Aunque a priori la historia de Destructor no difiere en exceso de la de algunas bandas metaleras que tuvieron su “minuto de gloria” en la segunda mitad de los ochenta y que acabaron sucumbiendo ante la vorágine grunge de principios de los noventa para años después resurgir y reivindicarse, las circunstancias que marcaron su carrera pueden tildarse cuanto menos de peculiares. Nacidos a mediados de la década de los ochenta en la industrial ciudad de Cleveland, Ohio, Destructor consiguieron hacerse un nombre y granjearse una buena reputación a base de compartir escenarios con bandas que el tiempo convertiría en clásicas: Anthrax, Megadeth o Slayer. Su debut llegaría a finales de 1985 bajo el título de “Maximum Destruction” y su potente heavy metal tiznado de pinceladas thrasheras les serviría para captar la atención del sello Island Records. Pero desafortunadamente la tragedia se cebó con ellos, ya que el primer día de 1988 fue asesinado su bajista Dave Holocaust, lo que provocó la ruptura de su flamante nuevo contrato y que posteriormente la formación decidiera arrojar la toalla en 1992 desanimados por los cambios que estaba sufriendo la industria musical americana.
