A las puertas de conmemorar tres décadas de andadura, que se dice pronto, PRIMAL FEAR hace tiempo que se consolidaron como uno de los bastiones indiscutibles dentro del heavy metal. Desde que Ralf Scheepers y Mat Sinner unieran fuerzas para dar forma a la banda, se han mantenido fieles a una manera, un estilo y una filosofía muy concretos de hacer y entender el heavy metal. Y eso es precisamente lo que sus seguidores les siguen demandando. Los problemas de salud del carismático bajista y los cambios de formación han marcado los últimos años del combo germano. Sin embargo, con la publicación de "Domination", parecía que las aguas volvían a su cauce. No obstante, para estos conciertos, Mat Sinner ha vuelto a ausentarse. Su puesto lo ha ocupado un viejo conocido y buen amigo de la banda: Dirk Schlächter.
Desde que viera la luz su último redondo, hace aproximadamente un año, la de esta noche en Salamandra suponía la tercera visita de la banda a tierras catalanas, algo que reafirma su arraigo por estos lares. Junto a ellos, ejerciendo como anfitriones en una velada en la que el heavy metal de corte clásico sería el indiscutible protagonista, contaríamos con la presencia de otra formación con arraigo, en este caso dentro de la escena nacional: ANKHARA. Seguramente, muchos de los asistentes no cayeron en la cuenta hasta acceder al recinto y contemplar la proyección que presidía el escenario, pero lo cierto es que ANKHARA están celebrando su trigésimo aniversario durante esta gira.
Podría decirse, pues, que incluso son algo más longevos que sus compañeros de cartel. En cualquier caso, su trayectoria no ha sido tan continua y regular como la de los germanos, ya que los madrileños estuvieron prácticamente una década en barbecho. La veteranía no es el único punto en común entre los madrileños y las huestes de Scheepers, puesto que a ambos se les ha querido encasillar dentro del power metal. Y, aunque en sus respectivas discografías encontramos temas cercanos a ese estilo, lo cierto es que ambas formaciones son paladines del heavy metal potente, aguerrido, melódico y de corte tradicional.
Las huestes que capitanea Pacho Brea contaron en todo momento con el respaldo del público barcelonés, consiguiendo enganchar y hacer vibrar a los presentes desde que asaltaron el escenario al ritmo de “Un Paso Más”. Pese a haber cambiado recientemente de bajista, el quinteto se mostró de lo más sólido y asentado. Especialmente reseñables me parecieron las aportaciones vocales de Alberto Marín y Cecilio Sánchez en temas como “Sueña” y “No Mires Atrás”, que fue de las más celebradas y coreadas de su descarga.
Por supuesto, muchas de las miradas estuvieron puestas en Pacho, quien tiró del carro en todo momento y demostró encontrarse en un buen momento de forma, afrontando con solvencia los registros más exigentes de temas como el imprescindible “Jamás”. Otro detalle destacable fue la manera en que Alberto Marín ejerció de maestro de ceremonias, encargándose de varias de las presentaciones, tal y como sucedió con “Sigo En Pie”, uno de los cortes elegidos para representar su álbum de regreso, "Sinergía"(2018). Además, también se mostró como el miembro más activo y enérgico de la banda, ya que no dejó de hacer headbanging en ningún momento.
En cualquier caso, como era previsible, los temas que mejor funcionaron fueron los de su primera etapa. Muy buenas sensaciones dejaron las esencias más tradicionales que desplegaron durante "3:40", con Pacho alentando al personal a que hiciera suyo el estribillo antes de que Alberto y Cecilio doblaran sus guitarras. El incondicional amor de la banda hacia sus seguidores quedaría patente a lo largo de "Hasta El Fin",con el que nos invitaban a viajar hasta aquel ya mítico "Dueño Del Tiempo"(1999). El as que ANKHARA se reservó para finalizar su descarga, plasmando la perfecta sintonía con un público que se fue viniendo arriba a medida que avanzaba la descarga, fue la imprescindible "Acordes Mágicos".
Un buen concierto de heavy metal es algo así como una liturgia. Un ritual en el que tanto los oficiantes como los devotos tienen claro cuál es su papel y qué espera cada parte de la otra. Poco importó que la Salamandra no estuviera completamente llena, porque quienes acudimos a la cita llegamos dispuestos a mover la cabeza y a dejarnos la garganta coreando esa colección de himnos que se han convertido en imprescindibles para cualquier seguidor del heavy metal que se precie. El único punto negativo de la velada fue la ya mencionada ausencia de Mat Sinner, quien, según nos comentó el propio Scheepers, no pudo estar presente debido a un problema en la rodilla. Afortunadamente, su puesto fue cubierto de forma solvente por un viejo compañero del vocalista, Dirk Schlächter, con quien coincidió durante una larga temporada en GAMMA RAY.
Un escenario engalanado con un gran telón de fondo con esa águila que se ha convertido en una de sus señas de identidad, dos pancartas laterales, una plataforma que dividía el escenario en dos alturas, cuatro columnas de humo y un efectivo juego de luces fue todo lo que necesitaron PRIMAL FEAR para caldear los ánimos del personal y poner la sala literalmente patas arriba. El sonido fue demoledor desde que la banda irrumpió en escena con un fugaz guiño instrumental a " We Walk Without Fear" y "Destroyer”, que cayó como una bomba de racimo, aunando solidez y contundencia gracias a la pegada de un André Hilgers que se mostró imperial a lo largo de todo el show. Me pareció muy positivo que el quinteto diera bastante cancha a sus nuevas composiciones. Así, durante los compases iniciales no faltaron los riffs afilados, -deudores de sus compatriotas ACCEPT-, junto a los hímnicos estribillos de "I Am The Primal Fear".
El derroche de garra e intensidad metalera llegaría a su cenit con la resultona «The Hunter». Entre las nuevas composiciones, una de las que mejor acogida obtuvo fue «Far Away», primer sencillo de "Domination", que arrancó con el público coreando su triunfal melodía, alentado por el hercúleo frontman. Con Mat Sinner ausente, todas las miradas recayeron sobre Scheepers, que supo dosificar sus fuerzas a la perfección, tomando aire en algunos momentos y dejando que fuéramos nosotros quienes nos hiciéramos cargo de algunas partes de las estrofas del infalible "Nuclear Fire", que volvió a convertirse en todo un vendaval de auténtico heavy metal.
Otra de las que pasó por encima del personal fue "The End Is Near", antes de dejar paso al lucimiento del tándem que conformaron Magnus Karlsson y Thalia Bellazecca. Ambos "hachas" demostraron una compenetración aplastante, con la italiana brillando intensamente mientras el sueco dejaba patente que, tras casi dos décadas de militancia, se ha convertido en una pieza fundamental dentro del engranaje del combo germano. En varios momentos, la dupla tomó el centro del escenario para acaparar todas las miradas. Sin duda, uno de los instantes más destacados llegó durante el tramo intermedio del extenso "Fighting The Darkness", que arrancó con el recinto bañado por las luces de los teléfonos de los presentes para acabar convirtiéndose en uno de los momentos cumbre del show.
Entre tanta contundencia y testosterona metalera, tampoco faltó algún número que resultó ideal para recuperar mínimamente el aliento, como el que prestaba título a su sexta entrega de estudio, "Seven Seals"(2005). La canción llegó precedida del recuerdo a su última incursión en tierras catalanas, el pasado verano, en el marco del Barcelona Rock Fest. Encarando la recta final del show, el señor Scheepers nos anunció el título y la fecha de edición —prevista para abril o mayo de 2027— de su próximo trabajo, “Shadow Rider”, provocando la algarabía de un respetable que no dejó de animar y apoyar a sus héroes.
Como decía, fue una noche de puro heavy metal. En un concierto de PRIMAL FEAR no hay lugar para las dudas ni para las segundas interpretaciones. Temas certeros y humeantes como "Chainbreaker", cuyo riff fue el primero que escribió la banda, y esa declaración de intenciones que lleva por título "Metal Is Forever" sirvieron para poner el broche de oro al concierto, reivindicando que, pese al paso del tiempo, la formación sigue siendo fiel a sus principios e ideales.
Tras un fugaz paso por los camerinos, para rematar la descarga por todo lo alto, nada mejor que confiar en el sonido crujiente e incisivo de las guitarras que marcaron "Angel In Black". El golpe de gracia definitivo para noventa intensos minutos que sirvieron para poner de manifiesto el arraigo de PRIMAL FEAR en tierras catalanas llegó de manos de "Running In The Dust". En la vida hay cosas que cambian, mutan o se transforman. Sin embargo, otras permanecen inalterables ante el inexorable paso del tiempo. PRIMAL FEAR nació para reivindicar las raíces más clásicas del heavy metal y, tres décadas después, continúan enarbolando con orgullo y sin complejos esa misma bandera. Y esperemos que sea por muchos años.
TEXTO:ALFONSO DIAZ
FOTOS:ALFREDO RODRIGUEZ ESPADA




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