jueves, 29 de octubre de 2026

MESSA+THE NIGHT ETERNAL-SALAMANDRA-L´HOSPITALET DE LLOBREGAT-BCN-28-OCT-2026

Que una banda bautice su estilo suele significar que su propuesta es, cuanto menos, personal. MESSA han experimentado un crecimiento notable en los últimos tiempos. En algo más de una década, los italianos han asentado su autodenominado “Scarlet Doom” como un referente indiscutible para quienes buscan una concepción diferente de las sonoridades introspectivas, aunque sin renunciar a las esencias más clásicas, deudoras de los grandes referentes de los setenta. Tras haber girado por el continente americano presentando su más reciente “The Spin”, el cuarteto afincado en Vénetoaterrizaba en el Salamandra como una de las primeras escalas de un periplo europeo que se extenderá aproximadamente durante un mes y en el que cuentan con THE NIGHT ETERNAL como invitados.

Ante un Salamandra que acabó registrando una destacada entrada, pese a estar programada la cita para un miércoles de final de mes, aparecían en escena los elegidos para dar por inaugurada la velada: THE NIGHT ETERNAL. El combo alemán llegó al recinto con el tiempo justo para probar sonido y empezar a tocar. Y eso se plasmó en la excitación y la adrenalina que derrocharon sobre el escenario, especialmente su frontman Ricardo Baum, quien no dejó de hacer headbanging y de tocar su air guitar desaforadamente mientras daba cuenta de trallazos como “The Veins Of Time” y la más new wave “Eurydice (Don’t Look Back)”.


Su descarga fue corta, intensa y, ante todo, muy productiva. Se notaba que entre los presentes había seguidores de la formación oriunda de Essen, y eso se palpó en el ambiente. Además, su particular mezcla de sonoridades etéreas, próximas a tesituras goth y retazos de primigenio heavy metal fue la receta perfecta para que el quinteto consiguiera captar la atención de quienes todavía no les conocían. Mención especial merece la labor del guitarrista Rob Richter, quien se encargó de aportar matices diferenciales a la metalera “Princess Of Darkness”, la envolvente “In Tartarus” y el single “Where This World Ends”, que servía para plasmar su vertiente más melódica.

Por supuesto, y de forma innegociable, THE NIGHT ETERNAL basaron su propuesta en la oscuridad, tanto en lo concerniente a su puesta en escena como en la temática de sus composiciones. Sin embargo, durante el show también nos dieron la posibilidad de acompañar estribillos tan hímnicos y pegadizos como el de “Elysion (Take Me Back)”, encarando de la mejor forma posible una recta final que estuvo marcada por la tenacidad de la pieza que prestaba título a su primer largo, publicado hace un lustro: “Moonlit Cross”. Tras ella abandonaron las tablas, agasajados por el cálido aplauso del personal, mientras Ricardo Baum dejaba en el aire la promesa de un pronto regreso.


Cualquiera que se haya empapado del material de MESSA convendrá con un servidor en que su minimalista propuesta está diseñada para captar la atención total del público. Sus presentaciones son algo parecido a un viaje iniciático, a una travesía a través de las emociones y los sentimientos conducida por los evocadores registros de Sara Bianchin y guiada por la guitarra de Alberto Piccolo, que se destapó como un “hacha” de lo más imaginativo, solvente y versátil, aportando elementos propios del classic rock, del prog, el jazz e incluso del blues. Sí, por supuesto, tanto Sara como Alberto fueron quienes acapararon la mayoría de las miradas, erigiéndose, para gran parte de los presentes, en los pilares innegociables del combo italiano en directo. Sin embargo, sin el concurso del bajista y teclista Mark Sade y, ante todo, del sobrio batería Mistyr, su propuesta sonora, aplastante en algunos momentos, evocadora en otros y, ante todo, siempre personal, no sería la misma.

Contando únicamente con un telón de fondo y el juego de luces de la sala, MESSA tuvieron suficiente para invitarnos a visitar su particular universo sonoro. Para meternos en situación, nos propusieron una introducción extensa e hipnótica y, acto seguido, un desarrollo experimental que acabaría desembocando en las minimalistas ambientaciones que sirvieron para perfilar la volátil “Babalon”. La última en aparecer, acompañada del cálido aplauso del respetable, fue Sara, desplegando un magnetismo especial que conquistó a una audiencia que se dejó arrastrar por su preciosa voz a través de piezas como “Fire On The Roof”, que fue la elegida para que plasmaran en su segunda mitad su faceta más netamente rockera.

Como era previsible, el eje central de su descarga fue el material de “The Spin”, con lo que no quisieron dejarse en el tintero la apabullante “At Races”, que incrementaba la intensidad inicial, para acto seguido volver a embelesar al personal con las ensoñadoras atmósferas contenidas en “The Dress”, haciendo hincapié en unos densos pasajes en los que Markdejó a un lado su bajo para hacerse cargo de los teclados y protagonizar un intenso duelo instrumental junto a Alberto.

El cambio de registro llegaría con los entornos cósmicos contenidos en “Thicker Blood”, que nos abocaba a un desarrollo solista que sirvió para que Alberto volviera a plasmar sus raíces e influencias más clásicas. Como si fuera una especie de fascinante mantra, arrancaba “Pilgrim”, que fue creciendo en intensidad para que el cuarteto dejara constancia de su maestría a la hora de moverse por diferentes paisajes sonoros. Las ambientaciones y las sonoridades volverían a tornarse más densas y rotundas, especialmente las guitarras, durante “Rubedo”, que volvía a regodearse en esas progresiones melódicas deudoras de los grandes pilares del rock.

La catarata de emociones y sentimientos no tardaría en volver a aflorar durante la pieza que Sara definió como su primera balada, “Immolation”. Un nuevo viraje serviría para que el cuarteto pisara el acelerador al encarar la más marchosa y enérgica “Reveal”, que nos dejaba a una banda más dinámica sobre el escenario. Y es que la única pega que pondría a la descarga de MESSA fue que los músicos se mantuvieron algo estáticos, enclavados en su posición y plenamente concentrados en su labor. El último guiño a “The Spin” llegaría con “Void Meridian”, mientras que la rúbrica la puso “Snakeskin Dope”, tras la que se marcharon.

Parecía que la descarga de los transalpinos había concluido, e incluso algunos empezaron a abandonar el local. Sin embargo, MESSA volvieron a aparecer en escena para agradecernos el apoyo y finiquitar definitivamente su descarga con “Hour Of The Wolf”, que arrancaba con el hipnótico sonido del bajo de Mark y la sugerente voz de Sara, creando un clima de lo más introspectivo, para posteriormente, ya contando con el resto de sus compañeros, abordarnos con su apabullante caudal melódico.

Fue una noche diferente, en la que las emociones estuvieron a flor de piel, y en la que MESSA dejaron patente que el legado sonoro de algunas de las bandas más importantes e influyentes del siglo pasado sigue teniendo plena vigencia en este tercer milenio.





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