Cuando alguien atraviesa momentos de crisis personal, en ocasiones lo mejor es tratar de reencontrarse, centrarse en lo verdaderamente importante y seguir remando para continuar avanzando. Los últimos tiempos no han sido precisamente fáciles para DEVIN TOWNSEND. Hay quienes piensan que los músicos viven aislados en su propio mundo, dentro de una burbuja. Sin embargo, aunque eso pueda ser cierto en parte, resulta evidente que también tienen problemas, tanto personales como profesionales, y que sus preocupaciones acaban afectando y condicionando sus carreras. Rupturas, fallecimientos, malas decisiones empresariales… Los últimos años han sido convulsos para uno de los artistas más prolíficos y polifacéticos de la escena musical. Innumerables son los proyectos en los que ha participado, aunque todos ellos han tenido como denominador común la libertad creativa, la imaginación y, por supuesto, la calidad. Unas cualidades que le han valido la admiración y la lealtad de sus seguidores.
He de reconocer que me sorprendió el formato elegido por el músico canadiense para afrontar este nuevo periplo por el Viejo Continente: solo, acompañado únicamente de un par de guitarras y un ordenador. Una forma desnuda y sencilla, aunque a la vez sincera, de presentarnos su música, desprovista de todo lo innecesario para poner el foco en el sentimiento y la sensibilidad. La apuesta era arriesgada: intentar reunir a los seguidores de sus diferentes proyectos, algunos muy alejados entre sí desde el punto de vista estilístico, en una sala de conciertos para ofrecerles un exhaustivo repaso, eso sí, en formato acústico, a su longeva y prolífica trayectoria musical. Para su reencuentro con el público catalán, el canadiense eligió la sala Salamandra, que acabó colgando el cartel de localidades agotadas. Un hecho que deja bien a las claras la pasión y la adhesión que despierta un músico capaz de moverse como pez en el agua, pese a algunas de sus excentricidades, por territorios tan dispares como el hard rock, el metal industrial, el rock y el metal progresivo e incluso el ambient.
Era, pues, una fantástica ocasión para comprobar cómo Mr. TOWNSEND presentaría su material, alejado de la estridencia de las guitarras eléctricas y del poderío de unas secciones rítmicas demoledoras. Podríamos decir que el músico canadiense deconstruyó tanto su música como su propia carrera. Y es que, a lo largo de la velada, compartió con los presentes anécdotas, vivencias y situaciones que han marcado tanto su trayectoria artística como su vida personal, dejando constancia también de cómo estas le han condicionado, tanto en el plano musical y estilístico como en el lírico. Durante el concierto, DEVIN repitió en varias ocasiones un par de ideas: que aquella era la última fecha de la gira en curso y que, a lo largo de su dilatada trayectoria, ha publicado la friolera de cuarenta discos, que se dice pronto.
Ante un recinto sembrado de sillas, -que recordaba a aquella extraña estampa de la época pandémica-, los asistentes fueron tomando posiciones frente a un escenario que, más que preparado para un concierto de rock, parecía dispuesto para la actuación de un monologuista. Una silla, una mesa con un ordenador, una guitarra acústica y un pie de micro con portabotellas constituían todo el montaje escénico, rematado por un discreto juego de luces. Precisamente así, como un monologuista, apareció DEVIN en escena, haciendo gala de una puntualidad británica, para darnos las buenas noches y presentarse mientras afinaba su guitarra. Desde el primer momento, el canadiense dejó claro que aquel concierto iba a ser especial, algo más que una simple sucesión de canciones: sería un recorrido a través de su trayectoria vital.
Nuestro viaje arrancó de forma emocionante con una historia triste, la que encierra “Funeral”, en la que recordó su primer contacto con la muerte. Me gustó mucho cómo, a lo largo del espectáculo, DEVIN jugó a combinar las melodías de su guitarra con las armonías vocales, dejando claro que es un vocalista de lo más versátil e imaginativo. “Love?” estuvo marcada por la distorsión de su guitarra, los registros vocales rasgados e incluso el diálogo entre dos personajes interpretados por el propio DEVIN. No obstante, también tuvimos ocasión de disfrutar de temas más estructurados y cercanos a los cánones clásicos, como “Ih-Ah!”, durante cuya interpretación nuestro anfitrión nos pidió por primera vez que colaborásemos para dar el tono vocal a la última nota del tema.
Pese a lo poco habitual del formato del show, el público guardó un respetuoso silencio mientras DEVIN nos hacía partícipes de su historia. Sin embargo, el canadiense también respondió a las preguntas de algún espontáneo, lo que confirió a la velada la atmósfera propia de una reunión entre amigos. “Deadhead” sirvió para su lucimiento como guitarrista, imprimiendo a la interpretación un punto más de velocidad y aportando un plus de garra rockera al espectáculo. En nuestro recorrido por su carrera, no quiso dejar pasar la ocasión de repasar sus primeros años mientras nos hacía partícipes de algunas de sus reflexiones sobre el negocio musical durante la presentación de «Fake Punk».
Aunque, en principio, parecía difícil que DEVIN TOWNSEND pudiera encajar en el repertorio de aquella noche algo del material de STRAPPING YOUNG LAD, también tuvimos ocasión de disfrutar de su faceta más agresiva y contundente al abordar temas como “S.Y.L.”. Acto seguido, cambió diametralmente de registro para envolvernos en las atmósferas que supo crear para deleite de sus seguidores durante “Hyperdrive”. El planteamiento del espectáculo estaba claro y el propio protagonista nos lo anunció: la velada estaría dividida en dos actos, separados por un intermedio de veinte minutos.
Entre bromas, recuerdos jocosos y, ante todo, buen rollo, DEVIN se preparaba para afrontar la recta final de este primer asalto con “Christeen”. Para poner el broche definitivo a esta primera parte, optó por recurrir al comodín de las “pistas disparadas”. Así que, tras ajustar algunos detalles en el ordenador para revestir convenientemente la ampulosa «Lightworker», se marchó del escenario acompañado de una cerrada ovación. Fue una primera hora sorprendente, durante la cual pudimos conocer más de cerca a un DEVIN TOWSEND que compartió con los presentes muchas de las vivencias y opiniones que ya plasmó en su autobiografía, “Only Half There”.
Cumpliendo con su palabra, y una vez transcurridos los veinte minutos de descanso, Mr. TOWNSEND volvió a ocupar su lugar sobre el escenario. La sorpresa de la noche llegó cuando alguien del público le preguntó por qué nunca se había embarcado en un proyecto de black metal e incluso le propuso un nombre: “DEATHVIN”. El canadiense respondió con humor e incluso se marcó unos fraseos de música extrema con una guitarra blanca sin clavijero, su “arma” más pequeña, según él mismo comentó. A renglón seguido, mientras muchos nos reíamos a mandíbula batiente, nos regaló un virtuoso desarrollo instrumental que puso de manifiesto su pericia y talento a la hora de atacar las seis cuerdas. No tardó en recuperar la acústica para transmitir toda la elegancia y la carga sentimental de “Bring Him Home”, que, curiosamente, concluyó con el público haciendo growls siguiendo las indicaciones de nuestro anfitrión.
Ya nos lo había adelantado durante la presentación del espectáculo: aquella noche muchos temas contarían con una breve representación, aunque no se interpretarían de forma íntegra. Otro de los que hizo acto de presencia de forma fugaz fue “Aftermath”, de STRAPPING YOUNG LAD, con la guitarra nuevamente distorsionada. La interpretación dejó a DEVIN con la garganta algo tocada, como si fuera Mrs. Simpson —según sus propias palabras—, lo que le obligó a beber agua. La sutileza acústica no tardó en regresar de la mano de “Storm”, para posteriormente adentrarnos en el pragmatismo melódico de “Deep Peace”, que describió como lo último que debería escuchar el ser humano antes de desaparecer.
Mucho menos trascendente resultó “Let It Roll”, que arrancó en falso entre risas, después de que DEVIN reconociera que no recordaba la letra. No sé si fue algo casual o premeditado para recuperar ese clima distendido, pero lo cierto es que en todo momento supo conducir el espectáculo, controlando los tiempos y las emociones del respetable. “Almost Again” resultó casi irreconocible, desprovista de sus capas de guitarras, aunque conservó toda su esencia dramática en la interpretación. Pese al formato íntimo, el público desempeñó un papel relevante. Al fin y al cabo, la gran mayoría de los asistentes eran fieles devotos del canadiense. Cuando DEVIN comenzó a hablar de las aventuras y del universo de Ziltoid, alguien del público le hizo llegar una marioneta que el canadiense «adoptó» para que le «ayudara» durante “Solar Winds”, antes de dar paso a “Coast”.
Las emociones más profundas e intensas volvieron a aflorar durante la emotiva “Feather”. El cambio de registro llegó acompañado de una nueva dosis de distorsión en la guitarra acústica de DEVIN durante el arranque de “Kingdom”, para después explayarse a su antojo al abordar los registros más líricos. Como he comentado anteriormente, DEVIN mostró en más de una ocasión su lado más íntimo y cercano. Incluso nos habló de sus mascotas y recordó a su perro, su fiel amigo OLLIE, fallecido recientemente, durante la introducción de “Midnight Sun”. En el terreno de las emociones, también quiso compartir con los presentes su manera de afrontar los miedos y las inquietudes, así como la repercusión que estos pueden tener en la salud mental. Con nuestra colaboración, interpretó “Why?”, cuyo estribillo le permitió transformarse fugazmente en ese frontman solvente capaz de hacer aullar al personal en los festivales.
Nuestro viaje estaba llegando a su fin. Sin embargo, en este repaso a su trayectoria no podía faltar una referencia al oscuro periodo de la pandemia, representado por la casi espiritual “From The Heart”, otra de las canciones en las que recurrió a pistas pregrabadas. El broche definitivo lo puso «Life», tras cuya interpretación saludó efusivamente a un público que le despidió puesto en pie. Para los seguidores del rock, la música en directo suele ser sinónimo de diversión, vatios y desenfreno. Sin embargo, siempre resulta gratificante disfrutar de una perspectiva diferente que permita contextualizar la obra de un artista desde el punto de vista histórico y personal. Y más aún cuando se trata de alguien tan prolífico y polifacético como DEVIN TOWNSEND.


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