenario prácticamente en penumbra, con Anna embutida en una sotana, encapuchada y portando dos luces rojas a modo de ojos, concediendo a su puesta en escena un clima de lo más misterioso e intrigante. El asalto final para este primer acto de la velada llegaría con una nueva ración de estribillos melódicos y altamente coreables, los contenidos en “L.O.D.”.
Es algo cíclico y hasta saludable. Cada cierto tiempo aparece una banda que de alguna forma sacude la escena metalera, llamando la atención tanto de los medios especializados como del público, para acabar convirtiéndose en la sensación del momento. En muchas ocasiones, la banda en cuestión acaba arraigando en la escena internacional. Sin embargo, también hay casos en los que su notoriedad y relevancia acaba siendo efímera. El tiempo dirá en qué categoría debemos colocar a Dogma. Aunque un servidor, que ya ha tenido ocasión de ver a “las monjas” en un par de ocasiones, cree que están más cerca de ser un “producto de la industria musical", que una banda real con un plan de futuro.
No obstante, he de reconocer que mi opinión no la comparte gran parte del público, ya que, pese a la incertidumbre que propiciaron los cambios de personal a finales del pasado año, Dogma siguen despertando bastante expectación. Por supuesto, su imagen impactante, con todas sus integrantes ataviadas con atrevidos y escotados hábitos de monja, junto a sus provocativos movimientos escénicos, fueron claves para que el público no quisiera perderse el más mínimo detalle de su presentación.
Si nos centramos única y exclusivamente en el aspecto musical, podríamos englobar la propuesta de Dogma dentro de un heavy metal clásico, de tintes oscuros, y plagado de guiños e influencias propias del hard rock ochentero. Con el escenario engalanado con un telón de fondo con el nombre de la banda, la congregación de monjas irrumpía en escena para dar por inaugurado su particular ritual con “Forbidden Zone”. Entre la euforia de los que ya las conocían y la sorpresa de los “primerizos”, Dogma empezaron a contornearse mientras nos deleitaban, especialmente su bajista Nixe, con su amplio catálogo de muecas y posturas ideales para ser inmortalizadas por los teléfonos de los presentes.
Tenía mucha curiosidad por comprobar qué tal se habían adaptado y qué habían aportado las nuevas incorporaciones de la banda. Personalmente, he de reconocer que esta nueva encarnación de Lilith no acabó de convencerme, ni a nivel vocal ni como frontwoman. Algo más satisfecho me dejó la labor de su nuevo tándem de “hachas”, que se mostraron como un equipo compacto y cumplidor, especialmente a la hora de compartir protagonismo en temas como “My First Peak” y “Made Her Mine”, que arrancaba con ambas doblando sus guitarras mientras el público parecía animarse tras un arranque algo frío que estuvo marcado por un sonido bastante irregular.
Aunque, como era previsible, el repertorio de esta noche estuvo centrado en las composiciones de “Dogma”, la banda no quiso dejar pasar la ocasión de ofrecernos una pequeña muestra de lo que han estado haciendo en los últimos meses, con lo que no quisieron dejarse en el tintero “Fate Unblinds”. No tardaría en llegar uno de los momentos álgidos de su presentación, ya que fue durante “Carnal Liberation”, cuando el público reclamó su cuota de protagonismo a la hora de acompañar su pegadizo estribillo. El ambiente no decaería gracias a su particular adaptación del clásico de “La Ambición Rubia”, “Like A Prayer”, que fue el momento en el que más celulares se alzaron para grabar a las chicas.
Durante la descarga resultó evidente que Dogma llevaban varias pistas disparadas, incluso alguna de voz para reforzar la interpretación de Lilith, algo que notamos especialmente en la lacónica “Father I Have Sinned”. La inevitable despedida, pese a los gritos de disconformidad de las primeras filas, llegaría en forma de “Pleasure From Pain”, en la que “las chicas” aprovecharon para regalarnos otra de sus habituales coreografías, en esta ocasión enmarcada dentro de un ritmo netamente hard rockero. Aunque la descarga de Dogma no acabó de convencerme, ya que aprecié a una banda algo falta de rodaje, me dio la sensación de que esta no fue la opinión generalizada entre los presentes, puesto que Dogma fueron despedidas con una cerrada ovación y tras su descarga pude escuchar varios comentarios positivos en torno al espectáculo que acababan de ofrecer.
A vueltas con el recurrente asunto del futuro y sobre quiénes están llamados a recoger el testigo de las grandes bandas cuando estas decidan, o se vean obligadas, a colgar los instrumentos, resulta realmente difícil llegar a un consenso. Por supuesto que depende mucho de gustos personales y de los constantes cambios de un mercado que resulta mucho más volátil e inestable que décadas atrás. Sin embargo, creo que todos tenemos claro que existe un reducido elenco de bandas que están marcando el camino que debe seguir el metal en los próximos años. Aunque para muchos Lord Of The Lost no deberían ser tomados excesivamente en serio por su “pasado eurovisivo”, creo que la banda ha dejado ya muy atrás ese capítulo de su carrera. Por supuesto que siguen explotando y sacando rédito de “Blood & Glitter”, sería de necios no hacerlo, pero han demostrado sobradamente que tienen mucho más que ofrecer y aportar. Y por si alguien albergaba alguna duda, los germanos han tenido los arrestos de publicar en menos de un año 33 temas, dando así forma a la trilogía “Opvs Noir”.
Lo primero que me gustaría destacar antes de comenzar a hablar de lo que fue su descarga es lo variopinto que fue el público que se congregó en la que, prácticamente, es su casa en tierras catalanas: la sala Salamandra. Entre los presentes, pudimos ver compartir espacio a gente del rock, del metal, de las sonoridades gothic, e incluso a un público tan poco habitual en citas de este tipo de música como es el eurovisivo. Siendo de los que cayó rendido con su descarga en la última edición del Leyendas Del Rock, he de admitir que tenía mucha curiosidad por comprobar cómo plantearían el show dentro de la intimidad de un club y ante sus seguidores. Sí, por supuesto, el montaje y el escenario no fueron tan grandes ni majestuosos. No obstante, la banda, con tan solo un telón, unos leds verticales, un cuidado juego de luces y sus llamativos ropajes, -en los que por supuesto predominó el negro-, supo crear un ambiente de lo más propicio tanto para su música como para su espectáculo.
Evidentemente, los germanos son una de esas bandas que logra que sus conciertos sean algo más que una mera sucesión de composiciones. Ellos saben cómo crear una atmósfera especial, concediendo a cada tema que interpretan una identidad propia, que está perfectamente estudiada a la hora de dar forma y dinámica a sus presentaciones. Para ello resulta fundamental la polivalencia de sus miembros, ya que, dejando a un lado al batería Niklas Kahl y a su más reciente incorporación, el bajista Jen Majura, el resto de miembros asumió varias funciones aparte de su labor principal. Chris Harms, además de ejercer como vocalista e indiscutible frontman, también empuñó la guitarra en más de un tema. Benjamin Mundigler alternó guitarras y teclados. Su socio a las seis cuerdas, Pi Stoffers, tuvo un papel más que destacado a la hora de dar la réplica con sus registros rasgados a Chris. Mientras que posicionado en la segunda línea de fuego estuvo el teclista Gerrit Heinemann, quien a lo largo del show se convirtió en un refuerzo percusivo, aporreando su pequeño kit para potenciar la labor de Niklas.
Dando cancha a sus composiciones más recientes, queriendo dejar patente su ciega confianza en el presente, Lord Of The Lost irrumpía en escena para espetarnos un rotundo y demoledor “Kill The Lights”. Rápidamente pudimos apreciar la desbordante energía que emanaba del escenario y ese magnetismo especial que irradió un Chris que no tardó en adueñarse del local. Le vimos recorrer las primeras filas con la mirada mientras abría los brazos en jarra para absorber el cariño y el incondicional apoyo de sus seguidores. “My Funeral” sonó tan oscura y seductora como lo hace en “Opvs Noir. 3”, aunque sumando un plus de dramatismo gracias a la rotunda intensidad que desplegaron en esas atenazantes melodías que nos condujeron hasta un catártico final con el escenario tiznado con luces de tonalidades rosáceas.
Pese a recabar la entusiasta aprobación del respetable en forma de cerrada ovación, Lord Of The Lost no detuvieron su implacable ímpetu inicial. Así que, sin apenas darnos ocasión de recobrar el aliento tras una demoledora primera toma de contacto, tocaba ponernos a dar palmas para convertir el recinto en una auténtica fiesta durante “Damage”, que, tras el intercambio vocal entre Chris y Pi, nos dejaba al público entonando su rotunda melodía. Ahora sí, había llegado el momento de los saludos. Chris se mostró contento y entusiasmado con volver a estar en Salamandra frente a su cada vez más numerosa parroquia de devotos incondicionales. Aprovechando el speech, el frontman se colgó por primera vez la guitarra para dar más consistencia a las ambientales y gélidas melodías que dieron forma a “Prison”.
No fue una sorpresa. A lo largo de las casi dos horas que Lord Of The Lost estuvieron sobre el escenario, tuvimos ocasión de disfrutar de las diversas aristas de su camaleónica y ecléctica propuesta. Lo que podríamos denominar como primera incursión en derroteros próximos a los parámetros del metal industrial, -con Gerrit sumándose a la percusión-, aunque con un marcado regusto a las sonoridades new wave, llegaría de manos de “Forever Lost”. Tras unos instantes en los que el escenario quedó sumido en la más absoluta penumbra, unas fulgurantes luces rojas se encargaban de hacer crecer la expectación durante los instantes previos al desembarque de la apabullante “Drag Me To Hell”.
Para mí fue una de las sorpresas de la noche. “I Hate People” suena como un cañón en su versión de estudio: implacable, directo y con un estribillo tan rotundo como abrumador. Y aunque esta noche conservó su marcada identidad, me dio la sensación de que sonó algo diferente, mucho más orgánica y algo menos mecánica. Además, ese final con Chris entonando el estribillo y el título del tema para acabar apostillando: “But I Love You”, me pareció absolutamente brutal. Resultaba evidente que a estas alturas de la velada los germanos habían ya conquistado a sus seguidores; los tenían comiendo de la palma de su mano. Así que era un excelente momento para dar continuidad a su particular fiesta, dándonos argumentos para menear el esqueleto siguiendo el contagioso ritmo de “Blood For Blood”.
Nuevamente, los ritmos percusivos, -en esta ocasión con incluso algún matiz étnico-, volverían a reclamar su cuota de protagonismo durante los compases iniciales de la demoledora e implacable “Priest”. Personalmente, fue uno de los temas que más disfruté de esta primera mitad del show, combinando su apabullante y envolvente torbellino melódico con la pegada de su hímnico estribillo y su implacable dinámica. Indudablemente, tras semejante alarde de potencia e intensidad, iba a ser muy difícil mantener el nivel. Así que la banda, acertadamente, optó por cambiar radicalmente de registro y nos invitó a adentrarnos en los derroteros más emotivos que nos brindaron a lo largo de “In The Field Of Blood”, que se cerraba de forma brillante con todos los miembros del combo alemán realizando unas cuidadas armonías vocales que desataron los enfervorizados cánticos futboleros del respetable.
Esa conexión con un público que se mostró totalmente entregado acabó provocando que Chris lanzara al público un peluche justo antes de sumergirnos de lleno en las tétricas ambientaciones que protagonizaron “I’ll Sleep When You’re Dead", que servía para que Benjamin asumiera su cuota de protagonismo como guitarrista mientras Chris se perdía momentáneamente entre bambalinas. Como todo buen show que se precie, el de esta noche tuvo su anécdota. Sucedió cuando la banda se vio forzada a “abortar” “On This Rock I Will Build My Church”. Así que, tras vacilar entre los propios músicos, la banda nos tomaría de la mano para guiarnos a través de los gélidos desarrollos instrumentales que sirvieron para dar forma a esa cadencia rotunda y por momentos casi marcial.
Con Chris todavía portando la guitarra, tocaba cambiar diamentralmente de registro para propulsarnos sobre las sonoridades más evocadoras y cósmicas de “In Darkness, In Light”, haciendo que los omnipresentes teclados volvieran a dejar patente su incontestable tiranía junto a su repetitiva e hipnótica letra. Tras habernos presentado a toda la banda —el turno de Gerrit Heinemann llegaría algo después, al transitar el ecuador del tema—, recibíamos la invitación para que todos cantáramos unidos la imprescindible “Loreley”, que fue la elegida para que Chris bajara hasta el foso e incluso acabara encaramándose a la valla que separaba a banda y público.
Pese a que durante el show Lord Of The Lost dejaron patente que ante todo son un colectivo sólido y perfectamente engranado, su capitán general, Chris Harns, se reivindicó en todo momento como un gran frontman. Pero si alguien albergaba alguna duda sobre su calidad como vocalista, quedaron rápidamente zanjadas con la brillante interpretación que se marcó durante “Winter´s Dying Heart”, clavando primero las rodillas en el suelo para posteriormente zanjar el tema encaramado sobre una pequeña tarima mientras alzaba los brazos al aire. Evidentemente, y más teniendo en cuenta que esta era su tercera visita a este mismo recinto, Chris no quiso dejar pasar la ocasión de agradecer el apoyo de sus seguidores y de dar la bienvenida a los “debutantes” antes de encarar una recta final que estuvo marcada por la melosa “I Will Die In It".
Un manto de oscuro romanticismo desplegaría la banda durante los compases iniciales de "The Things We Do For Love”, llevándonos en volandas hasta su majestuoso estribillo para posteriormente dejar paso a unos trepidantes cambios de ritmo. Los tempos más enérgicos y de cariz discotequero se apoderarían del recinto durante “Doomsday Disco”, provocando que danzáramos de forma más enérgica y desenfadada. Aunque no fue generalizado, -como ya he comentado, el público asistente era de lo más variado y heterogéneo-; muchos fueron los que recibieron con algarabía el tema que les proporcionó fama internacional y que de alguna forma les dio a conocer ante el gran público: “Blood & Glitter”.
Fue otro de los momentos de la noche. Para “Please Don’t Break The Silence”, el combo germano invitaría a subirse al escenario a la vocalista de League Of Distortion, Anna Brunner, para conformar un vibrante dueto que combinó su registro marcado de tintes rockeros con la profunda tonalidad de Chris. No titubearon a la hora de anunciarnos que no abandonarían el escenario para luego regresar. No habría bises como tal. Así que advertidos de que el show estaba encarando su tramo final, tocaba demostrar su dominio,- y el nuestro también-, del finlandés durante su particular adaptación del “Cha cha cha” de Käärijä. La rúbrica definitiva para su descarga, el broche definitivo a sus dos horas de música intensa y poderosa, llegaría de manos de la hipnótica y coreable “Light Can Only Shine In The Darkness”, toda una declaración de intenciones que, a modo de alegato final, se encargaba de cerrar la velada por todo lo alto, dejándonos con un excelente sabor de boca.




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