domingo, 18 de octubre de 2026

HÄLLAS+KOMODOR-UPLOAD-BCN-16-OCT.2026

Aunque llevan en activo desde 2011 y publicando material desde que se dieron a conocer a finales de 2015 con un prometedor EP homónimo, HÄLLAS se lo han tomado con calma a la hora de regresar a los escenarios catalanes, ya que su última visita por estos lares data de tiempos prepandémicos, cuando vinieron abriendo para los alemanes KADAVAR. Evidentemente, su propuesta no resulta apta para todos los públicos: en sus trabajos podemos apreciar cómo los suecos combinan de forma magistral elementos propios del rock progresivo, pasajes en los que se percibe la influencia del primigenio heavy metal británico y la psicodelia setentera, todo ello convenientemente aderezado por unas cuidadas armonías vocales y unas generosas dosis de teclados y sintetizadores. Sin duda, este era un buen momento para aterrizar en la capital catalana liderando su propia gira. Con su última entrega discográfica, “Panorama”, que vio la luz a principios de año, ya bastante rodada y habiendo cosechado unas excelentes críticas, la banda se presentaba en la Sala Upload para hacer las delicias y colmar las expectativas de los que llevaban bastante tiempo anhelando su retorno.

Para unir fuerzas y completar un cartel de lo más atractivo, el combo sueco contó con el respaldo de una formación proveniente de la Bretaña francesa. KOMODOR, al igual que las estrellas de la noche, también centran su propuesta en las estructuras más clásicas del hard rock, aunque ellos aportan un punto más de energía y visceralidad rockera, contando entre sus influencias a tótems del estilo como MC5 y T. REX. En cualquier caso, en su pragmática y original propuesta también tienen espacio algunos devaneos de corte psicodélico, con lo que en momentos puntuales pueden llegar a recordarte a bandas como THE VINTAGE CARAVAN o a aquellos primeros BLUES PILLS que tanto nos maravillaron a algunos.


La primera sorpresa positiva fue comprobar el excelente ambiente que se respiraba en una sala que finalmente acabó agotando todo el papel. Además, el público no solo estaba interesado en la descarga del combo sueco, ya que a la hora prevista para el arranque de KOMODOR el recinto presentaba un fantástico ambiente, con más de tres cuartas partes del aforo cubierto. En cuanto al público, fue de lo más variopinto, aglutinando a seguidores de la buena música en general, rockeros vintage, amantes de la psicodelia e incluso aguerridos metaleros. En definitiva, un cóctel de lo más heterogéneo que sirvió para conferir un fantástico ambiente a una velada que quedará para el recuerdo de los asistentes.

El escenario estaba convenientemente ambientado con alfombras y con la batería de Ricky muy adelantada, prácticamente en el filo del escenario, y a través de la megafonía sonaban clásicos del calibre de BOSTON y LYNYRD SKYNYRD, que se encargaron de amenizarnos la espera antes de que el combo galo saltara a escena. Precedidos de una introducción de lo más bailonga, los miembros de KOMODOR, luciendo camisas de flecos, jeans, bigotes y melenas alborotadas, hacían suyo el escenario para plasmarnos como carta de presentación toda la rabia e intensidad rockera contenida en “Soul Tricker”. Pese a que el sonido no fue todo lo nítido que nos hubiera gustado durante los compases iniciales del show, la banda no tuvo problemas para conectar con un público que los acogió con los brazos abiertos y que se dejó arrastrar por las ambientaciones setenteras que desplegaron a lo largo de “Hard To Deal”.

Pese a que el apartado vocal se lo repartieron el guitarrista Slyde Barnett y el bajista Goudzou, fue este segundo quien en todo momento ejerció como indiscutible frontman y maestro de ceremonias durante temas como “Raise Your Hands”, recorriendo incansablemente el escenario mientras deleitaba a las primeras filas con su colección de muevas imposibles e invitaba a los más animados a que acompañaran con palmas. Tras asestarnos una rotunda embestida rockera durante los compases iniciales de su descarga, tocaba cambiar radicalmente de registro para proponernos las ambientaciones más etéreas y volátiles contenidas en “Fall Guy”. Pero sin duda la descarga de los galos estuvo marcada por la rotundidad de su triplete de guitarristas, algo que dio un nervio y una garra especial a trallazos rápidos y directos como “Bliss & Joy”.

Ante una banda totalmente enchufada y con un público cada vez más animado, llegaba el momento de abalanzarnos sobre las cambiantes dinámicas de “Top Of The Bock”, que se zanjaba con un nuevo vacileo del incansable Goudzou. Por supuesto, entre tanta garra e ímpetu rockero, no podían faltar los aromas más relajados y cargados de feeling que la banda plasmó en “Mamacita”, que acabó suscitando una cerrada ovación. La vuelta sobre sus raíces más netamente rockeras, con ese inconfundible aroma deudor de bandas míticas como Steppenwolf, llegaría de manos del tema que cerraba el álbum “Nasty Habits”: “Moondrag”, que nos dejaba a la tripleta de guitarras repitiendo su melodía en la parte final del tema. Con el personal levantando los puños al aire, arrancaba “Believe It”, que en su parte intermedia tuvo espacio para que Ricky nos dejara una buena muestra de su estilo con las baquetas antes de que la banda se embarcara en un final absolutamente delirante.

A estas alturas del show, la sala se había convertido en una fiesta, en una celebración rockera en la que tanto los músicos como sus seguidores estaban disfrutando intensamente, y eso se plasmó en la intensidad y el buen rollo que los franceses transmitieron desde el escenario al abordar cortes como “Know Who You Are”, que nos volaba la cabeza con su pegadizo estribillo, y “Washing Machine Man”, durante la que se desmadraron por completo, con Goudzou dando vueltas sobre sí mismo hasta enrollar el cable de su instrumento y acabar tirando el pie de micro al suelo.

Como si fueran una fiera desatada y totalmente fuera de control, KOMODOR encaraban la recta final de su presentación, volviendo a confiar en la garra rockera de “Madness”, que fue la enésima excusa para que Goudzou diera un paso al frente y nos invitara a corear su matador y rotundo estribillo. “Ravish Holy Land” fue un nuevo ejercicio de vacile, mientras que el golpe de gracia definitivo para la energía y descarada descarga de puro rock ’n’ roll que nos brindaronKOMODOR llegó de manos de la directa y arrolladora “The Monster”, tras la que se marcharon saludando efusivamente al personal y acompañados de una rotunda ovación que dejaba patente que habían conseguido conectar con el respetable.


En esta ocasión, el entreacto entre banda y banda fue algo más largo de lo habitual, pero no creo que fuera algo gratuito. En primer lugar, tras la descarga de KOMODOR, había que reponerse y recuperar el aliento. En segundo lugar, los pipas tuvieron que emplearse a fondo en la preparación del escenario que acogería la descarga de HÄLLAS, ya que, además de colocar y preparar los instrumentos, también tuvieron que dar los últimos retoques a un montaje escénico modesto, pero que incluyó un cortinaje trasero a modo de decorado, un par de estalagmitas e incluso un gran monolito de forma rectangular. Sin embargo, lo más llamativo fueron los ropajes negros, a modo de capa, que lucieron los integrantes de la banda y que, junto al maquillaje que llevó Tommy Alexandersson, ayudaron a conferir a su descarga una ambientación de lo más teatral o cinematográfica, según se mire, para poder dar rienda suelta a su autodenominado “adventure rock”.

Cualquiera que haya seguido la trayectoria del combo sueco convendrá conmigo en que no son una banda de rock al uso. No se me ocurren muchas formaciones en la actualidad, -cuando resulta imprescindible captar la atención del público rápidamente-, que confíen para dar el pistoletazo de salida en una suite tan compleja y extensa como la que abre su más reciente entrega discográfica “Panorama”: “Above The Continuum”. Sin embargo, en su caso resulta más que justificado, ya que no fue únicamente una excelente elección para abrir fuego ante unos seguidores que se mostraron como fieles devotos de su música, sino que les dio la oportunidad de presentar, desde el mismo arranque, algunas de las diferentes facetas de su poliédrica propuesta. Y es que durante los más de veinte minutos en los que se extendió este primer acto de su descarga, el quinteto tuvo ocasión de transitar por derroteros propios del space rock, dando cabida a los sintetizadores y las voces sintéticas, al rock más visceral y contundente y a desarrollos más etéreos y ambientales, junto a algunos crescendos de corte épico que sirvieron para meterse en el bolsillo a una audiencia que se mostró completamente entregada durante toda la velada.

El foco principal del show, el músico sobre el que recayeron gran parte de las miradas, fue Tommy Alexandersson, quien se erigió en todo momento como la conexión perfecta entre la banda y sus seguidores. El resto de sus compañeros estuvieron a un nivel excelso: el batería Kasper Eriksson aportó el groove y la intensidad, mientras que el teclista Nicklas Malmqvist, además de aportar esas melodías tan coreables y características dentro del sonido de la banda, colaboró también en el apartado vocal. Pero sin duda los que respaldaron a Tommy e hicieron que el show fuera verdaderamente vibrante fueron los guitarristas Marcus Petersson y Rickard Swahn, que fueron quienes se encargaron de aportar la pasión netamente rockera a temas tan directos, certeros e incontestables como “Tear Of A Traitor”, que fue la escogida para, tras darnos Tommy la bienvenida, poner a todo el auditorio a levantar los puños. Tras dos números en los que el escenario estuvo bañado por las tonalidades rojizas, fue durante “The Emissary” cuando hicieron acto de presencia las luces blancas para invitarnos a viajar a lo largo de sus constantes cambios de ritmo e intensidad, que acabarían abocándonos a la catarsis guitarrera de un Marcus Petersson que quemó su instrumento mientras Tommy se acercaba hasta el filo del escenario para espolear, aún más si cabe, a sus encendidos incondicionales.

Como comenté anteriormente, ambas “hachas” jugaron un papel preponderante y fundamental durante la descarga. Fue en temas como “Shadow Of The Templar”, primero de los recuerdos que se permitieron de lo que fue su primer largo, “Excerpts From A Future Past”, cuando la dupla dio un paso al frente para anticipar al respetable lo que estaba por llegar. La reacción no pudo ser más cálida y entusiasta, lo que propició que los suecos plasmaran su vertiente más cañera y rotunda, con los teclados compartiendo protagonismo con ambas guitarras. Fue durante la parte central del show cuando HÄLLAS dieron cabida a algunos de sus temas más directos y a algunos de sus estribillos más coreables y de tintes poperos, y eso sirvió para que el público, además de no dejar de bailar, cantara de forma ensordecedora. La novedosa “Face Of An Angel” demostró que está llamada a convertirse, si no lo es ya, en una de las imprescindibles de su repertorio de cara a las próximas giras. Esa misma tónica, aunque imprimiendo un punto más de velocidad, seguiría “Carry On”, que daba continuidad a la particular “luna de miel” entre banda y público, haciendo que el personal volviera a levantar los puños al aire antes de que el recinto se viniera literalmente abajo con la cerrada ovación que el respetable tributó a sus héroes.


Seguramente habrá quienes opinen que los suecos son “demasiado marcianos”, especialmente cuando se enfrascan en desarrollos más complejos y extensos, y lo cierto es que no les falta razón. Sin embargo, a lo largo de su descarga, HÄLLAS también tuvieron ocasión de dejar patente su gusto por ese rock elegante, sofisticado, en el que los teclados comparten protagonismo con las guitarras, dando como resultado melodías tan coreables y accesibles como la de “Fading Hero”, que nos dejaba con la estampa de Tommy, Marcus y Rickard, espalda con espalda, en el centro del escenario antes de que el frontman se desgañitara en una vibrante recta final mientras sus compañeros levantaban los brazos para cerrar esta primera parte del show como si de un ritual se tratara. No tardarían mucho en volver a ocupar sus posiciones, espoleados por el ensordecedor clamor de sus seguidores. “The Astral Seer” fue la elegida para su retorno, arrancando de forma comedida para ir creciendo poco a poco y arrastrar a un público que coreó de forma incontestable la melodía que nos propuso Nicklas Malmqvist tras su kit de teclados mientras no dejaba de agitar la cabeza como si estuviera poseído.

Una vez más, Tommy volvió a ejercer como el perfecto anfitrión, nuestro particular maestro de ceremonias, durante los prolegómenos de “Star Rider”, agachándose para hacer rugir al personal y liderar posteriormente a sus compañeros a través de su adictivo e inconfundible ritmo bailable, que sirvió para que en los aledaños del escenario volviera a desatarse la euforia y la pasión de unos seguidores que parecían incansables, y más aún cuando durante el tramo final el frontman elevó su pie de micro para pasearlo por las cabezas de los que ocupaban unas concurridas y animadas primeras filas. Nuestro viaje a través del universo sonoro del combo sueco estaba tocando a su fin. La travesía había sido de lo más intensa y provechosa. Sin embargo, antes de despedirse definitivamente, el quinteto aún se reservó un último as en la manga en forma de la propia “Hällas”. Indiscutiblemente, HÄLLAS están disfrutando del mejor momento de su carrera. Sus directos son una fiesta rockera en toda regla y actualmente cuentan con el respaldo y la veneración de una sólida y cada vez mayor base de seguidores. No me cabe la menor duda de que el show de esta noche en Barcelona, con una sala a reventar, sirvió para asentar las bases para que en su próxima visita puedan dar el salto a una sala de mayor aforo. Y es que, pese a los cánticos de los agoreros de siempre, parece que el rock no pasa de moda y se resiste a ser sepultado por el inexorable paso del tiempo. 




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