Como respaldo para este periplo que está recorriendo el viejo continente, Infected Rain están contando con el respaldo de otra banda que también ha trabajado intensamente en vivo en los últimos tiempos: los americanos Butcher Babies. Mientras que para completar una tripleta rotunda y absolutamente letal contaríamos con la presencia del quinteto lituano Black Spikes. El marco escogido para esta nueva incursión en tierras catalanas fue la sala Salamandra, en donde unas trescientas personas, algo más de media entrada, se dieron cita para disfrutar y vibrar intensamente con sus explosivas descargas.
Eran los elegidos para dar el pistoletazo de salida a la velada, y lo cierto es que salieron con la clara consigna de hacerse notar, de reclamar su merecida cuota de protagonismo, dejando claro que no llegaban a la cita como unos meros comparsas. Representantes de los postulados vanguardistas dentro de la actual escena metal, Black Spikes salieron a un escenario engalanado con la proyección de su nombre y contando con un vistoso juego de luces, algo totalmente inesperado si tenemos en cuenta que el combo de Vilnius era el elegido para abrir fuego en esta tarde/noche de sábado. En cualquier caso, lo que sí me pareció algo mejorable fue su sonido, especialmente en el apartado vocal, ya que el micrófono de su frontwoman, Agnieska Vrubliauskiene, tuvo demasiado reverb.
No obstante, donde no se puede poner ningún tipo de pega es en la actitud y la entrega de una banda que lo dio todo sobre las tablas desde que irrumpieron en escena con “Hipnozë”. Desde el mismo arranque pudimos apreciar su decidida apuesta a la hora de combinar contundencia sonora y la versatilidad de una vocalista que alternó registros limpios, algunas pinceladas líricas y rugidos agresivos y desgarradores para cincelar trallazos del calibre de "All Is Taken”. Fue precisamente en este segundo tema cuando irrumpió en escena el sexto miembro de la banda, una chica que fue apareciendo en diferentes momentos para ofrecernos unas coreografías que sirvieron para potenciar las sensaciones que la banda buscaba transmitir con su música.
Como comenté anteriormente, Black Spikes dejaron clara su inclinación por la vanguardia y la innovación, con lo que a lo largo de su descarga no faltaron las bases de ritmo electrónicas y los ritmos bailables en el arranque de “Kitas Tu”, para posteriormente dejar espacio para una sucesión de riffs aplastantes y demoledores. Los rotundos contrastes sonoros serían otra de las constantes durante la descarga del combo lituano, con lo que no faltaron los aromas arabescos contenidos en “Sapnai”, que nos dejaba la angustiosa estampa de la bailarina danzando atrapada dentro de un lienzo blanco. Mucho más introspectivo resultó el arranque de “Jausmus išrašyt”, que contó con unos sutiles apoyos disparados en forma de segundas voces, teclados y arreglos de cuerdas.
Precedida de la aparición de la bailarina, -que irrumpió en escena agitando una cinta de gimnasia rítmica-, arrancaba “Uzkalbėjimai”, para dejar que posteriormente ambos guitarristas se apoderaran del centro del escenario mientras Angieska, desde la parte trasera, nos incitaba a que acompañáramos el desarrollo del tema con palmas. Precisamente sería la vocalista la que inició junto a unas bases pregrabadas “Ar Tiki?”, mientras sus compañeros permanecían formados tras de ella antes de sumarse para rematar el corte por todo lo alto.
Los cambios de ambientación y la dinámica variable de “Imperatorë” servirían para que la banda diera rienda suelta a algunas de sus variopintas influencias, convirtiendo la parte final del show en una montaña rusa de emociones. La elegida para rubricar una descarga que denotó que la banda trabaja duramente tanto a nivel musical como de puesta en escena fue “AUREA”, tras la que se marcharon dejándonos la sensación de que habían sabido sacar el máximo partido al tiempo que estuvieron sobre el escenario.
Unos viejos conocidos, una banda asidua a nuestros escenarios, como son Butcher Babies, fueron los encargados de recoger el testigo y seguir dando argumentos a un personal cada vez más numeroso y animado para que la fiesta no decayera ni por un instante. Muchas han sido las ocasiones en las que un servidor ha tenido oportunidad de ver en directo a la formación americana, ya fuera cuando estaban capitaneadas por la dupla vocal que conformaban Carla Harvey y Heidi Shepherd, o en esta última etapa en la que la segunda se ha quedado al frente del combo de L.A. En cualquier caso, y aunque puede parecer hasta impopular, la verdad es que prefiero la encarnación actual de Butcher Babies. En el pasado, el peso de la banda y la atención del público recaían, única y exclusivamente, sobre ambas frontwomen. Sin embargo, ahora todo parece mucho más equilibrado. Evidentemente, Heidi es el foco principal, pero el resto de sus compañeros no paran de moverse, saltar y hacer headbanging, y eso es algo que otorgó un empuje extra a una banda que supo conectar y mover al público desde el mismo arranque.
Su puesta en escena fue sobria, contando con el nombre de la banda proyectado en la parte trasera del escenario y unas luces verticales que, junto al juego de luces, sirvieron para ambientar su espectáculo. Los americanos confiaron toda su suerte a la pegada y la intensidad de un material absolutamente arrollador y que ya ha demostrado su valía y su capacidad para enganchar al público en giras anteriores. No hubo sorpresas, salieron a por todas, con las pilas bien cargadas y liderados por un Heidi que se mostró absolutamente intratable, como frontwoman y como vocalista, agitando su larga cabellera rubia y dando patadas al aire mientras iba calentando motores de cara a lo que estaba por llegar con un latigazo certero e incontestable como “Backstreets Of Tennessee”. En esta ocasión, el cuarteto no traía un nuevo largo que presentar, así que el grueso de su repertorio estuvo centrado en las composiciones de “Eye For An Eye.../…´Til The World’s Blind”(2023), con lo que no faltaron durante los compases iniciales del show zarpazos de rabia incontrolada e incendiaria como “Red Thunder”, que servía para que unas altísimas columnas de humo hicieran su primera aparición de la noche.
Con las presentaciones hechas, aunque tampoco creo que fueran necesarias, y con el ambiente ya bastante caldeado, especialmente entre las primeras filas, llegaba el momento de presentarnos el primer gran clásico de la noche: “Monsters Ball”, que propulsado por su ritmo alocado y de esencias circenses, ponía la sala patas arriba. No levantarían el pie del acelerador, ya que, tras unos segundos en los que sonaron unos compases de música electrónica, a modo de introducción, llegaba el momento de enfrentarse al siguiente asalto de la noche: “Sincerity”, que servía para que Heidi nos mostrara su diferente paleta de registros mientras sus compañeros se agitaban como fieras fuera de control.
Varios fueron los momentos en los que podría decirse que Butcher Babies tiraron de galones, dejando patente que son una banda que nos ha visitado de forma asidua, consiguiendo establecer un vínculo verdaderamente especial con sus seguidores. De modo que la prueba palpable de esa conexión pudimos apreciarla al comprobar la explosiva reacción del personal cuando empezó a sonar la intro discotequera que nos anunciaba la inminente llegada de otra de las que se ha convertido en imprescindible en todas sus descargas: “Beaver Cage”.
No creo que hiciera falta proclamarlo por todo lo alto. Sin embargo, por si alguien todavía no se había enterado, tras mirar su “reloj”, Heidi nos anunciaba que había llegado el momento de abandonarnos al ritmo frenético, y por momentos casi marcial, de la imbatible y altamente coreable “It’s Killing Time, Baby!”. A estas alturas de la velada, la euforia se había desatado entre unas primeras filas que reaccionaban ante cada proposición de la vocalista, ya fuera a la hora de saltar, de levantar los puños o de corear alguno de sus rotundos estribillos. Así que el particular paseo militar del combo angelino prosiguió con la camaleónica “Sleeping With The Enemy”, que alternaba partes fulgurantes y desarrollos más intensos y de cariz melódico.
Mucho más densas y opresivas se tornarían las ambientaciones al embarcarnos en “Lost In Your Touch”, que fue uno de los temas en los que resultó evidente que la vocalista llevaba disparadas alguna pistas de apoyo vocal. No tardarían mucho en recuperar su vertiente más rotunda, amenazante y agresiva al dar buena cuenta de una de sus nuevas composiciones, “Black Dove”, que volvía a poner al público en movimiento mientras las columnas de humo se alzaban en la parte frontal a la vez que los músicos volvían a recuperar su implacable dinamismo escénico. Pero sin duda sí hubo un tema que sonó directo, brutal y aniquilador; ese fue “Spittin´ Teeth”, que nos dejaba con la estampa de Heidi abriendo un pit frente al escenario para posteriormente bajarse a la pista y dejar que el personal corriera en círculos a su alrededor mientras no dejaba de cantar.
Al tiempo que la vocalista recorría la sala para retomar su posición, llegó el momento del solo de Dave Nickles, que incluyó un celebrado guiño al clásico de Korn: “Blind”. Hasta este momento el ritmo del show había sido frenético, pero fue en este tramo final cuando creo que la banda se dejó ir en demasía. Primero, Heidi se alargó en exceso durante la emotiva presentación de “Last December”. Además, la ambientación más relajada del tema tampoco acabó de cuadrar con lo que había sido el show hasta ese instante. Así que todo unido hizo que algunos nos desconectáramos un poco. Sin embargo, Butcher Babies supieron remontar y, para cerrar su descarga por todo lo alto, rebosando nuevamente entrega e intensidad, optaron por la ya imprescindible “Magnolia Blvd”.
Para los que ya habíamos tenido ocasión de disfrutar del show de los americanos con anterioridad, Butcher Babies cumplieron realizando una buena descarga, muy similar a la de sus últimas visitas. Aunque vuelvo a insistir, no me gustó esa larga charla y la interpretación de “su balada” justo antes de encarar la recta final del show.
Pese a lo ecléctico y variopinto de una propuesta que auna riffs seminales, bases de ritmo frenéticas, voces guturales y arreglos de corte electrónico, resulta totalmente incuestionable que el hábitat natural de Infected Rain es el directo. Su fama les precede, ya que incluso antes de publicar algo de material de forma oficial, el nombre de la banda ya se incluía en el cartel de diferentes festivales en el viejo continente. Quizás por ello no sorprende que la banda cuide tanto su puesta en escena, apostando por incluir tres pantallas, -una grande presidiendo el escenario y sendas laterales, algo más pequeñas-, sobre las que se fueron proyectando diferentes imágenes que ayudaron a crear una atmósfera especial durante algunos de los momentos más vibrantes de su presentación. En cuanto a lo que fue el sonido, los moldavos disfrutaron del más potente y nítido de toda la velada, lo que les permitió desplegar todo su potencial. Mención especial merece el concurso de su frontwoman Lena Scissorhands, quien, además de ejercer como perfecta maestra de ceremonias, hizo gala de un magnetismo verdaderamente especial.
Precedidos de una inquietante e impactante introducción y agasajados por las muestras de apoyo de un personal de lo más eufórico e implicado que les acogió con los brazos abiertos, Infected Rain aparecían para tomar el escenario al asalto mientras atacaban “The Answer Is You”. Desde el mismo arranque se pudo comprobar que la conexión entre la banda y sus seguidores iba a ser importante, ya que ya durante el tema inicial Lena se encargó de dividir a un personal que no dejó de agitarse mientras la vocalista movía incansablemente sus larguísimos tirabuzones. Tras el impacto inicial, las pantallas nos proporcionaron un marco de lo más luminoso y sideral para acompañar “Dying Light”, que se abría paso con los riffs rotundos y certeros de un Vadim Ojog que no paró en ningún momento de saltar mientras castigaba incansablemente su guitarra. Bastante más comedida, aunque altamente efectiva, se mostró Alice Lane, quien con su bajo sin clavijero fue la perfecta “pareja de baile” del batería Eugen Voluta.
Tras los obligados saludos, en los que Lena nos mostró sus avances con nuestro idioma, llegaba el momento de las presentaciones para, acto seguido, invitarnos a que levantáramos los puños para jalear la llegada de “Fighter”. Con el respaldo de unas altísimas columnas de humo, el tema se convertiría en uno de los puntos culminantes del arranque del show, con el cuarteto mostrando su vertiente más salvaje y agresiva. Uniendo esfuerzos, creando una conexión especial con sus seguidores, Infected Rain buscaron en todo momento implicar a sus seguidores en su espectáculo, tratando de que nos sintiéramos un miembro más de la banda. De modo que Lena volvería a demandar nuestra participación durante la atenazante “Orphan Soul”, que a la postre fue el único y solitario recuerdo que se permitieron al material contenido en “86”.
Los saltos, los cabeceos de los músicos y el tumulto frente al escenario no se detendrían durante un zarpazo certero y letal como fue “Black Gold”, que nos dejaba a una Lena titánica, estirando al máximo sus rugidos mientras recorría el escenario con pose altiva y desafiante, alzando los puños al aire cada vez que aparecían las columnas de humo. La propia vocalista se erigiría como portavoz de sus compañeros para agradecernos el apoyo y la entrega durante el speech que precedió a “Stranger”, que les servía para adentrarse en tesituras más melódicas, aunque sin perder en ningún momento ese filo agresivo y trepanador.
La sorpresa de la noche llegaría cuando Lena nos anunció que para el siguiente tema, “The Realm Of Chaos”, se les uniría la vocalista de Butcher Babies, Heidi Schepherd, dándonos la oportunidad de disfrutar de cómo ambas compartían las líneas vocales en lo que sin duda fue uno de los momentos más intensos y memorables del show. Tras el subidón, tocaba regalarnos un dulce caramelo en forma de nuevo tema “Ut Supra”, que, enmarcado entre diferentes arreglos de corte electrónico, sirvió para establecer el perfecto equilibrio entre contundencia y melodía. Las ambientaciones más envolventes, sugerentes y hasta hipnóticas llegarían de manos de “Pandemonium”, dejándonos con la estampa de Lena interpretando el tema desde un lateral del escenario mientras sus compañeros se adueñaban de la parte central para acabar recabando la cerrada ovación de unos seguidores que a estas alturas del show habían caído ya rendidos a sus pies. Con la vocalista sola en escena, cantando sobre una base electrónica disparada, arrancaba la tortuosa “Never To Return”, que nos invitaba a transitar a través de su particular montaña rusa emocional para poner el punto y seguido al show.
No se hicieron de rogar demasiado. Tras apenas un par de minutos en los que el escenario quedó desierto, los músicos regresaron para rematar su descarga con “Because I Let You”, que llegó acompañada de la proyección de unas grandes llamaradas. Mientras que el broche definitivo para una descarga intachable, aunque un poco corta, corrió por cuenta de “Judgemental Trap”. Es ley de vida; cada generación tiene sus propios héroes musicales. Infected Rain están trabajando dura e intensamente para convertirse en uno de esos referentes que tienen que servir para aproximar la música metal a las nuevas generaciones, y sinceramente creo que están en el buen camino.





No hay comentarios:
Publicar un comentario