miércoles, 10 de junio de 2015

TESTAMENT+EXODUS-SALAMANDRA-BCN-24-MAY-2015



Si dejamos a un lado la épica descarga que Testament nos ofrecieron en la pasada edición del Resurrection Fest, bajo una monumental tromba de agua que obligó al propio  Chuck Billy a gritar cual poseído un lacónico: “Fuck The Rain”, lo cierto es que los de San Francisco hacÍa ya mucho tiempo que no pisaban los escenarios de nuestros país. Con los ecos de su accidentada presentación en tierras malagueñas todavía resonando entre los presentes y, por que no decirlo, con un poco de canguelo tras los problemas que en este mismo recinto tuvieron los alemanes Kreator hace un par de años, la parroquia metálica catalana se preparaba para albergar la última escala en nuestro país de este “Dark Roots Of Thrash II”.

Tarde de Domingo y en los alrededores del Salamandra un fantástico ambiente nos hacía presagiar que la de esta noche sería una cita especial, de esas señaladas que acaban guardándose en la memoria y que se rememoran con los colegas con el paso de los años. Pese a que los protagonistas de la velada  nunca han tenido el estatus y el apoyo del que si han gozado los integrantes del denominado “Big Four Americano”, lo cierto es que el tiempo y la lealtad de  sus incondicionales  han acabado poniendo las cosas en su sitio, y ambas formaciones pueden presumir, a día de hoy, de contar con una  fiel parroquia de seguidores.

Lejos de trucos y fuegos de artificios, la oferta de esta noche era clara, proponiéndonos un cartel compartido por dos pesos pesados de la escena americana que amenazaban con batirse en un duelo fratricida para rubricar que en pleno siglo XXI el estilo que naciera en la Bay Arena a principios de la década de los ochenta sigue gozando de plena vigencia. El marco escogido para semejante contienda sería un abarrotadísimo Salamandra, quizás demasiado, ya que en algunos momentos puntuales fue prácticamente imposible  moverse por el interior del local. Pero, en cualquier caso, las estrecheces, los calores y los apretujones acabaron valiendo la pena para ser testigos de semejante espectáculo.

Los encargados de encender la espita de un público entusiasta fueron Exodus. Poco importó que en sus filas no estuviera el guitarrista  Gary Holt, ya que la pareja compuesta por Lee Altus y Kragen Lum  se bastó para asolarnos con esos característicos e incendiarios fraseos que se han convertido en sello indiscutible del quinteto. La otra novedad en el seno de la formación venía  dada por el retorno del vocalista Steve “Zetro” Souza, quien nos retrotraía a sus raíces más netamente metálicas, dejando aparcadas las reminiscencias más hardcoretas que imprimía su antecesor Rob Dukes. Donde sí que no habría variaciones  sería en la compacta base  rítmica que formarían el batería Tom Hunting, -miembro fundador de la banda-, y el bajista Jack Gibson.

Como un  torrente desatado y bajo la magistral batuta del carismático “Zetro”, Exodus tomaban al asalto el escenario del Salamandra para sacudirnos violentamente con una doble ración de su más reciente entrega, dejando paso a los incendiarios riffs de “Black 13” y los atronadores coros de  “Blood In, Blood Out”, dejando bien claro desde los primeros compases del show que no venían dispuestos a asumir el papel de  meros comparsas de las estrellas de la noche, ya que venían dispuestos a  robarles algo más que únicamente el protagonismo.

Respaldados sobre un sonido potente y abrumador el combo americano nos ofreció una perfilada definición sonora de lo que debe ser el thrash metal “old shool”, derrochando en todo momento entrega y actitud, y la mejor prueba de ello fue ver como  “Zetro” pedía insistentemente que le subieran el sonido de su micrófono para rebanar nuestros  tímpanos con su afilado registro.

Habiendo despegado con una buena ración de su material de ultimo cuño llegaba el momento de que las guitarras empezaran a asolarnos con los crujientes y amenazantes riffs de “Iconoclasm”, demostrando que además de imprimir esas endiablas cuotas de ardiente velocidad el quinteto también sabe concentrarse en derroteros más densos y farragosos, lo que provocó que se desataran los primeros “pogos”  entre la audiencia. Tras haber presenciado las ultimas descargas de Exodus con Rob Dukes al frente, debo admitir que el ver a “Zetro” hacer “headbanging”  fue algo así como un retorno a las raíces,  y es que pese a que durante el set de esta noche hubo espacio para algunos temas de su anterior etapa, como “Children Of A Worthless God”, lo cierto es que el nivel de conexión entre banda y publico fue total al abordar temas clásicos como el primerizo  “Piranha”, que se convertiría en el primer recuerdo  hacia la época del añorado Paul Baloff.

El contraste a tanto clasicismo llegaría con otra pieza de nuevo cuño “Salt The Wound”, que lejos de calmar los ánimos del respetable sirvió para que la gente continuara danzando y haciendo “headbanging”, ratificando así la enorme aceptación que ha tenido “Blood In Blood Out”. Los americanos conscientes de la fantástica acogida que estaban teniendo optaron por imprimir a su show un ritmo verdaderamente endiablado, enlazando casi de forma consecutiva sus temas, consiguiendo que el ambiente y la excitación entre la audiencia nunca llegara a decaer. Tampoco se dejarían en el tintero esas bases rocosas y oscuras que marcarían el arranque de “Blacklist”, con la gente apoyando al máximo antes de que las guitarras de  Lee Altus y Kragen Lum  se batieran en un duelo cargado de virtuosismo y melodía.

El cuarto y último bocado que nos ofrecieron de su “Blood In Blood Out” estaría protagonizado por la desquiciante carrera que nos propusieron en “Body Harvest”, con “Zetro” llevando su garganta hasta el limite para que dejar que fueran todos los presentes los encargados de hacerse cargo de los coros. Viendo la tónica que estaba llevando el show resultaba evidente que el quinteto nos tenía preparada una incendiaria recta final, de modo que cuando la gente reconoció la introducción de “Bonded By Blood”, los puños se elevaron al aire para acabar desatando la locura en una pista que se convirtió en un campo de batalla.

Completamente poseídos, ni los músicos sobre las tablas, ni el propio publico parecían querer que aquel ceremonial de velocidad, watios  y contundencia tocara a su fin, pero lamentablemente el show de los americanos estaba dando sus últimos coletazos. Afortunadamente, antes de abandonar el escenario del Salamandra en olor de multitudes todavía tendrían tiempo de ofrecernos una doble demostración de poderío, de manos de la desquiciante  “The Toxic Waltz”, única concesión que se permitieron hacia su “Fabulous Disaster” de 1989, para acto seguido dejar que fuera la speed metalera  “Strike Of The Beast”, que fue la elegida para  poner el broche definitivo a  su actuación.

Tras el triunfal paso de Exodus por el escenario del Salamandra la tensión y la impaciencia podían palparse en el ambiente, y más cuando al retirar “los pipas” las lonas que cubrían parte del montaje escénico pudimos ver el vistoso escenario que serviría como marco para la descarga de Testament.

Precedidos del estruendoso sonido de las sirenas y acompañados de un espectacular juego de luces Chuck Billy y sus muchachos se presentaban ante la audiencia catalana dispuestos a dejar claro el porque son una de las bandas más queridas por toda la parroquia thrashera,  dando el primer golpe con un abominable “Over The Wall”, que con un sonido absolutamente arrollador sería la encargada de dar arranque a la velada.

Con la dupla compuesta por Alex Skolnick y Eric Peterson marcando la entrada de “Rise Up” y con la   imponente figura de Chuck Billy  aferrado a su medio pie de micro fluorescente  adueñándose del dentro del  escenario, la banda conseguiría desatar la locura entre todos los presentes, consiguiendo que el personal se involucrara al máximo a la hora de corear  su matador estribillo.

Mucho se había especulado sobre el posible repertorio que nos ofrecería el combo americano, y aunque cabe remarcar que el grueso del “setlist” estuvo centrado en el material de sus primeros trabajos, lo cierto es que el quinteto no quiso dejarse en el olvido composiciones más recientes como “More Than Meets The Eye”, con un brutal solo de Skolnick, o el novedosos “Native Blood”, que tras el primer “speech” de la noche convertía la pista en una sauna, con la gente desatada mientras del techo caían gotas de agua, sin duda  evaporadas  a causa del infernal calor que se respiraba en el reciento.

Cabe remarcar que durante toda el show el nivel de conexión entre banda y público fue absolutamente abrumador, y pudimos vivir momentos verdaderamente épicos, como cuando Chuck anunció que había llegaba el momento de una buena ración de thrash metal “old school”, antes de someternos al implacable castigo que supuso ”The Preacher”, que catapultada por esa descomunal máquina percusiva que es Gene Hoglan hizo retumbar los cimientos de todo el local.

Con el capítulo dedicado a  la nostalgia abierto era el momento de seguir colmando los anhelos de los fans más veteranos, y la elegida para que los ánimos no decayeran sería la pieza que prestaba título a su cuarta entrega “Souls Of Black”, con un Skolnick muy animado llevando las riendas del tema  mientras alentaba a las primeras filas a  convertirse en parte activa de la fiesta.

Aunque quizás fuera el que se mantuvo más en segundo plano, lo cierto es que Steve DiGiorgio volvió a dejar un fiel testimonio de porque es uno de los bajistas más influyentes y reputados  dentro de la escena metálica  americana, haciendo que su concurso fuera verdaderamente espectacular al abordar las sinuosas líneas contenidas en  piezas como “The New Order”, que servirían para poner a toda la sala a botar. Sin abandonar ese mismo álbum, la encargada de mantener el nivel de euforia y entrega entre la audiencia  sería “Eerie Inhabitants”, con las guitarras de Peterson y Skolnick batiéndose en un incendiario intercambio que llevaría al éxtasis al respetable, a la vez que marcaba el equilibrio perfecto entre contundencia y melodía.

Una nueva mirada sobre “The Legacy”  nos conduciría sobre el vendaval sonoro que es “First Strike Is Deadly”, con las luces cegando nuestros ojos mientras Chuck Billy convertía su medio pie de micro en una guitarra más para sumarse al “headbanging”  junto a sus compañeros. El imparable torrente de clásicos  no se detendría, ya que la siguiente en hacer acto de presencia sería “Trial By Fire”, haciendo rugir, una vez más, a la audiencia, antes de dejar paso a las abominables aceleraciones de  “In To The Pit”, que se convertiría   en el acompañamiento perfecto para un salvaje “mosh-pit”.

Lejos de cualquier tipo de objeción el quinteto americano nos estaba sometiendo a una intensiva sesión de velocidad, contundencia y actitud, y lejos de decaer el nivel de intensidad durante el tramo final del show, Testament echaron el resto para acabar de finiquitar una velada verdaderamente memorable. De modo que el ultimo asalto daría arranque con la camaleónica “Practice What You Preach”,  donde nuevamente un Skolnick completamente desatado volvería a dejar buena muestra de su virtuosismo.

Del material que facturaron para “The Gathering”, antes de su obligado retiro a causa de la enfermedad de Chuck Billy, nos ofrecerían un sabroso bocado, optando por dos de sus piezas más agresivas “D.N.R. (Do Not Resuscitate)” y la implacable “ 3Days In Darkness”, que con el concurso de toda la sala tarareando su melodía volvería a impregnar de épica el recinto.

Con todos los asistentes coreando insistentemente el  nombre de la banda era el propio Chuck Billy el encargado de emplear su registro más diabólico y gutural para presentarnos la última pieza de la noche “Disciples Of The Watch”, con las luces nuevamente cegando nuestra visión mientras la banda metía toda la carne en el asador para firmar un final realmente apoteósico. En esta ocasión, a diferencia de lo que suele ser habitual, no hubo bises, y tras someternos a una despiadada colección de clásicos la banda se despidió desde el centro del escenario agradeciendo nuestra presencia,  y visiblemente emocionados ante la entrega y la dedicación que mostró un publico que acabó rendido a sus pies.

Pocas bandas pueden vanagloriarse después de más de tres décadas de existencia de  seguir  imprimiendo a sus directos semejante nivel de fuerza e intensidad. A lo largo de su dilatada carrera por la  banda  han desfilado multitud de músicos de reconocido prestigio, pero, a día  de hoy , Testament  pueden presumir de contar  con una de las mejores formaciones de su historia. Eso sí, por favor, la próxima vez que alguien les proponga colocar  la batería de Gene Hoglan sobre una tarima más elevada.


TEXTO:ALFONSO DIAZ
FOTOS:CARLOS OLIVER

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