Indudablemente Satan forman parte de ese selecto club. Tal vez su producción discográfica, incluyendo también en la misma las obras publicadas bajo las denominaciones de Blind Fury y Pariah, no sea la más prolífica. Sin embargo, su influencia es alargada, ya que su sonido rápido y afilado ha sido calificado por muchos como la simiente del speed metal. A diferencia de otras formaciones coetáneas, los de Newcastle continúan manteniendo una alineación similar a la que marcó sus primeros años de andadura. No obstante, sería injusto decir que Satan viven anclados en el pasado, ya que los discos que han publicado en este tercer milenio, el último de ellos “Songs In Crimson”(24), son de una calidad incontestable.
Con la noticia de que los británicos han decidido cancelar toda la actividad en directo que tenían prevista para este 2026, debido a que su frontman, Brian Ross, debe someterse a una cirugía preventiva, los conciertos programados en nuestro país serían los últimos antes de que detuvieran, -esperemos que momentáneamente-, su actividad sobre los escenarios. Un acogedor Razzmatazz 3, que registró una muy buena entrada, fue el enclave perfecto para albergar la descarga de la leyenda inglesa.
Para arrancar el suculento festín metalero de esta noche de jueves contaríamos con la presencia de los americanos Hellgrimm. Con todavía poco público en el local arrancaba la descarga de este trío de San Antonio, Texas, que desplegó un sonido muy particular en el que se aunaron influencias del rock garagero, el punk y el stoner. A primera vista, lo que más llamó la atención fue que su batería, Erica Missey, se encargó también de las labores vocales, dándole un toque especial a temas como “Jack Of All Blade” y “Sin After Sin”.
Arrancaron bien, consiguiendo conectar con un público que acompañó con palmas y levantando los cuernos la novedosa “Dead Superstar” , pero a medida que fue avanzando el show el personal se fue desconectando. Seguramente el no contar con la figura de un frontman en “primera línea de fuego” les acabó penalizando, y eso que nos propusieron temas directos y pegadizos como “Anarchy” o “Speed Demon”, y que su guitarrista Jerry Connor no paró de exhibirse a la hora de atacar su instrumento. En cualquier caso, vimos como el trío texano se lo pasó en grande sobre el escenario y la mejor prueba fue ver cómo disfrutaron de la interacción con el público mientras atacaban su versión del clásico de los Stones “Sympathy For The Devil”, que fue la escogida para cerrar su descarga.
Cualquiera que siga la actualidad musical de la capital catalana convendrá con un servidor que existe una prolífica escena de bandas que practican un heavy metal de raíces clásicas. Wicked Leather son un nombre más que sumar a esa lista y su apabullante debut “Season Of The Witch”, la prueba palpable de que sus composiciones poseen un sello y un enfoque especial. Ante una sala que congregó a bastantes más asistentes que para disfrutar de la descarga del combo americano, la formación que capitanea Yami Martins aparecía en escena para desplegar los riffs de esencia tradicional y las ambientaciones ocultistas que marcaron temas como “Lightning Strike”, que ponía a cantar al respetable su rotundo estribillo, y la fulgurante “She Is The Storm”.
No solo el sonido de Wicked Leather está basado en los postulados más clásicos del heavy metal, su imagen también. Así que no faltaron los jeans ajustados, los chalecos tejanos, las zapatillas deportivas y las cadenas y remaches en su indumentaria. Como era previsible el grueso de su repertorio estuvo centrado en el material de su ópera prima, dejándonos una buena muestra de su potencial en piezas como la trepidante “Black Goat Rising”, para acto seguido imbuirnos de las crípticas ambientaciones de “Midnight Creature”.
Tampoco faltarían durante su show piezas con secciones más directas, en las que los más animados tendrían ocasión de participar en los rotundos coros de la camaleónica “Night Hunter”. Viendo la reacción de un público cada vez más entregado resultaba evidente que Wicked Leather jugaban en casa, y eso fue algo que el quinteto supo aprovechar para rematar su show por todo lo alto con la oscura “Mascarade Of Shadows”, y su adaptación del clásico de Tank “Turn Your Head Around”, que ponía a todos a corear su hímnico estribillo para poner el mejor broche a su descarga.
No tendríamos que esperar mucho para encontrarnos sobre el escenario a los indiscutibles protagonistas de la velada: Satan. No era esta la primera vez que los británicos pisaban los escenarios de la ciudad condal, y eso se notó en la pasión que exhibió un público que se mostró absolutamente entregado con ellos desde que irrumpieran en escena para dar el pistoletazo de salida con un clásico incontestable como “Trial By Fire”. Nuestros recelos sobre el estado de forma de Mr. Ross se disiparon rápidamente al ver como encaraba las tonalidades agudas de “Blades Of Steel”, para a renglón seguido brindarnos una primera muestra de su material contemporáneo con “Ascendary”.
Ataviado con chupa de cuero y guantes, Brian Ross ejerció como el perfecto maestro de ceremonias, mostrándose cercano y macarra, saludando incluso a un par de paisanos que había en las primeras filas, mientras daba unos buenos tientos a su botella de Jagermeister. Otro detalle a destacar fue lo sólida e incontestable que se mostró la dupla que conformaron Steve Ramsey y Russ Tippins, destacando especialmente la labor del segundo quien además de mostrar esa inclinación clásica y deudora de los setenta apoyó en los registros vocales. Aunque, tal y como era previsible, viejas favoritas como “Break Free”, desataron la euforia de un personal que en más de una ocasión obligó a la banda a parar el show mientras les aclamaba, lo cierto es que zarpazos de nuevo cuño como “Sacramental Rites”, también disfrutaron de una excelente acogida, con los más devotos alzando los cuernos para acompañar sus desarrollos.
Ese toque futurista, ocultista y ritualista, a partes iguales, que siempre ha tenido el combo británico quedaría plasmado en la profética “Twenty Twenty Five”, para a renglón seguido ofrecernos un pequeño respiro al proponernos las atmósferas más cadenciosas de “Ophidian”. No obstante, no tardarían mucho en volver a recuperar su “velocidad de crucero”, dándonos argumentos para agitar la cabeza siguiendo el implacable ritmo de “Turn The Tide”, creando un contraste desolador con los explosivos cambios de ritmo que marcaron la demencial “Into The Mouth Of Eternity”, que para un servidor fue uno de los momentos álgidos de la velada.
Con un Brian Ross sonriente, dialogando con las primeras filas y compadreando con sus paisanos, llegaba el momento de encarar la recta final del show incitando al personal a que levantara los puños al ritmo que impusieron los poderosos redobles que nos anunciaban la llegada de “Testimony”. El golpe de gracia definitivo, la rúbrica para una actuación que dejó patente que la banda sigue en pleno siglo XXI rayando a un excelente nivel, corrió por cuenta de la primeriza e incontestable “Alone In The Dock”, tras la que se marcharon dejando tras de sí un siniestro aroma a nigromancia y maldad que no hizo más que rubricar su indiscutible triunfo.




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