Avatar están viviendo uno de los mejores momentos de su carrera. Tras telonear el año pasado a Iron Maiden, el combo sueco está recorriendo el viejo continente presentando su última referencia de estudio “Don’ t Go In The Forest”. A las puertas de conmemorar los 25 años de andadura, y dos décadas después de publicar su debut “Thoughts Of No Tomorrow”, el estrambótico carnaval circense que capitanea el excéntrico Johannes Eckerström regresaba a la actividad en directo en la ciudad condal tras haber tenido que suspender algunas presentaciones a causa de los problemas de salud del frontman.
A lo largo de su dilatada carrera hemos tenido ocasión de ver a la banda en recintos de diferentes capacidades, pasando de la cercanía e intimidad de la Sala Bikini al incomparable marco de los grandes festivales, amén de haberles visto también abriendo por aquí para bandas tan dispares como Avenged Sevenfold o Iron Maiden, como comenté anteriormente. En esta ocasión, el enclave escogido para acoger su descarga fue la sala grande del Razzmatazz, un recinto que, todo hay que decirlo, acabó quedándose un poco grande, ya que pese a estar acotada la planta baja no llegó a llenarse. Sin duda, gran culpa de la elección del local la tuvo que el escenario pudiera albergar el vistoso montaje que presentaron.
Para conformar un cartel que finalmente acabó resultando de lo más llamativo y ecléctico, ideal para un público inquieto y de amplias miras, contaríamos con la presencia de Witch Club Satan y Alien Weaponry. Como viene siendo habitual en los conciertos que se celebran en la sala grande del Razzmatazz, el inicio del show estaba fijado para una hora temprana, así que la vespertina sesión musical arrancó puntualmente a las18 horas. Pese a ello, en la pista del local se congregó una nueva representación de fans que aguardaban impacientes, a la par que curiosos, para descubrir que nos depararía la descarga de Witch Club Satan.
Como decía, la presencia del combo noruego había suscitado bastante expectación entre los asistentes. Resulta cuanto menos curioso que una banda de black metal, -esa es la etiqueta en la que se engloba su propuesta-, movilizará al personal, pero es que el trío noruego no suele prodigarse mucho en directo. Su puesta en escena fue cuanto menos llamativa, con sus tres integrantes vistiendo estrambóticos ropajes de color hueso y unos estrafalarios tocados y máscaras que les conferían el aspecto de criaturas del inframundo.
Como si de un arcaico ritual se tratase Witch Club Satan aparecieron en escena como si fueran una procesión de espectros, posicionándose en el centro del escenario mientras sonaba una inquietante introducción para acto seguido, y de forma parsimoniosa, encaminarse cada una de ellas hacia sus respectivas posiciones para hacerse cargo de sus instrumentos y desatar la tormenta de riffs perniciosos e inquietantes que marcaron “Flesh Blood, Flesh Pussy”, para a renglón seguido sumergirnos de lleno en las lúgubres ambientaciones que desplegaron a lo largo de “Salvation”.
Witch Club Satan centraron su descarga en la potencia y, sobre todo, en la intensidad. Durante su escueta presentación, de apenas media hora, no hubo espacio para la melodía, ni tampoco para las ambientaciones bucólicas. De modo que la visceralidad y la rabia fueron una constante a lo largo de su descarga, con Victoria F.S. Roising, gritando como si estuviera poseída mientras maltrataba las cuerdas de su bajo con un arco de violín. Tras unos segundos de tensa calma, en los que el escenario quedó desierto y en penumbra, la chicas volverían a aparecer, posicionándose en línea frente al respetable, para interpretar “Mother Sea”, sobre las notas de un piano que sonó grabado, concediendo al momento un aire de lo más lúgubre y misterioso.
Un cambio en su vestuario nos presentó a las noruegas ataviadas como si fueran mujeres prehistóricas, tapando sus cuerpos con unas largas cabelleras mientras deambulaban por el escenario, cual espectros malignos, dando buena cuenta de la seminal “I Was Made By Fire”, “Black Metal Is King”, que sonó como una declaración de intenciones, -con mensajes hacia Epstein y Netanyahu durante su presentación-, y la final “Solace Sisters”, con la que cerraban una actuación que no dejó indiferente a nadie.
Los elegidos para tomar el relevo y dar un rotundo golpe de timón a lo que había sido el primer acto de la tarde fueron los chicos de Alien Weaponry. Sin embargo, creo que muchos estarán de acuerdo con un servidor en que si algo marcó la descarga del combo neozelandés fue lo variopinto y original de una propuesta muy personal y potente, que aunó de forma incontestable y solvente elementos del groove, el nu- metal, el rock alternativo e incluso algunos retazos de furia thrashera. No obstante, pese a lo contundente de su propuesta, debo admitir que no me acabó de convencer un sonido que estuvo algo saturado y embarullado, especialmente durante los compases iniciales del show.
Precedidos de un clásico incontestable como es el mítico “Jump” de Van Halen, el trío oriundo de Auckland tomaba posiciones acompañado de la cálida acogida de un respetable que les tributó una cerrada ovación. Dejando claras sus raíces, apostando por el lado más étnico y tribal de su propuesta, el show arrancaba con “Rü Ana Te Whenua”, que fue la escogida para que los abrasivos riffs de Lewis de Jong empezaran a caldear el ambiente mientras banda y público comenzaban a saltar siguiendo su aplastante ritmo. Con las presentaciones hechas, el motor de la banda no dejaría de rugir para dar un empuje y un impulso especial a “Te Riri o Täwhirimātea”.
En cuanto a lo que fue su escueto repertorio, que incluyó tan solo cinco temas, el combo neozelandés confió en el material contenido en su debut “Tü”(2018) y en su más reciente “Te Rā” (2025), con lo que no quisieron dejarse en el tintero los ritmos crujientes y cargados de groove contenidos en la demoledora “Mau Moko”, que ponía a los más animados a saltar de forma incansable mientras su frontman agitaba sus larguísimos tirabuzones. A lo largo del show pudimos apreciar que Alien Weaponry utilizaron varias pistas pregrabadas. Así que no creo que a nadie le sorprendiera que las líneas vocales que Randy Blythe de Lamb Of Gog grabó para “Taniwha” sonaran también “disparadas”.
El último envite de Alien Weaponry estuvo reservado para los ritmos marchoso y netamente nu-metaleros que marcaron “Kai Tangata”, con la que trío ratificaba, una vez más, su apuesta por la contundencia y la diversidad sonora. Fue corto, intenso, y lo cierto es que muchos nos quedamos con la sensación de que no hubiera estado de más haber podido escuchar un par de temas más del combo neozelandés. ¡La próxima vez será!
Hace tiempo que Avatar dejaron claro que su apuesta en directo iba un paso más allá de lo estrictamente musical. Desde siempre la imagen, especialmente la de su frontman, Jhoannes Eckerström, ha sido un valor añadido en los directos del combo sueco. Sin embargo, a medida que su carrera ha ido avanzando los espectáculos y las escenografías que han ido presentando en sus giras han sido cada vez más vistosos, llamativos y ambiciosos. No me cabe la menor duda, de que ha sido precisamente su montaje escénico lo que ha acabado propiciando que su parada en la ciudad condal dentro del marco de su “In The Airwaves EU´26”, se haya llevado a cabo en la sala grande del Razzmatazz.
Empecemos pues hablando de lo que fue su puesta en escena. Engalanaron el marco del escenario con unas cortinas de color carmesí, como si fuera el de un antiguo teatro. En cuanto a lo que fue su set escénico, en la parte central su ubicó la batería de John Alfredsson, montada en dos módulos que se abrían para dejar que por allí se perdieran o aparecieran los músicos. Justo detrás, unos paneles de luces que se movían dependiendo del tema, con lo que la acción no se detuvo en ningún momento sobre el escenario, ya fuera por la acción de los músicos o por el constante movimiento de los soportes que sostenían los focos. También en la parte central superior, pudimos apreciar una especie de emblema de color rojizo que se iluminó en diferentes momentos a lo largo del show. Y por supuesto, tampoco faltó un trono que apareció sobre el escenario mientras los músicos aparecían ataviados con casacas blancas durante la interpretación de “Legend Of The King”. Precisamente, otro de los aspectos a destacar de la descarga del combo sueco fue el vestuario, ya que vimos a Johannes ataviado con diferentes “modelitos”, dependiendo del tema, luciendo accesorios como sombreros, bastones, etc…., amén de vacilarnos con su “chupa de tocar el piano”.
Acompañados por el ensordecedor estruendo de la tormenta, el kit de batería se abría para que Jhoannes, candil en mano, encabezara lo que parecía ser la expedición marinera de sus compañeros para dar el pistoletazo de salida al show con la novedosa “Captain Goat”. Como no podía ser de otra forma, la respuesta del respetable fue de lo más entusiasta, cantando mientras la banda embutida en unas túnicas, y con todo el escenario teñido de azul, permanecía impasible en “primera línea de fuego”. No obstante, no tardaría mucho en explotar la más absoluta locura, ya que tras finiquitar el tema de apertura llegaba el momento de que los músicos se emplearan a fondo en una primera sesión de hadbanging para acompañar “Silence In The Age Of Apes”, que nos dejaba con los primeros juegos de los músicos en los coros al tirar y levantar sus micrófonos abatibles.
Tras desaparecer Johannes del escenario al abrirse la batería, ambos hachas se encargarían de ocupar el centro del mismo para dar el pistoletazo de salida a los ritmos circenses de la siempre efectiva “The Eagle Has Landed”, -que a la postre acabó siendo el único y solitario recuerdo que se permitieron a su “Feathers & Flesh” de 2016-, dejándonos la estampa del frontman reapareciendo en escena con paso marcial antes de ponernos a todos a mover los brazos de lado a lado. Precisamente fue Johannes quien, tras la primera charla del show, nos anunciaba que había llegado el primer momento especial de la velada. Y es que fue durante otra de las nuevas, “In The Airwaves”, cuando el quinteto mostró su flema más netamente metalera, confiando en unas guitarras que sonaron musculosas y compactas al máximo, haciendo que, una vez más, el público se pusiera en movimiento, cantando incansablemente mientras alzaba los cuernos.
Lo bueno de tener un frontman tan explosivo como Johannes Eckerström, es que Avatar tuvieron en todo momento al público comiendo de su mano. Es más, fueron los más devotos los que se encargaron de corear la melodía inicial de una vieja favorita como “”Bloody Angel”, que fue interpretada por un Johannes que salió a escena vistiendo una brillante chaqueta roja, bombín y fusta, al más puro estilo Alice Cooper. Un rotundo cambio de registro nos conduciría a través de las sonoridades con matices industriales de la bailable “Death And Glitz”, que se zanjaba de forma desquiciante, con un pipa acercándose a la batería portando un casco coronado por un platillo para dejar que Mr. Alfredsson al golpearlo diera por finiquitado el corte.
Estaba claro, el espectáculo y la diversión estaban haciendo pasar un buen rato al público. Y es que en poco menos de cuarenta minutos el combo sueco ya nos había mostrado varias aristas de su poliédrica propuesta. Quizás por ello, los más veteranos de entre sus seguidores agradecieron especialmente la llegada de “Blod”. Al igual que ya sucediera en anteriores visitas Johannes se mostró generoso en sus discursos, a la par que jocoso y lascivo. De modo que no faltaron la provocación y los dobles sentidos en varias de sus charlas, como la que marcó los prolegómenos de “The Dirt I’m Buried In”, que provocó que más de uno se lanzara a bailar siguiendo sus ritmos marcadamente ochenteros.
Tras perderse por unos instantes entre bambalinas, la banda al completo, -incluido también Mr. Alfredsson, que tocó un minimalista kit-, se posicionó frente a sus seguidores en el filo del escenario para permanecer prácticamente inmóviles mientras atacaban “Colossus”. La acción, las guitarras asesinas y el movimiento incesante e implacable no tardarían en retornar de manos de esa bofetada sonora que lleva por título “Torn Apart”, provocando que las primeras filas volvieran a estallar contagiadas por la hiperactividad de un frontman que no dejó de animar ni un momento a lo largo de toda la velada. Tras semejante derroche de garra y potencia era un buen momento para mostrarnos la faceta más intimista de la banda. Así que tras abrirse nuevamente la batería, salió a escena un piano. Johannes se sentó frente a él, ataviado con una llamativa chaqueta, para interpretar la novedosa “Howling At The Waves”, que zanjó entonando su melodía a capela.
Muchos fueron los momentos de diversión durante el show. Pero sin duda uno de los más sonados llegaría cuando tras la majestuosa intro “Glory To Our Kings”, la banda apareció uniformada, luciendo casacas blancas, mientras sentado en un trono y portando una corona aparecía en escena Jonas Jarlsby. Y es que durante “Legend Of The King”, que sirvió para el lucimiento del guitarrista, la batería estuvo adornada con diferentes estandartes mientras que en la parte trasera del escenario se fijaron también un par de “retratos reales” con la efigie del hacha. La euforia lejos de amainar continuaría en aumento gracias a la pegada de un trallazo directo y certero como fue el celebradísimo “Let It Burn”. Mientas que la escogida para poner el punto y seguido a un show absolutamente demencial fue la hímnica y profética “Tonight We Must Warriors”.
Solo hubo un aspecto que no me convenció del show de Avatar: las charlas, que en algunos casos fueron excesivamente farragosas. Sin ir más lejos, Johannes se pegó casi diez minutos hablando antes de dar por inaugurados los bises con “ Don’t Go In The Forest”. Como si de una vieja tradición se tratara, la gente volvería a enloquecer cuando el irreverente frotntman anunció que había llegado el momento de abandonarse a “Smells Like A Freakshow”. El capítulo final, la rúbrica a una descarga intensa, vibrante y absolutamente matadora corrió por cuenta de “Hail The Apocalypse”, que hizo cantar al personal mientras una copiosa lluvia de papelitos se precipitaba sobre nuestras cabezas.
Pocas formaciones pueden presumir de mantener la atención del respetable durante las dos horas que duró su espectáculo. Avatar saben hacerlo. Tienen temas, puesta en escena, actitud y un montaje cada vez más vistoso y atractivo. Aunque quizás ha llegado el momento de sacrificar alguna de sus charlas en pos de incluir algún tema más. Sinceramente, pese a la chispa y al espectáculo que siempre ofrece Johannes, creo que sus fans lo agradecerían.




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