La
línea que separa genialidad y locura es muy fina. Resulta curioso que mientras
muchos se quejan de la sistemática repetición de esquemas y sonoridades
propuestas como la de Igorrr continúen siendo un suculento manjar para un grupo de
intrépidos buscadores que se dedican a investigar en propuestas que
se apartan de lo convencional. Si hace tan solo unos años a muchos
nos hubieran dicho que un sábado por la noche acudiríamos a presenciar el show
de una banda que se presenta en directo sin instrumentos de cuerda,
sin duda nos hubiéramos echado a reír. Pero los tiempos cambian, y cada vez
resultan más habituales las formaciones que recurren a la electrónica para dar un
componente vanguardista a sus composiciones. El caso de Igorrr es radicalmente
distinto, ya que todo el peso de la banda recae sobre los efectos y samplers que dispara Gautier Serre desde su mesa de
mezclas dando forma a un híbrido sonoro de imposible catalogación.
