Desde hace casi dos décadas el
veterano festival portugués se ha ido consolidando como una de las citas
obligadas para todos los seguidores de la escena extrema europea. Situado a las
afueras de la población que presta su nombre al festival, Barroselas, el
recinto está dividido en dos zonas bien diferenciadas. Una primera, de acceso
libre, en la que se concentran los puestos de restauración, las taquillas y un
pequeño escenario por el que desfilan algunas de las jóvenes promesas de la
escena lusa. Y una segunda zona en la que están ubicados los dos escenarios
principales en los que se desarrollan, de forma sucesiva, las actuaciones más destacadas.
