Desafortunadamente, desde los inicios de la civilización, los conflictos bélicos han sido una constante de la que el ser humano no ha sabido desprenderse. A lo largo de la historia han servido como inspiración para artistas de diferentes disciplinas. Y, por supuesto, la música no iba a dar una excepción. Con la situación geopolítica bastante caldeada, con diferentes contiendas en marcha, la sala Upload de la Ciudad Condal acogía la descarga de 1914. El combo ucraniano, que procede de una de esas zonas calientes, llegaba a la cita dispuesto a ofrecernos una trepidante e intensa sesión musical, con una selección de composiciones que, al igual que el resto de su discografía, giran en torno a la “Gran Guerra”, amén de denunciar la actual situación que vive su país desde hace ya más de cuatro años.
Para acompañarles por este periplo por el Viejo Continente, la formación de Lviv está contando con el apoyo de Katla. El trío danés aprovechó su oportunidad para darse a conocer frente al público barcelonés. Para ello desplegaron una propuesta musical de lo más personal, en la que las tesituras propias del heavy/doom se dieron la mano con la aplastante tenacidad del sludge y la abrumadora dinámica de algunos pasajes más marchosos y enérgicos, tal y como han dejado plasmado en lo que hasta el momento ha sido su único largo de estudio: “Scandinavian Pain”.
Poco importó que la cita estuviera programada para la jornada de un martes laborable, ya que la sala Upload presentó un aspecto bastante animado. He de reconocer que me sorprendió muy gratamente la expectación que había suscitado la presencia de Katla. Y lo cierto es que, tras presenciar la descarga del combo danés, no me extraña lo más mínimo. Confiando en la pegada de una alineación clásica de trío, con el batería Rasmus Bang, ejerciendo también como vocalista e indiscutible frontman, Katla se encargaron de amenizarnos la espera con una sucesión de riffs pétreos y rocosos, que denotaban su devoción por las raíces clásicas del doom, albergando en su sonido influencias de bandas míticas como Pentagram. Ásperos, rudos y dispuestos a destrozarnos las cervicales, la banda no dudó en asolarnos con la apabullante rotundidad que desplegaron en piezas de dinámica aplastante y densas melodías como “Warcries” o la más marchosa “Dead Lover”, para la que contaron con la colaboración del guitarrista de 1914, Oleksiy Fisyuk.
Sin embargo, distanciándose radicalmente de las ambientaciones más oscuras y opresivas, el trío también tendría ocasión de mostrar ante el público barcelonés su faceta más festiva y, por qué no decirlo, desenfadada al atacar “Black Echo”, que, según nos comentó el propio Rasmus en su presentación, trata sobre conducir a toda velocidad, beber cerveza y, en definitiva, divertirse. Mucho más densa, oscura y farragosa resultó la descomunal y aplastante “Grim Jesus”, para la que nuevamente el bajista Theis Roed Stenberg se encargaría de dar la réplica vocal a Rasmus.
Para encarar la recta final del show, el guitarrista Marc Christensen se desprendió de su camiseta dejando visible su tatuadísimo torso, al igual que el de su compañero Rasmus. Así que con la banda a pecho descubierto encarábamos el tramo final de su descarga con los rotundos cambios de dinámica e intensidad que nos propusieron a lo largo de “Taurus”. Antes de abandonar el escenario, el trío danés todavía tendría ocasión de invitarnos a regresar la próxima vez que toquen por aquí antes de liquidar sus cuarenta minutos de show con la implacable “Dragonlord”, que llegaba precedida de la invocación a la hermandad metalera.
Resumiendo, la descarga de Katla resultó una agradable sorpresa para quienes todavía no les conocían. Los daneses se mostraron como una banda sólida, rotunda y perfectamente engrasada, capaz de combinar la oscura crudeza de sus riffs densos y de esencias doom y el implacable dinamismo del death metal de esencia clásica.
Cada banda tiene su propia concepción de cómo debe ser su show. Sobre qué partes es conveniente potenciar para llegar a impactar a sus seguidores. Quizá lo más habitual es confiar en la pegada que posee cada una de las composiciones que son interpretadas en directo. Sin embargo, en algunos casos, hay formaciones que apuestan por un concepto más global, en el que tal vez no es tan importante el tema que está sonando en cada momento, sino las sensaciones que los músicos quieren transmitir y las propias ambientaciones que son capaces de crear sobre el escenario para atrapar al espectador.
Teniendo en cuenta la temática y el concepto en torno al que ha girado 1914 desde que iniciaran su andadura allá por 2014, resulta obvio que el combo ucraniano busca una aproximación más amplia a su propuesta que centrarse únicamente en el aspecto musical. La temática, la indumentaria e incluso las proyecciones que se fueron sucediendo a lo largo de su descarga intentan transportarnos a otro lugar —las trincheras del campo de batalla— y a otra época —inicios del siglo pasado—. Su puesta en escena oscura, sombría y sin conceder excesivo protagonismo a ninguno de sus miembros sirve también para resaltar su apuesta por el colectivo, casi como si fueran un escuadrón de asalto en el que todos y cada uno de sus miembros resultan imprescindibles para que la misión acabe llegando a buen puerto.
Mención especial en toda esta puesta en escena merecen las vestimentas de época que llevan sus componentes y los movimientos marciales, paseos incluidos con los brazos tras la espalda, de su frontman, Dmytro Ternushchak, que fue el único que recabó algo de atención sobre su figura. Y no porque se encargara de presentar los temas, cosa que no hizo explícitamente, sino por las diferentes charlas en las que nos recordó las penumbras que están viviendo sus compatriotas con el conflicto bélico que los enfrenta en los últimos tiempos con Rusia. No faltaron, pues, los agradecimientos por todo el apoyo que se les está brindando, ni tampoco, por supuesto, el envenenado recuerdo a Vladímir Putin. Sin embargo, donde no creo que estuviera especialmente acertado —y sin querer entrar en ningún tipo de polémica, simplemente manifestando una opinión personal— fue durante lo que fue el primer speech de la noche. Muchos fueron los que no compartieron su reflexión de que éramos un pueblo afortunado por haber conseguido esquivar la Primera y la Segunda Guerra Mundial. Es más, alguien desde el público le recordó que nosotros habíamos padecido la Guerra Civil.
Pero obviando este momento extramusical, lo cierto es que el combo ucraniano llegó a la cita con la consigna clara de tomar al asalto la sala Upload y asediar a todos los presentes con su implacable bombardeo de riffs abrasivos e impenetrables. Uno a otro y de forma parsimoniosa, los miembros de la banda fueron apareciendo en escena mientras sonaba la introducción “War In (The Beginning Of The Fall)”, para ocupar sus respectivas posiciones acompañados de la calurosa salva de entusiastas aplausos, a modo de bienvenida, que les tributó la audiencia barcelonesa. El último en aparecer portando en la mano la bandera de su país fue Dmytro Ternushchak, y desde que ocupó su lugar, justo en la parte central del escenario, el asedio del quinteto fue absolutamente implacable.
Arrancaron poniendo toda la carne en el asador, dejando claro que llegaban dispuestos a arrasar con todo a su paso y, por supuesto, a no hacer prisioneros. La descarga del escuadrón ucraniano se abría con las ambientaciones lúgubres, rotundas y seminales que desplegaron a lo largo de “FN. 380 ACP 19074”, que nos hacía reptar a través de sus fraseos lentos y pesadumbrosos para, después de que Dmytro empuñara la bandera de su país, pasarnos a cuchillo en una delirante recta final. No abandonarían el material de su anterior entrega de estudio, “Where Fire And Weapons Meet”, ya que la siguiente en emerger, casi fundida con los últimos compases del tema de apertura, fue “Vimy Ridge (In Memory Of Filip Konowal)”, recabando los puños de apoyo de sus incondicionales mientras el frontman se abalanzaba prácticamente sobre las primeras filas para escupir de forma visceral cada uno de sus versos.
Tras esta primera escaramuza llegaba el momento de los parlamentos, en los que la banda nos describió la crudeza de la guerra en su país, dando tres consignas claras: “FUCK WAR, FUCK IMPERIALISM, FUCK PUTIN”. Por supuesto, también solicitó nuestro apoyo a su país, amén de compartir su preocupación sobre que la guerra se extiendiera por toda Europa. “1914 (The Siege Of Przemysl)” fue la elegida para abrir el extenso capítulo que dedicaron a lo que hasta la fecha es su último largo de estudio, “Viribus Unitis”, dejándonos con su bombardeante ritmo de batería y sus atenazantes melodías de corte atmosférico para posteriormente volarnos la cabeza en su descomunal embestida final. El particular asedio del batallón ucraniano no se detendría con las seminales e implacables acometidas que nos brindó la banda al atacar de forma rotunda e incontestable “1915 (Easter Battle For The Zwinin Ridge)”, mientras la proyección de un vetusto tanque destrozando todo a su paso nos dejaba con la sensación de estar siendo aniquilados.
La magnificencia de las antiguas marchas militares se encargaría de anunciarnos que había llegado la hora de transitar a través de las ambientaciones más densas y sinuosas contenidas en “1918 Pt.1 WIA (Wounded In Action)”, que de alguna forma ralentizaban el ritmo que hasta ese momento había llevado el show. Con los sonidos de una escaramuza en mitad de una zona boscosa arrancaba la inquietante y por momentos asfixiante “1916 (The Südtirol Offensive)”, convirtiéndose en la excusa perfecta para que la banda sacara a relucir su vertiente más extrema y despiadada mientras el personal se animaba en los aledaños del escenario para acabar convirtiendo ese instante en uno de los más destacados del show.
Muchos fueron los momentos a lo largo de la velada en los que 1914 consiguieron zambullirnos de lleno en la desesperación, insuflando a los presentes el miedo, la angustia y la desesperación. Y sin duda uno de los momentos más intensos y amargos llegaría durante “1918 Pt.2: POW (Prisoner Of War). Sin embargo, no tardarían mucho en acelerar nuevamente el paso para pasarnos por lo alto con “1917 (The Isonzo Front)”, que provocaba que todos volviéramos a levantar los puños. Para poner el punto y seguido a su descarga, la banda nos brindaría un primer guiño al material contenido en “The Blind Leading The Blind”, dando buena cuenta del asfixiante y angustioso “Passchenhell”, una sensación que sin duda se vio agravada con la pista de violín que sonó disparada.
Tras abandonar el escenario durante unos segundos, y mientras el público reclamaba insistentemente que regresaran sobre las tablas, los ucranianos no tardarían en volver a recuperar posiciones para dar por finiquitada la contienda con una última escaramuza. “A7V Mephisto” les sirvió para desplegar nuevamente un halo de profunda tristeza y melancolía mientras Dmytro se paseaba entre los asistentes antes de volver al escenario para liderar a sus compañeros en la acometida final con la que dieron por concluida su contienda en tierras catalanas.



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