No sé si pasa en todos los sitios igual. Pero lo que sí tengo claro es que en nuestro país el nivel de éxito de una banda está estrechamente ligado al número de detractores que tiene y a lo cruentos y despiadados que pueden llegar a ser los comentarios y las críticas en torno a todo lo que le rodea. Y en ese aspecto, por lo menos a día de hoy, hay pocas bandas que puedan competir con Mägo de Oz. Menos de un año después de su última visita a esta misma sala de la ciudad condal, la banda regresaba para presentar en sociedad su última referencia de estudio, “Malicia: La Noche De Las Brujas ”, que pasa por ser el segundo capítulo de la “era Rafa Blas”, tras la buena acogida y el éxito que cosechó su anterior entrega: “Alicia En El Metalverso”.
Una vez más, y van ya unas cuantas, Mägo de Oz volvía a agotar todas las localidades de un Razzmatazz que acabó registrando ese ambiente especial propio de las grandes ocasiones. Como viene siendo habitual también en sus últimas visitas, el público fue de lo más heterogéneo, conjugando diferentes generaciones de seguidores, hasta el punto de que entre los presentes pudimos ver a varias familias, -incluso de tres generaciones distintas-, que acudieron juntas a disfrutar del show. Además, para acompañarles esta noche contarían con la presencia de Leyendärian, la formación donde milita la flautista Queralt Moreno, quien les ha acompañado en varias ocasiones en directo.
Una larga y muy bien organizada cola aguardaba a que se abrieran las puertas del recinto. El inicio de la descarga de Leyendärian estaba previsto para las 19,40 horas, apenas diez minutos después de que se permitiera el acceso del público al local. Así que, aunque el acceso fue de lo más fluido y ágil, cuando los catalanes aparecieron en escena, la pista aún no estaba muy concurrida. Tampoco puede decirse que disfrutaran de mucho tiempo, una media hora aproximadamente. Sin embargo, la banda, con un estilo muy en sintonía con el de los propios Mägo, supo aprovecharlo al máximo y consiguió captar algún nuevo adepto para su causa.
Indudablemente, el principal reclamo para los seguidores de Mägo era la presencia de la flautista. No obstante, el resto de sus compañeros supieron cómo captar la atención del personal, brindándonos algunas melodías de lo más animadas y bailables al dar buena cuenta de varios de los temas que forman parte de su ópera prima: “La Forja De Una Leyenda”. Otro punto que jugó a su favor fue la temática de sus composiciones, que giran en torno a las leyendas y mitos artúricos, tal y como dejaron patente en piezas como la netamente heavy metalera “El Hijo De Pendragón” y “La Forja De Una Leyenda”, en la que dejaban clara su decidida apuesta por las sonoridades de corte medieval.
Especialmente reseñable me pareció la labor de Txell Moreno, quien, además de cantar muy bien, ejerció en todo momento como la perfecta maestra de ceremonias, invitándonos a que participáramos bailando y saltando durante los desarrollos más marchosos, y netamente celtas, que nos propusieron en temas como “Lujuria Y Obsesión”. Contentos y agradecidos con el público y, muy especialmente, con “Los Maestros Mägo De Oz”, según sus propias palabras; Leyendärian dejaron las tablas tras marcarse un show corto, pero efectivo, en el que le dieron al personal argumentos para calentar motores de cara a lo que estaba por llegar, tal y como dejaron patente con su adaptación del clásico “Gerdundula”.
No tendríamos que esperar mucho para disfrutar de la descarga de Mägo De Oz, ya que durante la descarga del combo catalán ya pudimos ver la mayor parte de la escenografía que iban a llevar: una especie de cementerio en el que había repartidas diferentes lápidas con los nombres de músicos ilustres, tanto de la escena nacional como internacional, dentro del universo rockero. Además, muy cerca de los teclados de Francesco Antonelli, había una figura de Nosferatu. Por supuesto, en la parte trasera, aunque ocupando una posición central y privilegiada, estuvo el kit de batería de Txus di Fellatio, engalanado con un peluche, sendos pentagramas en los bombos y una pancarta bajera en la que podía leerse el nombre de la protagonista de su última entrega: Malicia. En el lado opuesto a los teclados de Francesco se ubicó una tarima sobre la que estuvo gran parte del show Xana Lavey.
Aunque no me pareció una puesta en escena excesivamente ambiciosa, en cuanto a efectos se refiere, durante el show tuvimos ocasión de disfrutar de unas fuentes de chispas que aparecieron en diferentes ocasiones a lo largo de la velada y también de una copiosa lluvia de confeti durante los bises. En cuanto al sonido, la verdad es que no fue todo lo bueno que nos hubiera gustado, resultando especialmente embarullado durante los compases iniciales de la descarga. Otro detalle a descartar fue el ambiente festivo y de absoluto buen rollo y camaradería que se vivió en la sala, tanto entre el público como sobre el escenario. Así que el intercambio de guiños, sonrisas y gestos de complicidad entre los miembros de la banda fue una constante a lo largo de todo el show. Además, por si esto no fuera suficiente, también se sumaron a la fiesta diferentes invitados que, en uno u otro momento, han formado parte de la "Gran Familia Mägo".
Si nos centramos en lo que fue el repertorio, no me sorprendió que la banda mostrara una confianza total en su material más reciente, y es que pudimos escuchar hasta siete composiciones de su exitoso “Malicia:La Noche De Las Brujas”. En cuanto a lo que fue el resto del listado, estuvo prácticamente centrado en la soberbia tripleta que conformaron “La Leyenda De la Mancha”(1998), “Finisterra”(2000) y “Gaia”(2003). Tampoco faltó un fugaz guiño a “Gaia III: Atlantia” , y un par de recuerdos a la etapa con Zeta al frente. De modo que podríamos decir que fue una mezcla entre algunas de sus composiciones más populares y lo que es la actualidad de la banda. Volviendo al tema de los invitados que aparecieron en escena en diferentes momentos del show. Por un lado, pudimos disfrutar de la presencia de Queralt Moreno haciéndose cargo de la flauta para que Diego Palacio hiciera lo propio con la gaita en un par de temas. Mientras que los seguidores más veteranos recibieron con un grito de alegría, los brazos abiertos y una amplia sonrisa dibujada en el rostro la visita del saxofonista Tony Corral y del que fuera el primer vocalista de la banda, Juanma Lobón.
En cuanto al desempeño de sus tres hachas: Jorge Salán, Ix Valieri y Víctor de Andrés; cada uno de ellos aportó cosas diferentes, aunque los tres se compenetraron a la perfección. No creo equivocarme al decir que el que más protagonismo tuvo, y por consiguiente disfrutó de más momentos para exhibir su técnica y su talento, fue Jorge Salán, deleitándonos con esa variedad de registros que abarca desde el blues hasta el neoclásico. En definitiva, él fue quien aportó la clase y el virtuosismo propios de los maestros de las seis cuerdas. Ix Valieri fue quien puso la garra, el ímpetu y el espíritu más netamente heavy metalero, tanto en sus poses como en la forma de atacar sus solos. Mientras que Víctor de Andrés fue quien aportó esas notas de sobriedad necesaria, aunque sin perder ese punto de estrafalaria macarrería que curiosamente contrastó con algunos de los punteos más emotivos y elegantes que pudimos disfrutar. Aunque este recorrido no pretende ser un repaso por todos y cada uno de los miembros de la banda, no me gustaría dejar de mencionar la labor del siempre efectivo e infalible Fernando Mainer. Y, por supuesto, del músico que aporta la inacabable sonrisa de la banda, un Mohamed que no paró de corretear arriba y abajo con su violín al hombro mientras nos regalaba munición junto a Diego Palacio, en forma de alocadas melodías, para que no paráramos de mover los pies.
En cualquier caso, una sala abarrotada de fieles incondicionales aguardaba impaciente a que los miembros de la banda ocuparan sus respectivas posiciones. El primero en hacerlo fue Txus, escoltado por el resto de sus compañeros para dar el pistoletazo de salida con “Malicia”. Con el escenario engalanado inicialmente con la imagen de una tétrica iglesia, la banda salió dispuesta a conquistar al público lanzando una andanada de lo más potente y certera. Capitaneados por un Rafa Blas que apareció ataviado con una larga gabardina de color negro chillón, que no se quitó hasta la recta final del show, la apuesta era ambiciosa, pero segura, ya que abrir con un tema tan largo como camaleónico fue el pretexto perfecto para arrancar la noche de la mejor manera posible, dejándonos detalles extramusicales como los diferentes cambios de proyección, dependiendo del pasaje del tema, o ver como Txus formaba una cruz con sus baquetas durante la parte que precedió al momento en que Xana ocupó el centro del escenario para tomar el testigo de Rafa. Sin embargo, fue el vocalista quien, encaramado sobre una pequeña tarima central, se encargó de rematar el tema con unos altísimos registros agudos.
Como si de un salto en el tiempo se tratara y sin darnos ocasión de reponernos del impacto inicial, la locura se desataba en la pista al reconocer el personal los compases iniciales del primer gran clásico en caer esta noche, “Maritornes”, que llegó acompañado de diferentes proyecciones del interior de una taberna. Los más atentos pudieron apreciar cómo en una de las puertas del local podía verse el logo de Extremoduro. Sin duda, un guiño más que la banda quiso tener con el desaparecido Robe Iniesta. En cualquier caso, el recuerdo a “La Leyenda De La Mancha”, fue la excusa perfecta para poner la sala literalmente patas arriba, con todo el personal danzando desaforadamente al son de sus vitalistas melodías para dejar que fuera la tripleta de guitarristas la que, uniendo fuerzas en la parte central del escenario, se encargara de rematar el tema por todo lo alto.
Pero no, no todo iba a ser fiesta y diversión. A lo largo del show, Mägo también tuvieron ocasión de mostrar su faceta más seria y comprometida. Así que, tras darnos la bienvenida, Rafa se encargó de recordarnos la tragedia que sucedió hace algo más de un año en tierras valencianas durante la presentación de “Ríos De Lágrimas”, que servía para que los guitarristas volvieran a repartirse el trabajo y para que la banda hiciera enloquecer al personal con ese guiño a la melodía clásica de “Gaia”. Tras pasar revista a las diferentes brujas y demonios que había esta noche en el local, la banda volvería a echar la vista atrás para invitarnos a transitar a través de las envolventes y emocionales melodías que nos condujeron hasta “Astaroth”, que sonó potente e intenso, con las fuentes de chispas elevándose antes de que Xana y Rafa se reunieran en el centro del escenario para conmovernos con su sentida interpretación.
Fue durante “Abracadabra”, la primera de las concesiones que se permitieron a la etapa “Zeta”, cuando la banda se vio ampliada gracias a la presencia de Queralt Moreno. En cuanto a lo que fue la proyección que acompañó a la interpretación del tema, recordaba a la circense portada de aquel ya lejano “Ilussia”, que la banda publicó hace ya más de una década. Sin embargo, viendo la reacción del público, quedó claro que la pieza ha conseguido hacerse un hueco entre las predilectas de sus seguidores. Con la ikurriña presidiendo el escenario, la banda volvería a adentrarse de lleno en tesituras netamente folkies durante “Maite Zaitut”, que fue contestada con una cerrada ovación por parte de un público que parecía estar pasándoselo en grande.
Durante otra de las charlas, en esta ocasión a la que precedió a “Hechizos, Pócimas y Brujería”, el vocalista albaceteño nos recordó que el año de publicación del disco que tomaba prestado el nombre del tema, 2012, fue en el que ganó el show televisivo de “La Voz”. No tardaría en llegar uno de los momentos más crudos e intensos de la velada. Fue Xana quien se encargó de presentar la desgarradora “Mi Cuerpo Y Yo Nos Dejamos De Hablar…”, dejando claro que era un tema explícito y comprometido, aunque matizando que era necesario para visualizar el sufrimiento que padecen muchas mujeres. Cabe destacar que durante su interpretación se proyectó el número de teléfono donde se pueden denunciar los delitos de violencia de género, el 016, dejando así patente el pleno compromiso de la banda, lo que acabó valiéndoles una de las ovaciones más estruendosas de la velada.
Hasta este momento, el ritmo del show había sido bastante enérgico y dinámico. Sin embargo, fue a partir de “Siempre (Adiós Dulcinea-parte II)”, que arrancaba con Rafa y Francesco solos en escena, cuando el show perdió algo de intensidad, gracias en parte a la emotiva interpretación de la balada rescatada de “Gaia III:Atlantia”, algunos desarrollos instrumentales, el solo de Jorge Salan y algunos parlamentos como el de Víctor de Andrés, que jaleó al personal para hacernos partícipes de su rotundo “NO A LA GUERRA”, con lo que el ritmo ya no fue tan vivaz y fluido como al principio. Otro detalle que personalmente me llamó la atención fue que en esta segunda mitad del show Xana tuvo un papel más testimonial. En cualquier caso, con esto no estoy diciendo que la descarga se tornará aburrida, ni mucho menos. Y es que el público se encargó de cargar las pilas de los propios músicos con la calurosa bienvenida que tributaron a Juanma Lobón y Tony Corral, que se sumaron al “carnaval” para, -al igual que sucede en el disco-, tomar parte de una de las piezas más cachondas, gamberras y divertidas del mismo: “La Ruta De Los Sordos”.
No abandonarían las composiciones de su más reciente entrega discográfica, ya que a renglón seguido los instrumentos tradicionales volverían a dejarse notar con fuerza, reforzados por la guitarra acústica que empuñó el “pirata leonés” durante varios pasajes de “La Noche Celta”. Más de un cuarto de siglo atrás en el tiempo, nos invitaría a viajar la banda para volver a provocar el delirio entre los más veteranos al atacar “La Danza Del Fuego”, que llegaba acompañada de una nueva aparición de las fuentes de chispas. Tras unos segundos con el escenario en penumbra, Jorge Salán se adueñaba del centro del mismo para ofrecernos un ejercicio solista en el que dejó patente que es uno de los hachas más completos y técnicos de la escena nacional, mezclando en el mismo aromas blueseros, garra rockera e influencias neoclásicas, mientras detrás de él se proyectaban imágenes de algunos de los artistas más reputados e influyentes del siglo pasado, amén de la representación del cruce de caminos donde Robert Johnson vendió su alama al Diablo.
Acto seguido, Fernando Mainer se convirtió en el centro de todas las miradas mientras nos flanqueaba el paso hacia los excelsos desarrollos instrumentales contenidos en “Mil Ojos Tiene La Noche”, que nos dejaba a los madrileños creando el marco perfecto para el lucimiento de todos los instrumentistas, mientras que todos bailábamos y saltábamos siguiendo su retahíla de animadas melodías. Para poner el punto y seguido al show, Mägo De Oz optaron por hacernos partícipes de “La Costa Del Silencio”, que, como no podía ser de otra forma, contó con la proyección del ya mítico “Nunca Máis”, recordando el clamor unánime de la sociedad contra la dolorosa tragedia ecológica que propició el desastre del Prestige en noviembre de 2002.
Para dar por inaugurados los bises, volverían a mirar a su material más reciente con “El Vals De Las Almas Rotas”, contando nuevamente con la presencia de Queralt Moreno. La noche estaba tocando a su fin. Pero antes de que la despedida fuera definitiva, todos sabíamos que aún nos quedaban dos asaltos para darlo todo: para saltar, cantar y bailar como si no hubiera mañana, y vaya si lo hicimos. “Molinos De Viento” fue todo un clamor, una explosión de locura, despiporre y frenesí en la pista. El colofón definitivo llegaría con el otro himno imprescindible de los madrileños, el inevitable y celebradísimo “Fiesta Pagana”, que nos dejaba la estampa del personal absolutamente poseído mientras la copiosa lluvia de confeti caía sobre nuestras cabezas para finiquitar la velada de la mejor forma posible.
Sin novedad en el frente. Son Mägo de Oz, así que ya sabes lo que hay. O los amas, o los odias; con ellos no hay término medio. Sí, estamos de acuerdo. Quizás, el sonido no acabó de estar a la altura de lo que uno espera de una banda como Mägo De Oz. Puede que también hubiera favorecido el espectáculo que la segunda parte del show hubiera sido un poco más fluida y dinámica. Sin embargo, la gran mayoría de los que acudieron a la cita se fueron a casa satisfechos y con un muy buen sabor de boca, tras disfrutar del directo de una banda que parece estar viviendo un momento dulce dentro de su longeva trayectoria, ya que sigue contando sus conciertos por “sold out”.




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