lunes, 8 de junio de 2026

BARON ROJO+ROCK CON Ñ-CORNELLA DE LLOBREGAT-BCN-5-JUN-2026


Resulta imposible hablar de rock duro en nuestro país sin hacer referencia a Barón Rojo. La banda que lideran los hermanos de Castro, Armando y Carlos, pasa por ser una de las más longevas y exitosas del rock cantado en castellano. Poco importa que lleven más de una década sin sacar un nuevo trabajo de estudio o que haga ya bastante tiempo que anunciaran su “Último Vuelo”. No obstante, siguen recorriendo la «Piel de toro» para hacer las delicias de unos seguidores que convierten cada una de sus descargas en una auténtica liturgia rockera. Como parte del programa de las fiestas del Corpus de Cornellà de Llobregat, aterrizaba el combo madrileño para repasar algunos de esos clásicos que se han convertido en himnos imprescindibles para cualquier rockero que se precie.

Al aire libre y de forma gratuita. Barón Rojo se dio otro baño de masas. El público, como siempre, fiel y entregado. Una vez más consiguieron aunar a representantes de diferentes generaciones de rockeros.  Entre los asistentes, familias enteras que se acercaron a disfrutar de la buena música, veteranos de la escena que llevan siguiéndolos desde los ochenta, gente de mediana edad. Y, por supuesto, algunos chavales más jóvenes que se aproximaron curiosos para comprobar de primera mano cómo sonaba esa banda mítica que tantas veces han oído nombrar en bocas de sus padres o hermanos mayores. Fue, pues, una noche de fiesta. Una especie de merecido homenaje al rock potente y cantado en castellano. Así que para ir calentando motores antes del «aterrizaje» de Barón Rojo, contamos con la presencia de una formación compuesta por músicos ilustres de la escena nacional que se encargaron de rememorar algunas de las composiciones más clásicas, conocidas y exitosas de nuestro rock. La banda que lidera el que fuera guitarrista de Sangre Azul, Juanjo Melero, bajo el descriptivo y definitorio nombre de Rock con Ñ.


Con la claridad del día aún presente y ante un público todavía poco numeroso, tomaban posiciones sobre el escenario los integrantes de Rock con Ñ. Muchas caras conocidas pudimos encontrar entre sus miembros, ya que, aparte del ya mencionado Juanjo Melero, sobre el escenario tuvimos ocasión de disfrutar de la veteranía y el buen hacer que atesoraron: el vocalista Johan Cheka (Cráneo), el guitarrista Luis Cruz (Topo), el batería Kacho Casal (Topo), el bajista Carlos Guardado (Burning) y el teclista Nacho De Lucas (Asfalto). En definitiva, una alineación sólida y de garantías que atesora la personalidad y la esencia del rock patrio. Su repertorio consistió en un ameno recorrido por la historia de nuestro rock, proponiendo una sucesión de himnos que combinaron piezas netamente hard rockeras, como los clásicos de Sangre Azul “No Eres Nadie” y “Dueño Y Señor”, que fueron de las más aplaudidas y coreadas de su descarga; con números más clásicos como el fundacional “Días De Escuela” o el más fiestero y desenfadado “Sábado A La Noche” del argentino Moris.

Teniendo en cuenta el repertorio interpretado, no me sorprendió que Rock con Ñ no tuvieran grandes dificultades para conectar con la gente y hacer que el recinto se convirtiera en una fiesta rockera, y más cuando poco a poco se fue poblando la plaza. Mención especial merece la labor del vocalista Cheka, recientemente operado, y de Juanjo Melero, que fue quien tiró del carro. Además, el ex-Sangre Azul estaba de celebración, ya que era su cumpleaños. Sin embargo, me dio la sensación de que en la banda reinan la camarera y el buen rolo. No se vio en ningún momento ningún tipo de lucha de egos, ni nada parecido. Lo que sí hubo fueron guiños, bromas y mucha camaradería entre unos músicos que se lo pasaron en grande a la hora de repasar clásicos de Burning como “Mueve Tus Caderas”, que nos dejaba a los músicos moviéndose por el escenario recreando el “paso del pato” de Chuck Berry, o “Una Noche Sin Ti”, en la que, por supuesto, no faltó el recuerdo al malogrado Pepe Risi.

No fue este el único nombre propio del que se acordaron sobre el escenario los músicos de Rock con Ñ. Por supuesto que en una banda que repasa lo más granado del rock nacional, no podía faltar la alusión a dos pesos pesados como José Carlos Molina y Rosendo. Precisamente de la que fuera banda del segundo, Leño, interpretaron “El Oportunista”. Aunque todos los temas estuvieron tocados con un gusto exquisito, y contando con unos arreglos que hacen que su propuesta sea apta para todos los públicos. Sin duda, los más “heavys” disfrutaron de su adaptación del “Banzai” de Miguel Ríos, el macarra «Vamos Muy Bien» de Obús y del icónico “No Hay Tregua” de Barricada. Mientras que los más rockeros saborearon intensamente piezas como “Vallecas 1996” y la final “Mis Amigos Dónde Estarán”. En definitiva, magnífico repaso por algunos de los temas más emblemáticos e imprescindibles de nuestro rock fue lo que nos ofrecieron unos Rock con Ñ que gustaron y convencieron.


Los ochenta fueron el periodo de máximo esplendor del hard rock y el heavy metal. Y nuestro país no fue una excepción. Barón Rojo fueron nuestro referente a nivel internacional y, pese a que nunca llegaron a gozar del reconocimiento y la fama que sin duda merecían, pueden presumir de haber volado sobre algunos escenarios que en esa época, e incluso hoy en día, resultan inalcanzables para muchas bandas. Seguramente habrá quien diga, no sin argumentos, que la banda hace tiempo que perdió su razón de ser, que los Hermanos nunca consiguieron remontar el vuelo tras la salida de la que fuera su sección rítmica clásica. Sin embargo, lo que nadie puede discutirles es el esfuerzo, la dedicación y el tesón que han mostrado a la hora de mantener viva “la llama” de un proyecto en el que muchos hace tiempo que dejaron de creer. Sea como fuere, en pleno 2026, Barón Rojo siguen siendo un nombre respetado y conocido. Precisamente, fue esa gran familia rockera la que esta noche de viernes en Cornellà de Llobregat no quiso perderse la celebración del 71 cumpleaños del carismático y mítico Armando De Castro. Indiscutiblemente, Barón Rojo fue la banda que más marcó a la primera generación heavy de nuestro país, y eso es algo que no se olvida. Sus temas fueron banda sonora de lo que sucedía en las calles, los barrios y los parques de las grandes ciudades donde muchos “jóvenes melenudos” luchaban por crecer y labrarse un provenir.

Impasibles al inexorable paso del tiempo, Barón Rojo aparecieron en escena agasajados por la cálida bienvenida que les tributó su entregado público. En la parte central del escenario se colocó Armando, empuñando su liviana guitarra sin clavijero y luciendo una cinta de tenista en la cabeza. En todo momento fue el motor, el alma de la formación madrileña, moviéndose incansablemente por el escenario mientras animaba al personal. Mucho más sobrio se mostró su hermano Carlos, sobre quien recayó la mayor parte del peso vocal de la actuación. Sí, por supuesto, su desempeño en ese apartado hace ya bastantes años que no está al nivel que a muchos nos gustaría. Sin embargo, hay que reconocerle que sigue esforzándose al máximo para sacar adelante cada una de las actuaciones del cuarteto. Por otro lado, aunque permanezcan en segundo plano, hasta el punto de que algunos de sus seguidores ni tan siquiera conocen sus nombres, su actual sección rítmica es de lo más sólida y solvente, contando con el concurso del batería Juan Luis Díaz y el bajista José Luis Morán.

Tirando de uno de sus himnos atemporales, Barón Rojo arrancaban la descarga poniendo al personal a saltar mientras hacían suyo el primero de los inmortales estribillos que sonaron esta noche, el de “Son Como Hormigas”. Como era previsible, el grueso del repertorio estuvo centrado en su material clásico, el que formaba parte de sus primeras entregas. Así que no faltaron durante los compases iniciales de la descarga piezas como “Incomunicación” y la instrumental “El Barón Vuela Sobre Inglaterra”, haciendo que con tan solo 3 temas la banda ya tuviera al personal comiendo de la palma de su mano. Pese a la veteranía de los músicos, tanto el arranque como el desarrollo del show fue intenso y muy dinámico. Por supuesto que hubo presentaciones y palabras de agradecimiento. Sin embargo, los parlamentos, en la mayoría de las ocasiones por cuenta de Armando, fueron breves y concisos.

Muchos fueron los momentos memorables del show, aquellos que se repiten en todas y cada una de sus presentaciones y de alguna forma dejan patente y ratifican que Barón Rojo siguen siendo algo más que una banda más de hard rock y heavy metal. Y es que una vez más volvió a ser verdaderamente emocionante ver cómo los aledaños del escenario se convertían en un mar de puños que se alzaban orgullosos a la hora de entonar el estribillo de “El Malo”, antes de que ambos hermanos aunaran fuerzas para doblar su característica melodía. Para los que seguimos la trayectoria de la banda tras la ruptura de su line-up clásico, fue una auténtica delicia tener ocasión de disfrutar de “Te Espero En El Infierno”, que arrancaba con esa trepidante ráfaga de batería al más puro estilo “Painkiller”, para invitarnos a hacer escala en el injustamente tratado “Desafío” de 1992. Otra de las repescadas de su producción noventera fue la pieza que prestaba nombre a lo que fue su siguiente trabajo, que vio la luz en 1996: “Arma Secreta”, que personalmente creo que es otro de los que ha envejecido muy bien, pese a que esta noche el tema en cuestión acabó pasando algo desapercibido.

El elegido para que la euforia volviera a adueñarse del personal fue ese retrato de la personalidad rockera que lleva por título “Un Caso Perdido”, que se convertía en el primer guiño que se permitieron a “En Un Lugar De La Marcha” (1985), siendo esta la primera ocasión en que los hermanos se repartieron las tareas vocales. Mucho más directa, rápida y concisa sonó la pieza elegida para representar lo que fue el último trabajo que grabó la formación clásica, “Obstinato” (1989), haciendo que los más devotos movieran la cabeza mientras con el pie marcaban el implacable ritmo de “Vampiros y Banqueros”.


Otro de los elementos que Barón Rojo han sabido forjar a lo largo de todos estos años con sus seguidores es ese indescriptible y emocionante sentimiento de hermandad, rockera en este caso. Así que no podía faltar la reafirmación de ese vínculo durante el imprescindible “Hermano del rock n roll”, del que se encargó Armando. Sin embargo, si hablamos de momentos emotivos, en los que la emoción se desbordó, me quedo con la icónica “Concierto Para Ellos”, con el personal nuevamente coreando el nombre de todos y cada uno de los músicos desaparecidos que cita la composición que incluyeron en el legendario “Volumen Brutal” (1982). Seguramente, si hiciéramos una encuesta entre los presentes, ese trabajo sería el preferido de la mayoría. Así que no fue una sorpresa que la audiencia estallara cuando identificó que la siguiente en sonar sería la pieza que cerraba la primera cara del mismo: “Las Flores Del Mal”.

A lo largo de la noche, Armando demostró por qué para muchos fue el primer gran referente en cuanto a guitarristas de rock se refiere en nuestro país. El pequeño de los hermanos de Castro alternó riffs potentes y rocosos —en los que plasmó su devoción por bandas como AC/DC—, desarrollos solistas preñados de técnica y buen gusto e, incluso, pasajes como el que marcó el inicio de “Satánico Plan”, en el que mostró su habilidad con el slide. Hablando de guitarras, tampoco quisieron dejarse en el tintero el homenaje al instrumento en una desenfrenada versión de la emotiva “Cuerdas de Acero”, que acabó recabando una cerrada ovación. Conforme iba avanzando la descarga, los ánimos del personal se iban caldeando. Una vez los curiosos habían abandonado el recinto, los más devotos e incondicionales se dispusieron a vivir una intensa recta final que empezaba con la descomunal épica que el cuarteto desplegó a lo largo de “Hijos de Caín”, otra letra con la que cualquiera que viva el rock intensamente debe sentirse identificado. Rebeldía bien entendida y letras ácidas e incisivas han sido también emblema de marca para Barón Rojo. Desde sus inicios lo dejaron claro con zarpazos tan rotundos y certeros como “Con Botas Sucias”, que dedicaron a C.B.S., la que fuera la discográfica que llevaba a Coz —banda previa de los hermanos— y que se completó con un guiño al “Satisfaction” de “Sus Satánicas Majestades”.

La rúbrica definitiva, la indiscutible constatación de que banda y público estaban en perfecta sintonía, que eran uno, llegaría durante la emocionante y emotiva “Siempre Estás Allí”, que ponía el recinto literalmente patas arriba mientras el público cantaba como si no hubiera mañana. El éxtasis no se detuvo. La explosión de euforia fue la más brutal de toda la velada. Había llegado el momento de saltar, de levantar el puño con orgullo y de gritar el combativo estribillo de esa declaración de intenciones que a día de hoy sigue conservando plena vigencia: “Resistiré”. Ya no había vuelta atrás, no se podía levantar el pie del acelerador. Tocaba rematar la velada por todo lo alto y para eso la mejor receta era que la audiencia siguiera cantando, en esta ocasión otra de las que a uno le convierte en militante en esto del rock: “Los Rockeros van Al Infierno”, aunque en esta ocasión estuvo salpimentada con unas gotas de “Diosa Razón”.

No hay por qué negarlo; en 2026, el eslabón más débil de Barón Rojo es el apartado vocal. Sin embargo, hay que agradecer que la banda, y especialmente Carlos de Castro, siga esforzándose por dar a todos sus seguidores dos horas y media de nostalgia y buen hard & heavy. A fin de cuentas, todos conocemos los temas, nos los sabemos de memoria, y es que las composiciones de Barón Rojo hace mucho tiempo que se convirtieron en patrimonio para cualquiera que se considere seguidor del heavy metal en nuestro país.


TEXTO:ALFONSO DIAZ

FOTOS:ALFREDO RODRIGUEZ

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