Al aire libre y de forma gratuita. Barón Rojo se dio otro baño de masas. El público, como siempre, fiel y entregado. Una vez más consiguieron aunar a representantes de diferentes generaciones de rockeros. Entre los asistentes, familias enteras que se acercaron a disfrutar de la buena música, veteranos de la escena que llevan siguiéndolos desde los ochenta, gente de mediana edad. Y, por supuesto, algunos chavales más jóvenes que se aproximaron curiosos para comprobar de primera mano cómo sonaba esa banda mítica que tantas veces han oído nombrar en bocas de sus padres o hermanos mayores. Fue, pues, una noche de fiesta. Una especie de merecido homenaje al rock potente y cantado en castellano. Así que para ir calentando motores antes del «aterrizaje» de Barón Rojo, contamos con la presencia de una formación compuesta por músicos ilustres de la escena nacional que se encargaron de rememorar algunas de las composiciones más clásicas, conocidas y exitosas de nuestro rock. La banda que lidera el que fuera guitarrista de Sangre Azul, Juanjo Melero, bajo el descriptivo y definitorio nombre de Rock con Ñ.
Teniendo en cuenta el repertorio interpretado, no me sorprendió que Rock con Ñ no tuvieran grandes dificultades para conectar con la gente y hacer que el recinto se convirtiera en una fiesta rockera, y más cuando poco a poco se fue poblando la plaza. Mención especial merece la labor del vocalista Cheka, recientemente operado, y de Juanjo Melero, que fue quien tiró del carro. Además, el ex-Sangre Azul estaba de celebración, ya que era su cumpleaños. Sin embargo, me dio la sensación de que en la banda reinan la camarera y el buen rolo. No se vio en ningún momento ningún tipo de lucha de egos, ni nada parecido. Lo que sí hubo fueron guiños, bromas y mucha camaradería entre unos músicos que se lo pasaron en grande a la hora de repasar clásicos de Burning como “Mueve Tus Caderas”, que nos dejaba a los músicos moviéndose por el escenario recreando el “paso del pato” de Chuck Berry, o “Una Noche Sin Ti”, en la que, por supuesto, no faltó el recuerdo al malogrado Pepe Risi.
No fue este el único nombre propio del que se acordaron sobre el escenario los músicos de Rock con Ñ. Por supuesto que en una banda que repasa lo más granado del rock nacional, no podía faltar la alusión a dos pesos pesados como José Carlos Molina y Rosendo. Precisamente de la que fuera banda del segundo, Leño, interpretaron “El Oportunista”. Aunque todos los temas estuvieron tocados con un gusto exquisito, y contando con unos arreglos que hacen que su propuesta sea apta para todos los públicos. Sin duda, los más “heavys” disfrutaron de su adaptación del “Banzai” de Miguel Ríos, el macarra «Vamos Muy Bien» de Obús y del icónico “No Hay Tregua” de Barricada. Mientras que los más rockeros saborearon intensamente piezas como “Vallecas 1996” y la final “Mis Amigos Dónde Estarán”. En definitiva, magnífico repaso por algunos de los temas más emblemáticos e imprescindibles de nuestro rock fue lo que nos ofrecieron unos Rock con Ñ que gustaron y convencieron.
Impasibles al inexorable paso del tiempo, Barón Rojo aparecieron en escena agasajados por la cálida bienvenida que les tributó su entregado público. En la parte central del escenario se colocó Armando, empuñando su liviana guitarra sin clavijero y luciendo una cinta de tenista en la cabeza. En todo momento fue el motor, el alma de la formación madrileña, moviéndose incansablemente por el escenario mientras animaba al personal. Mucho más sobrio se mostró su hermano Carlos, sobre quien recayó la mayor parte del peso vocal de la actuación. Sí, por supuesto, su desempeño en ese apartado hace ya bastantes años que no está al nivel que a muchos nos gustaría. Sin embargo, hay que reconocerle que sigue esforzándose al máximo para sacar adelante cada una de las actuaciones del cuarteto. Por otro lado, aunque permanezcan en segundo plano, hasta el punto de que algunos de sus seguidores ni tan siquiera conocen sus nombres, su actual sección rítmica es de lo más sólida y solvente, contando con el concurso del batería Juan Luis Díaz y el bajista José Luis Morán.
Tirando de uno de sus himnos atemporales, Barón Rojo arrancaban la descarga poniendo al personal a saltar mientras hacían suyo el primero de los inmortales estribillos que sonaron esta noche, el de “Son Como Hormigas”. Como era previsible, el grueso del repertorio estuvo centrado en su material clásico, el que formaba parte de sus primeras entregas. Así que no faltaron durante los compases iniciales de la descarga piezas como “Incomunicación” y la instrumental “El Barón Vuela Sobre Inglaterra”, haciendo que con tan solo 3 temas la banda ya tuviera al personal comiendo de la palma de su mano. Pese a la veteranía de los músicos, tanto el arranque como el desarrollo del show fue intenso y muy dinámico. Por supuesto que hubo presentaciones y palabras de agradecimiento. Sin embargo, los parlamentos, en la mayoría de las ocasiones por cuenta de Armando, fueron breves y concisos.
Muchos fueron los momentos memorables del show, aquellos que se repiten en todas y cada una de sus presentaciones y de alguna forma dejan patente y ratifican que Barón Rojo siguen siendo algo más que una banda más de hard rock y heavy metal. Y es que una vez más volvió a ser verdaderamente emocionante ver cómo los aledaños del escenario se convertían en un mar de puños que se alzaban orgullosos a la hora de entonar el estribillo de “El Malo”, antes de que ambos hermanos aunaran fuerzas para doblar su característica melodía. Para los que seguimos la trayectoria de la banda tras la ruptura de su line-up clásico, fue una auténtica delicia tener ocasión de disfrutar de “Te Espero En El Infierno”, que arrancaba con esa trepidante ráfaga de batería al más puro estilo “Painkiller”, para invitarnos a hacer escala en el injustamente tratado “Desafío” de 1992. Otra de las repescadas de su producción noventera fue la pieza que prestaba nombre a lo que fue su siguiente trabajo, que vio la luz en 1996: “Arma Secreta”, que personalmente creo que es otro de los que ha envejecido muy bien, pese a que esta noche el tema en cuestión acabó pasando algo desapercibido.
El elegido para que la euforia volviera a adueñarse del personal fue ese retrato de la personalidad rockera que lleva por título “Un Caso Perdido”, que se convertía en el primer guiño que se permitieron a “En Un Lugar De La Marcha” (1985), siendo esta la primera ocasión en que los hermanos se repartieron las tareas vocales. Mucho más directa, rápida y concisa sonó la pieza elegida para representar lo que fue el último trabajo que grabó la formación clásica, “Obstinato” (1989), haciendo que los más devotos movieran la cabeza mientras con el pie marcaban el implacable ritmo de “Vampiros y Banqueros”.
A lo largo de la noche, Armando demostró por qué para muchos fue el primer gran referente en cuanto a guitarristas de rock se refiere en nuestro país. El pequeño de los hermanos de Castro alternó riffs potentes y rocosos —en los que plasmó su devoción por bandas como AC/DC—, desarrollos solistas preñados de técnica y buen gusto e, incluso, pasajes como el que marcó el inicio de “Satánico Plan”, en el que mostró su habilidad con el slide. Hablando de guitarras, tampoco quisieron dejarse en el tintero el homenaje al instrumento en una desenfrenada versión de la emotiva “Cuerdas de Acero”, que acabó recabando una cerrada ovación. Conforme iba avanzando la descarga, los ánimos del personal se iban caldeando. Una vez los curiosos habían abandonado el recinto, los más devotos e incondicionales se dispusieron a vivir una intensa recta final que empezaba con la descomunal épica que el cuarteto desplegó a lo largo de “Hijos de Caín”, otra letra con la que cualquiera que viva el rock intensamente debe sentirse identificado. Rebeldía bien entendida y letras ácidas e incisivas han sido también emblema de marca para Barón Rojo. Desde sus inicios lo dejaron claro con zarpazos tan rotundos y certeros como “Con Botas Sucias”, que dedicaron a C.B.S., la que fuera la discográfica que llevaba a Coz —banda previa de los hermanos— y que se completó con un guiño al “Satisfaction” de “Sus Satánicas Majestades”.
La rúbrica definitiva, la indiscutible constatación de que banda y público estaban en perfecta sintonía, que eran uno, llegaría durante la emocionante y emotiva “Siempre Estás Allí”, que ponía el recinto literalmente patas arriba mientras el público cantaba como si no hubiera mañana. El éxtasis no se detuvo. La explosión de euforia fue la más brutal de toda la velada. Había llegado el momento de saltar, de levantar el puño con orgullo y de gritar el combativo estribillo de esa declaración de intenciones que a día de hoy sigue conservando plena vigencia: “Resistiré”. Ya no había vuelta atrás, no se podía levantar el pie del acelerador. Tocaba rematar la velada por todo lo alto y para eso la mejor receta era que la audiencia siguiera cantando, en esta ocasión otra de las que a uno le convierte en militante en esto del rock: “Los Rockeros van Al Infierno”, aunque en esta ocasión estuvo salpimentada con unas gotas de “Diosa Razón”.
No hay por qué negarlo; en 2026, el eslabón más débil de Barón Rojo es el apartado vocal. Sin embargo, hay que agradecer que la banda, y especialmente Carlos de Castro, siga esforzándose por dar a todos sus seguidores dos horas y media de nostalgia y buen hard & heavy. A fin de cuentas, todos conocemos los temas, nos los sabemos de memoria, y es que las composiciones de Barón Rojo hace mucho tiempo que se convirtieron en patrimonio para cualquiera que se considere seguidor del heavy metal en nuestro país.
TEXTO:ALFONSO DIAZ
FOTOS:ALFREDO RODRIGUEZ




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