jueves, 8 de octubre de 2026

WITCHBURNER-BLACK RAGING FLAMES


 Al mismo tiempo que unos todavía imberbes EDGUY daban sus primeros pasos en la localidad germana de Fulda, aparecían en escena WITCHBURNER. Su apuesta fue, desde sus primeras encarnaciones, mucho más oscura y agresiva que la que proponían Sammet & Cía. Escorados siempre hacia las sonoridades más duras, oscuras e iracundas del thrash metal, y proclamándose como alumnos aventajados de bandas clásicas dentro de la escena de su país como DESTRUCTION, SODOM o KREATOR, el combo que lidera desde hace cuatro décadas el guitarrista Simon Seegel se ha mantenido siempre fiel a sus raíces, influencias y filosofía. A mediados de la década de los noventa, la banda debutó con un furibundo trabajo homónimo, al que seguiría en 1998 “Blasphemic Attack”, dos obras que les permitieron convertirse en uno de los valores emergentes del underground germano.

Pese a los cambios de formación y a los vaivenes del mercado discográfico, WITCHBURNER consiguió seguir publicando trabajos como “Incantation Of Evil” (2001) y “Final Detonation” (2005), ya contando con el concurso del bajista Andy Süss y el batería Felix Darnieder. “Blood of Witches” (2007) y “Demons” (2010) serían sus siguientes pasos y, en ellos, no cejaban en su empeño de sonar oscuros y maléficos. En 2013, y contando ya con el vocalista Pino Hecker y el guitarrista Michael Frank, la banda abría una nueva etapa con “Bloodthirsty Eyes”, conservando la esencia thrashera que siempre les ha caracterizado. Teniendo en cuenta todos estos antecedentes, no creo que nadie esperara cambios radicales de cara a esta octava entrega de estudio, que lleva por título “Black Raging Flames”.

Sin embargo, no podemos obviar que han pasado la friolera de trece años. Así que, como era previsible, la producción, que ha corrido por cuenta del propio Michael Frank en los Rekordz Studios de Lauterbach, ha ganado en calidad, pegada y nitidez, aunque eso no ha suavizado en absoluto la propuesta de una banda que parece seguir conservando el mismo objetivo de siempre: aniquilar inmisericordemente al oyente con una sucesión de riffs disparados a velocidad supersónica y sustentados sobre la tenacidad y rotunda agresividad de una sección rítmica que cae a plomo, casi como si fuera una condena de la mismísima Inquisición. Además, para acrecentar esta sensación, la fantástica portada del álbum ha sido creada, una vez más, por Jowita Kaminska-Peruzzi, que ha trabajado para primeros espadas del género como EXODUS, ENFORCER, MANILLA ROAD o nuestros SILVER FIST.

De forma implacable, dejando que sus demoníacas melodías se encarguen de atenazar al oyente, arranca “Richtschwert”. Sin embargo, rápidamente la maquinaria de los germanos empezará a rendir a pleno rendimiento gracias a la demencial velocidad que les servirá para lanzar una andanada rápida, despiadada e incontestable, que de inmediato hará que te vengan al recuerdo los nombres imprescindibles y míticos de aquel primigenio speed metal. Además, la guinda vendrá dada por la forma —marcando las sílabas en el estribillo— en la que Pino Hecker encara sus demoníacos alaridos para revestir el tema de ese inconfundible aroma a azufre. Igual de cadenciosos y agónicos resultan los compases iniciales de “Pestilent Discipline”, antes de que las guitarras tomen impulso para lanzarse sobre una embestida al más puro estilo de los SLAYER más clásicos. Por otro lado, tampoco faltarán los coros para apuntalar, rubricar y dar un dinamismo implacable a su seminal estribillo.

La escalada de velocidad y salvajismo metalero tendrá continuidad durante “By Chains Severed”, en donde la sección rítmica, y especialmente el bajo de Andy Süss, se dejará notar con fuerza a la hora de apuntalar una acometida directa, en la que el quinteto ratifica de forma rotunda e incontestable su filiación clásica. Sustentando su ataque frontal en unas guitarras que azotan al oyente como si fueran latigazos, nos encontramos con “Siege Of Terror”, en la que el combo de Fulda vuelve a apostar por la dinámica inapelable de unos coros rotundos que servirán como excusa para que el oyente deje de hacer headbanging y alce el puño para gritar el título del corte.

Siempre es importante un tema que lleva el nombre de una banda. En “Witchburner Pt. III”, la banda continuará ahondando en sus particulares señas de identidad. Su apuesta sonora es bastante clara. Sin embargo, aquí vamos a encontrar más cambios de ritmo y una mayor alternancia entre velocidad incendiaria y algunos pasajes más cadenciosos, igualmente potentes, y en los que se adentran en tesituras más demoníacas. Precisamente, siguiendo esa línea oscura y melódica, suenan los épicos redobles que marcan el inicio del tema que presta título al álbum, “Black Raging Flames”, para acto seguido sumergirnos en una andanada que, si no fuera por algunos gruñidos, podría estar contenida en cualquier obra thrashera facturada en la primera mitad de los ochenta. Y eso es, en gran medida, gracias a la contundencia rítmica de sus coros y al filo aniquilador de unas guitarras que suenan cortantes e incisivas al máximo.

Resulta difícil, al escuchar a WITCHBURNER, no apreciar la influencia de las bandas más clásicas del estilo. Por supuesto, formaciones como sus compatriotas DESTRUCTION, especialmente en lo que fueron sus primeras entregas, han marcado, y mucho, la identidad sonora del combo de Fulda. “By Moonlight We Strike” suena a tormenta de riffs malévolos disparados de forma implacable y seminal, mientras Pino escupe la letra como si supiera que no existe redención posible para él y sus compañeros. Me gusta mucho cómo la banda sobrepone las guitarras en algunos momentos, como en el inicio de “Throne”, para acto seguido adentrarnos en un pasaje más melódico que servirá como preámbulo para uno de sus seminales ataques marca de la casa, con la batería llevando el ritmo de forma incendiaria y despiadada.

Tan descriptivo como explícito y aniquilador. “Too Fast for Hell”, su particular adaptación de sus compatriotas VECTOM, atruena como si fuera una declaración de intenciones, forjando los cimientos de una embajada del Averno en el reino de los mortales. Velocidad, contundencia, guitarras hirientes, actitud punkera junto a un estribillo con pegada y abrumador completan un corte que, de seguro, levantará a la parroquia del combo germano en todas y cada una de sus descargas. Los riffs seguirán volando a velocidad trepidante durante el final “One Million Beers”, un himno a la macarrería metalera que, tanto por sonido como por estructura y, por supuesto, temática, podrían haber firmado perfectamente sus compatriotas TANKARD. En definitiva, un fantástico broche final para un disco que pasa como un suspiro y que te deja con ganas de volver a pulsar el play en tu reproductor.

Aquí no vas a encontrar medias tintas. Aviso: si no te gusta el thrash metal más oscuro, demoníaco y salvaje, puedes pasar de WITCHBURNER; no pierdas el tiempo. Por el contrario, si eres de los que pincha con nostalgia tus viejos vinilos de DESTRUCTION, SLAYER, VENOM, HOBBS ANGEL OF DEATH o SODOM, te recomiendo encarecidamente que te hagas con una copia de “Black Raging Flames”, ya que el material que vas a encontrar en él te volará la cabeza.



DISCOGRAFICA: DIABOLIC NIGHT RECORDS


Lista de Temas 


01. Richtschwert
02. Pestilent Disciple
03. By Chains severed
04. Siege of Terror
05. Witchburner Pt.III
06. Black raging Flames
07. By Moonlight we strike
08. Throne
09. Too fast for Hell
10. One Million Beers 



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