Además, para acompañarles en este periplo por el Viejo Continente, el combo de Denver contaría con el apoyo de una trilera de bandas europeas que supieron caldear el ambiente a base de bien. Los encargados de abrir fuego y dar la bienvenida a los más madrugadores fueron ERADIKATED, quienes en poco más de media hora dieron buena cuenta de sus influencias más clásicas al presentar un thrash metal rápido, seminal y terriblemente enérigico que conectó a la perfección con gran parte de los asistentes. En una onda diametralmente diferente e influenciados por las sonoridades noventeras, XONOR presentaron una puesta en escena sencilla pero diferente para dar buena cuenta de unas composiciones rudas y muy poderosas. Mientras que unos viejos conocidos para los asiduos a los escenarios de la capital catalana, BLOOD RED THRONE fueron los que se encargaron de pasarnos literalmente por lo alto con una seminal lección de death metal.
Minutos antes del horario inicialmente previsto y ante una sala que empezaba a poblarse, aparecieron en escena los elegidos para dar el pistoletazo de salida a la velada: ERADIKATED. Para la gran mayoría de los presentes, un servidor incluido, los suecos eran unos completos desconocidos pese a tener un bagaje previo bajo el apelativo de THE GENERATION ARMY. Irrumpieron en escena con mucho ímpetu, decididos a arrasar con todo a su paso, con el cuchillo entre los dientes y dispuestos a no hacer prisioneros con sus despiadados riffs y sus ritmos supersónicos. Además, contaron en la primera parte de su actuación con una iluminación en tonos rojizos, lo que confirió a su descarga un aire de lo más malévolo y demoníaco.
Se mostraron sólidos, precisos y absolutamente implacables, conjugando de forma magistral velocidad, partes crujientes y mosheantes, coros con pegada y unas muy bien seleccionadas pinceladas melódicas que propiciaron que su propuesta no acabara resultando lineal. Zarpazos letales como “Tsar” y “Culling” sirvieron para que los suecos dejaran patente que leyendas como Slayer han influido, y mucho, en su propuesta. Sin embargo, no todo iba a ser velocidad y desenfreno, ya que durante “Again/Rise”, ERADIKATED demostraron tener temple a la hora de contemporizar los tempos para hacer que todo sonara más pesado y machacón.
Evidentemente, el grueso de su repertorio estuvo centrado en el material contenido en su segundo largo, “Wiring Of Violence”, que vio la luz a principios del mes de mayo. Así que durante su escueta presentación no faltaron las amenazantes líneas de bajo que comandaron “Confession/Obsession”, junto a unos coros acelerados que hacían que aproximaran su propuesta a derroteros crossover. Habiendo convencido a la parroquia thrashera, tocaba finiquitar su debut en tierras catalanas, confiando para ello en el poder aniquilador contenido en la camaleónica “Ashes”, que de alguna forma aglutinaba las principales características de una propuesta que se centra en las sonoridades y patrones más clásicos del thrash metal.
Tras un rápido cambio de equipo, todo parecía preparado para que los siguientes en tomar el escenario hicieran acto de presencia: XONOR. Si de algo puede presumir el combo suizo es que su forma de entender el negocio se sale de los cánones más habituales. Sin duda, gran parte de culpa la tiene el que la banda se creara en 2020, una época nefasta tanto para los conciertos como para editar material. Así que, desde que dieran sus primeros pasos, bajo la denominación de HONOR, han seguido la estrategia de ir publicando sencillos en redes de forma periódica y continua, con lo que han conseguido estar siempre presentes, consiguiendo una base de fans que han denominado “GØØN SQUAD”.
He de reconocer que ignoro si entre los presentes había miembros de este “GØØN SQUAD”. Eso sí, de lo que no me cabe la menor duda es de que la descarga del combo suizo no dejó indiferente a nadie. Lo primero que llamó la atención fue su puesta en escena, con todos los miembros de la banda ocultando sus rostros bajo unos pasamontañas negros. Otro detalle a destacar de lo que fue su descarga fueron los constantes cambios de ritmo de unas composiciones que sonaron sólidas, compaginando pasajes muy rápidos y netamente thrasheros con otros más encaminados hacia el groove. Su guitarrista y vocalista, Donagh Ramseyer, fue quien ejerció en todo momento como maestro de ceremonias, guiando el ataque de sus compañeros desde que se desencadenaran las hostilidades con “Crime And Punishment”.
Como comenté anteriormente, tanto a nivel musical como de puesta en escena, XONOR demostraron ser una banda que se sale de los cánones habituales. Así que, ante la sorpresa de los que ocupaban las primeras filas, un orangután apareció en escena mientras la banda interpretaba el disparatado y vacilón “Monkey Mosh”, que nos invitaba a danzar y que fue introducida por Donagh y el bajista Luca Ramsauer imitando el gruñido de los monos. Su más reciente sencillo, publicado a principios de este mes de septiembre, “Slaughterhouse”, seguiría caldeando los ánimos de un personal que parecía cada vez más animado y metido en la descarga.
Los ritmos más densos, crujientes y devastadores harían acto de presencia durante “DIY or Die”, que servía para que el cuarteto bordeara con sus mosheantes riffs la frontera del crossover para acabar invitándonos a levantar los puños a la hora de acompañar su descomunal estribillo. Sería durante la segunda parte del tema cuando la banda pisó el acelerador al máximo para dejar que fueran los desarrollos solistas de ambos guitarristas los que se encargaran de liderar una incendiaria recta final que se zanjó con el personal alzando los cuernos al aire.
No levantarían el pie del acelerador, y es que todo se tornaría aún más épico durante “Anno Domini”, que hacía subir el nivel de intensidad mientras el suelo temblaba bajo nuestros pies. Antes de abandonar el escenario y para cerrar su descarga por todo lo alto, Donagh nos incitó a que corriéramos en círculos para acompañar “Race War”, que encaraba su recta final con el frontman arrancándose el pasamontañas. Lejos de los cánones y los parámetros más tradicionales dentro del thrash metal, XONOR nos brindaron una descarga rotunda y agresiva, en la que demostraron que se puede thrashear sin fusilar de forma premeditada los riffs de los grandes referentes del género.
No fue una sorpresa que, desde que tomaron el escenario para asediarnos con el corte más antiguo que interpretaron esta noche, “Unleashing Hell”, la complicidad con el público fuera total y absoluta. Sonaron fieros, rotundos, amenazantes, con los riffs de Ivan “Meathook” Gujic atronando con la tenacidad de una motosierra, mientras que los vertiginosos solos de Daniel Olaisen se encargaban de poner la nota técnica al derroche de brutalidad death metalera que el quinteto desplegó al abordar zarpazos aniquiladores como “Every Silent Plea”.
Tras saludar efusivamente a los que ya les conocíamos y dar la bienvenida a los nuevos, Mr. Wathen se despojaba de su camiseta para dejar al descubierto su tatuadísimo torso. Acto seguido, llegaba el momento de asestarnos un peñetazo sonoro del calibre de “Incarnadine Mangler”, que con el escenario teñido de rojo servía para que la banda se concentrara en sacar a relucir su vertiente más intensa y seminal. Todo se tornaría más oscuro y macabro al adentrarnos de lleno en las sonoridades más cavernosas y cercanas al groove que nos propusieron durante “Homicidial”; que nos dejaba con la estampa de Sindre erguido, levantando el micro por encima de su cabeza para asestarnos sus descomunales alaridos.
Me llamó la atención el repertorio tan variado que presentó el combo noruego, picoteando en muchos de sus lanzamientos y sin mostrar especial predilección por ninguno de ellos. Una de las elegidas para representar su más reciente “Siltskin” fue “Necrolysis”, que llegaba precedida de la presentación a cargo de Ivan del resto de sus compañeros. Con los que copaban las primeras filas coreando insistentemente el nombre de la banda, arrancaba “Itika”, que el frontman dedicó a un amigo presente en la sala y que acabó propiciando que la temperatura se calentara, aún más, en las proximidades del escenario. Fue en este punto cuando empezaron a aparecer sobre el escenario los primeros “stage-divers”. Precisamente contando con la complicidad de uno de ellos, que saltó cuando se lo pidió Sindre, arrancó otra de las de nuevo cuño, “Vermicular Heritage”, que seguía suministrando combustible a unas primeras filas que no paraban de moverse y jalear a la banda.
Sin duda, esa entrega del personal y ese nivel de excitación acabaron contagiándose a una banda que lo dio todo sobre el escenario, y no se dejó nada en el tintero. Absolutamente apabullante fue la recta final que firmaron los noruegos, azotándonos de forma inmisericorde durante “The Light, The Hate”. Para dejar que la última oportunidad para volvernos locos la tuviéramos durante “Arterial Lust”, que fue la escogida para darnos el golpe de gracia definitivo, permitiéndoles cerrar por todo lo alto una descarga absolutamente intachable.
En ocasiones parece que los astros se alinean para que todo salga a pedir de boca. La tarde había sido de lo más productiva, brindándonos la oportunidad de presenciar tres apabullantes descargas, destacando muy especialmente la de BLOOD RED THRONE, hasta el punto de que, tras el show del combo noruego, más de uno pensamos que David Sanchez y sus acólitos lo iban a tener bastante difícil para conseguir igualar semejante nivel de intensidad. Sin embargo, nada más lejos de la realidad. Los americanos salieron absolutamente desatados, dejando patente desde que asaltaron el escenario al ritmo avasallador de “Hang’ Em High” el porqué eran los que cerraban el cartel de esta noche.
He de admitirlo, tenía mucha curiosidad, y bastantes ganas, de comprobar qué tal serían las prestaciones de las nuevas incorporaciones de la banda. Y no era para menos, ya que desde su última escala en nuestros escenarios, si la memoria no me falla, hace ya casi una década, David Sanchez presentaba una alineación totalmente renovada y remozada. Me gustó mucho la conexión y la complicidad que exhibió con su socio a las seis cuerdas, Brett Rechtfertig. Formaron un tándem aniquilador, ya fuera a la hora de disparar riffs tan rotundos y despiadados como los contenidos en la desquiciante “Prepare for Attack”, o al alternarse en esos incendiarios desarrollos solistas que sirvieron para que más de uno nos dejáramos las cervicales.
Sin duda, otro de los aspectos a destacar fue el ritmo frenético, incendiario e imparable del show. El cuarteto enlazó muchos de los temas que interpretaron, lanzando andanada tras andanada, sin apenas mediar presentación y sin darnos prácticamente tiempo para recuperar el aliento. Si el arranque ya había sido explosivo y fulgurante, fue durante “Give Me Liberty… Or Give Me Death”, cuando la locura se desató en los aledaños del escenario, con la locomotora humana Mike Ohlson llevando a sus compañeros en volandas mientras un personal absolutamente desatado corría en círculos, como hacía tiempo que no veía en una sala, y al mismo tiempo los primeros moshers tomaban el escenario para saltar.
Aunque a lo largo de la descarga la velocidad y los riffs enérgicos y aniquiladores fueron una constante, tampoco faltaron temas como “Fifth Generation Warfare”, en los que levantaron en algunos momentos el pie del acelerador para dejar que fuera su inquietante melodía la que nos azotara de forma inapelable. Acto seguido llegaría el momento de que las aguas volvieran a su cauce. Así que el cuarteto no vaciló a la hora de agachar la cabeza y abandonarse al headbanging para lanzarnos sin previo aviso ese proyectil de puro speed/thrash que lleva por título “No Amnesty”.
Algo que siempre han tenido, y que a día de hoy continúan manteniendo HAVOK, es su capacidad de llegar tanto a aquellos que se iniciaron dentro del thrash con ellos, en los primeros años de este tercer milenio, como a los seguidores más netamente “old school”. Así que tanto unos como otros disfrutaron intensamente de los detalles técnicos, con reminiscencias a bandas clásicas como Megadeth, contenidos en los compases iniciales del atronador e imprescindible “D.O.A.”, que daba argumentos de peso al personal para que siguiera corriendo antes de que todos alzáramos el puño para gritar junto a Sanchez con el puño en alto “Dead On Arrival”. Con banda y público en perfecta sintonía, el show seguirá incrementando su nivel de intensidad cuando el cuarteto nos propuso una escala en los inicios de la pasada década para golpearnos inmisericordemente con la arrolladora e impactante “Covering Fire”.
El nivel de euforia era grande. En poco más de media hora, HAVOK habían conseguido incendiar un Salamandra que estaba absolutamente fuera de sí, especialmente si hablamos de unas primeras filas que no pararon de correr en círculos. Ese clima de excitación total quedó plasmado mientras a través del PA sonaba “Dab Tsog”, con el personal coreando incansablemente el nombre de los héroes de Colorado. La respuesta del cuarteto no pudo ser más rotunda y devastadora. “Phantom Force”, rescatada del que hasta el momento ha sido su última referencia de estudio, “V”, publicado en el inicio del período pandémico, convertía a la banda en una apisonadora propulsada por el descomunal baqueteo de un Mike Ohlson que se mostró imperial durante toda la velada.
Como si fuera una constatación de que la banda no ha cambiado un ápice desde sus inicios hace más de dos décadas, caía “The Ultimate Weapon”, con Sanchez invitándonos a que le diéramos la réplica, sumándonos a sus rotundos coros, cada vez que encaraba su apabullante estribillo. Por supuesto, tampoco faltaron las oscilaciones entre partes humeantes y desarrollos más contemporizados que hacieron que el público explotara con cada una de las aceleraciones. Con el bajo de Kaden Hunsaker sonando afilado y aniquilador, el cuarteto encaraba la recta final de su demoledora presentación dando buena cuenta de “Afterburner”, que nos dejaba a un auditorio completamente entregado y desatado, elevando los puños de forma reverencial.
La reconocible sintonía de un noticiero nos anunciaba que había llegado el momento, ahora sí, de tirar el local abajo con “Intention To Deceive”, que fue la elegida para reivindicar su “Conformicide” (2017). Con las pulsaciones todavía a tope, David nos preguntaba si queríamos una más. Por supuesto, la respuesta del personal fue rotunda e inapelable. Así que HAVOK se convirtieron en un apisonadora durante la aniquiladora y despiadada “From The Cradle To The Grave”, tras la que se marcharon dejando en el aire la promesa de regresar en breve y con un nuevo disco grande bajo el brazo. Esperemos que así sea.
Fue corto, fue intenso y absolutamente devastador. Tras tenernos huérfanos de su thrash metal, HAVOK regresaron a la ciudad condal para dar una soberana lección de thrash metal “old school” ante un fiel séquito de adeptos que enloquecieron con ellos, dejando patente que el estilo no solo sigue teniendo tirada, sino que está viviendo un fantástico momento.





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