Contra viento y marea. Incombustibles ante el inexorable paso del tiempo, Rage, o lo que es lo mismo Peavy Wagner, son toda una institución dentro de la escena europea. Para los que llevamos años dentro de esto del heavy metal, parece que la formación germana, oriunda de Herne, ha estado siempre presente, y esa percepción no es del todo errónea, ya que llevan dando caña desde principios de la década de los ochenta cuando todavía se hacían llamar Avenger. Desde entonces, Peavy y los diferentes músicos que le han venido acompañando en cada momento han visto desfilar estilos, tendencias y modas. Aunque en algún momento Peavy se ha dejado seducir por los “cantos de sirena” y los aires de modernidad que traían los “vientos de cambio”, lo cierto es que su incuestionable apuesta por el heavy metal ha sido clave a la hora de moldear la personalidad de la banda y granjearse la lealtad de unos seguidores que llevan años acompañándoles en esta andadura que supera ya las cuatro décadas.
“A New World Rising”, es el último capítulo discográfico dentro de la prolífica producción del combo alemán, amén de ser también la excusa y el principal pretexto para volver a salir a la carretera. Confiando en la pegada y la intensidad que transmite esa alineación de trío, que conforman desde hace un tiempo el sempiterno y ya legendario Peavy Wagner, el batería Vassilios “Lucky” Maniatopoulos y el guitarrista Jean Bormann; Rage regresaban a nuestro país, -tras su paso el pasado septiembre por Fuenlabrada-, para reencontrarse con su fiel parroquia de incondicionales. La sala mediana del Razzmatazz fue el enclave escogido para el inicio de su periplo por nuestro país. Además, para calentar el ambiente antes de que los germanos repasaran los mejores momentos de “A New World Rising”, amén de no olvidarse de una buena selección de himnos que, por derecho propio, se han convertido en clásicos del heavy metal europeo, contaríamos con la presencia de Rook Road y Wasteland Clan.
Precisamente fue sobre estos últimos, los chicos de Wasteland Clan, sobre quienes recayó la responsabilidad de dar el pistoletazo de salida a la velada. Con su segundo y último lanzamiento hasta la fecha, “A New Era”, recién salido del horno, -se publicó el pasado 13 de marzo-el combo bávaro llegaba dispuesto a darse a conocer, presentándonos una buena selección del material contenido en el mismo. Y es que la totalidad del repertorio que tocaron forma parte de esa flamante segunda entrega. Antes de acudir a la cita, estuve dando un repaso al disco y me dejó unas buenas sensaciones. Sin embargo, he de reconocer que la banda en directo no acabó de colmar mis expectativas.
Habiendo tenido simplemente una primera aproximación musical, no me esperaba que concedieran tanta importancia a su puesta en escena, luciendo todos los integrantes unos ropajes de lo más apocalípticos, al más puro estilo Mad Max. Especialmente reseñable me pareció la monstruosa máscara que lució uno de sus guitarristas, quien por cierto también portó una mini-cámara en el hombro con la que estuvo grabando a los que ocupaban las primeras filas. Otro detalle que no me acabó de convencer fue su sonido. Me pareció excesivamente sintético, nada orgánico, especialmente en cuanto a la batería se refiere. Eso sí, donde no pondré pegas fue en la entrega de la banda, personificada en la figura de su frontwoman Jessabell Blake.
En cuanto a lo que fue su propuesta musical, me pareció bastante variada, combinando fraseos oscuros y tralleros, -a medio camino entre el thrash y el death-, pasajes más netamente heavy metaleros, -contando con hímnicos estribillos-, e incluso algunas pinceladas de corte viking-folk. Empezaron fuerte, mostrando sus cartas para presentarse a quienes todavía no les conocían, dando buena cuenta, tras aparecer en escena precedidos de una intro de corte tribal, de la pieza que les da nombre: “Wasteland Clan”. Con su vocalista animando al personal, y tras deshacerse de su largo guardapolvo, la banda seguiría incidiendo en su vertiente más potente y aguerrida durante “Unleash The Demon”.
Habiendo captado la atención de un auditorio que a esas horas de la tarde todavía presentaba un aspecto algo desangelado, Mrs. Blake se encargó de aunar las gargantas de todos los que quisieron participar a la hora de levantar los puños para entonar el épico estribillo de “All For One”, que servía para que la banda caldeara el ambiente a base de invocar a la hermandad metalera. Muy acorde con la monstruosa apariencia de los miembros de la banda sonó la trepidante “Jeckyll And Hyde”, que nos dejaba con la estampa de la vocalista revolcándose por el suelo mientras sus compañeros machacaban de forma tenaz sus instrumentos.
Uno de los temas que mejor plasmó la amplitud de miras del quinteto fue “Murderer”, que arrancaba de forma relajada para acabar convirtiéndose en un vendaval sonoro. “Stronger Than Before”, nos invitó a transitar a través de un uptempo intenso y rugoso. Mientras que la flema más netamente heavy de los germanos volvería a dejarse notar con fuerza a lo largo de “Wasted”, dejando incluso lugar para algún desarrollo melódico con ciertos matices folk.
Para finiquitar su presentación, Wasteland Clan volverían a invitarnos a levantar los puños para sumarnos al clamor que suscitó el intrépido estribillo de “United In Metal”. Resumiendo, descarga correcta de una banda que de seguro ofrecerá unas buenas prestaciones en los festivales veraniegos y que podemos meter en el mismo saco de lo que nos proponen, -salvando las distancias estilísticas-, bandas como Hammer King, Wind Rose o Warkings.
Desmarcándose de las sonoridades más contemporáneas y los “looks” post-apocalípticos, los encargados de tomar el testigo para seguir calentando el ambiente y los ánimos del personal antes del inminente desembarco de Peavy y sus acólitos fueron los también germanos Rook Road. No me duelen prendas en admitir que no los conocía previamente y, a diferencia de lo que sucediera con Wasteland Clan, me encantaron. Su propuesta musical distó mucho de los postulados más contemporáneos de estos, ya que la música de Rook Road está claramente influenciada por ese hard rock potente y melódico a partes iguales, en el que también hay retazos de clasicismo y épica heavy metalera. De modo que en varios momentos de su presentación pudimos percibir claramente la alargada figura de bandas como Rainbow y Deep Purple. Además, el característico sonido del teclado Hammond también fue un aliciente para hacer que su descarga fuera para muchos, incluido un servidor, la gran sorpresa de la tarde.
Formados en 2020 por músicos con experiencia y una sólida trayectoria a sus espaldas, Rook Road demostraron tener hambre, ganas de convencer al personal y, sobre todo, unos temas repletos de buenas melodías y ese aroma vintage que, por otro lado, tanto gusta a los fans más veteranos en esto del hard rock y el heavy metal. Con su segundo largo bajo el brazo, “Rook Road II”, la banda se plantaba en el escenario del Razzmatazz 2 para desplegar las elegantes melodías que marcaron el inaugural “Heart Of The Sea”, que servía para que el vocalista Patrik Jost reclamara la atención de los que todavía no les conocíamos.
Pero sin duda destacar únicamente la labor de su frontman sería un injusto error, ya que Rook Road se mostraron en todo momento como una banda sólida y perfectamente compactada. Y es que tanto las guitarras de Uwe Angel, muy influenciadas por ese hard rock añejo y marchoso, como los teclados de Hannes Luy, quien por cierto también ayudó en las voces en temas como “World Of Betrayal”, dotaron a la propuesta del combo germano de una personalidad propia. Evidentemente, teniendo en cuenta las coordenadas en torno a las que orbitó su propuesta, durante su presentación, tuvimos ocasión de disfrutar de pasajes preñados de épica. Tampoco faltaron piezas plagadas de cambios de ritmo e intensidad como “Romeo”, que fue la primera concesión que se permitieron al material de ópera prima de 2022, dejando que Mr. Jost nos deleitara con una interpretación preñada de feeling.
Tras protagonizar un arranque repleto de esencias hard & heavy, en el que el quinteto no solo logró captar la atención del personal, sino que también consiguió metérselo en el bolsillo, tocaba cambiar radicalmente de registro. Así que los teclados de Hennes Luy se encargarían de acunar el elegante registro de Patrik Jost durante los compases iniciales de “Sometimes”, para, desde un arranque bucólico y relajado, ir creciendo instrumentalmente. Pero sin duda uno de los momentos cumbre de la descarga de Rook Road llegaría justo a continuación con la “Rainbowniana”, “Killing The Giant”. Toda una delicia disfrutar de una pieza de hard rock épico, en la que su vocalista nos recordó en varios momentos al irrepetible Ronnie James Dio, lo que le sirvió para ganarse el reconocimiento de un público que parecía cada vez más animado y entusiasmado con ellos.
Sin concedernos apenas tiempo para recuperar el aliento, la batería de Thomas Luther arrancaba acompañada de las palmas del personal “Falling”, con la que nos adentrábamos en derroteros más marchosos y netamente rockeros, con Hannes Luy abandonando su puesto tras los teclados para animar al personal. El último guiño que se permitieron al material de su segunda entrega de estudio estaría marcado por la sucesión de gritos, al más puro estilo Gillan, que se marcó Patrik Jost en una emocionante y catártica recta final.
Con banda y público en perfecta sintonía llegaba el momento de encarar la recta del show, y para ello qué mejor que confiar en desplegar las melodías de “Sam Rogers”. Mientras que el colofón definitivo para su presentación en sociedad en tierras catalanas estaría reservado para la pegadiza “Talk Too Much”. Vuelvo a reafirmarme: la descarga de Rook Road acabó resultando una muy grata sorpresa. Al final del show: saludos, reparto de sonrisas y púas, dejándonos a muchos con la sensación de que esperemos que no tarden mucho en regresar.
En condiciones normales, habría que empezar a hablar de la descarga de Rage sentenciando que no iban a tener las cosas nada fáciles tras la soberbia descarga que acababan de brindarnos los chicos de Rook Road. Sin embargo, no nos vamos a engañar, nada más lejos de la realidad. Solo hizo falta que los “pipas” de la banda colgaran la pancarta trasera con la portada de su más reciente “A New World Rising”, para que el público empezara a rugir. Sin embargo, no puedo resistirme a comentar que me sorprendió que la sala no presentara una mejor entrada. Sí, por supuesto, los alemanes son una formación que se deja caer por nuestro país con bastante asiduidad, ya sea en el circuito de salas o en festivales. Sin ir más lejos, estuvieron por aquí a principios del pasado mes de septiembre. No obstante, creo que una formación con una trayectoria tan larga como la suya y llevando por bandera la calidad de sus entregas de estudio y la solvencia de sus descargas en directo debería movilizar a una mayor cantidad de público. Sea como fuere, los que al final nos decidimos a acudir al reclamo que representaba la nueva visita de Peavy y sus muchachos tuvimos ocasión de volver a disfrutar de una sesión de buen y potente heavy metal. Si hablamos de lo que fue el repertorio, cabe remarcar que hubo espacio para recordar algunos de los temas más destacados que han facturado en los últimos años. Hubo también muchos guiños a su etapa noventera. Y, por supuesto, tampoco faltó un único y solitario recuerdo al material de sus entregas ochenteras.
Tras el irregular sonido con el que arrancó la tarde durante la descarga de Wasteland Clan y la sobriedad melódica que desplegaron Rook Road, he de admitir que albergaba ciertas reservas en torno a cómo sonaría el trío germano que actualmente se completa con la presencia del batería Vassilios “Lucky” Maniatopoulos”, y el guitarrista Jean Bormann. Afortunadamente, pese a algún pequeño problema del primero con su kit durante la parte intermedia del show, lo cierto es que el sonido fue potente, rotundo y totalmente disfrutable. Otro punto a destacar fue la labor de Jean Bormann, todo un portento a la hora de atacar su instrumento. Además, también apoyó en algunos momentos a las voces y, sobre todo, en su “misión como animador”, ya que no paró de moverse como un descosido por todo el escenario, alentando al personal para, de alguna forma, compensar la falta de movilidad de un Peavy que se mantuvo bastante estático, siempre posicionado muy cerca de su pie de micro. Y es que en las pocas ocasiones que le vimos alejarse de sus “dominios”, pudimos apreciar cómo le costaba bastante caminar.
Como viene siendo habitual en todas sus visitas, no éramos muchos los que aguardábamos la irrupción del trío en escena. Eso sí, lo que nadie puede negar es que, además de ruidosos, nos mostramos de lo más entusiastas. El trío fue recibido con los brazos abiertos, agasajados por el caluroso aplauso de sus seguidores, y la banda nos correspondió con un arranque explosivo, absolutamente demoledor, confiando para ello en la implacable pegada del tema que abre la entrega que facturaron el pasado año “Innovation”. Desde el mismo arranque pudimos comprobar que, aunque gran parte de las miradas, como era obvio, recayeron sobre Peavy, el motor de la banda fue su “socio” a las seis cuerdas: Jean Bormann. En todo momento pudimos ser testigos de la complicidad y el buen rollo que había entre ambos; incluso el orondo frontman le lanzó un beso. Así que, tras recabar la primera ovación de la noche, fue el propio Peavy quien “le dio permiso” para que ocupara el centro del escenario y nos espetara el rotundo riff que anticipaba la llegada de “Under A Black Crown”. Evidentemente, la euforia inicial se mantendría mientras la banda seguía buceando en su material más reciente, con el público saltando incansablemente mientras coreaba su matador estribillo.
Estaba claro; tras tan solo un par de temas, el personal había dejado clara su firme intención de disfrutar al máximo con sus héroes. Así que Rage no tardaron en echar la vista atrás para proponernos una primera incursión en lo que fue su producción noventera. “Nevermore”, fue la elegida para abrir ese capítulo, desplegando la rotundidad de su marcado riff para acto seguido ponernos a todos a entonar su matador estribillo. Llegaba el momento de los saludos. Así que tras darnos las buenas noches, Peavy nos preguntó cuánto tiempo hacía que la banda no pisaba la ciudad. Seis años, nada más y nada menos. Sus fans llevaban tiempo esperando el reencuentro, y esta noche estaba claro que tenían ganas de cantar, y para ello qué mejor que ser parte importante de la monumental “Until I Die”, que propició que la sala se viniera literalmente abajo cuando Peavy extendió la palma de su mano para que el personal botara siguiendo su contagioso ritmo.
Con su parroquia de incondicionales completamente entregada, regalando a la banda ese clásico cántico futbolero que denota la euforia del respetable, era un buen momento para proponernos un primer golpe de timón. Tocaba dejar aparcada momentáneamente su vertiente más rotunda y aguerrida para sumergirnos de lleno en los desarrollos más intensos y cargados de melodía que nos propusieron a lo largo de “Days Of December”, que servía para que el guitarrista volviera a tomar el centro del escenario para ponernos a mover los brazos de lado a lado. Había que regresar al presente, proponiéndonos en esta ocasión una escala en “Resurrection Day”, primer trabajo en el que participó Bormann, para rescatar “A New Land”, que con el escenario teñido de rojo se convertía en el marco idóneo para que el personal acompañara su apabullante desarrollo con el puño en alto. Varios fueron los momentos mágicos de la velada. Esos en los que banda y público fueron uno, en los que los entregados fans se dejaron notar con fuerza hasta el punto de que era difícil diferenciar los instrumentos. “Solitary Man”, fue uno de ellos, permitiendo a sus adeptos ejercitar la garganta a la hora de entonar junto a Peavy su hímnico y melódico estribillo mientras él y Bormann se posicionaban en el centro del escenario para “barrernos” con sus instrumentos.
Nuestro paseo por los primeros años de la década de los noventa proseguiría con una celebrada “Refuge”, que fue otra de las escogidas para representar “The Missing Link” (93), con Lucky absolutamente desatado llevando a sus compañeros en volandas hasta que estos decidieron bajar el tempo para hacernos cantar, durante un par de vueltas, su estribillo a ritmo de reggae. Tocaba regresar a la actualidad para visitar nuevamente las composiciones de “A New World Rising”, haciendo escala en “Fire In Your Eyes” que arrancaba con la guitarra sin apenas distorsión y que la banda dedicó a todos sus incondicionales. Fue durante esta parte intermedia del show cuando Rage se centraron en dar rienda suelta a esos temas más melódicos, de estribillos altamente coreables, que sirvieron para mantener el nivel de intensidad del show. Sin embargo, eso no quiere decir que el trío se dejara en el tintero la incisiva mordida que desplegaron en piezas como “The Price Of War”, con Bormann dando la réplica a Peavy con unos desgarradores rugidos.
Por supuesto que esta noche tampoco faltó el amor. Eso sí, todos sabemos que Peavy no es de los que aborda el tema de forma “ñoña”, ni lacrimógena. Así que, sonando igual de rudos y compactos que si hablaran de la guerra, es como encararon “End Of All Days”, que nos dejaba con Bormann agitando frenéticamente la melena mientras Peavy se abalanzaba sobre su micro para invitarnos a que participáramos. Para muchos, incluido un servidor, la etapa en que coincidieron en la banda Smolski y Terrana fue de lo más brillante. De modo que los que somos de ese parecer disfrutamos intensamente de un trallazo como “Great Old Ones”, que fue la escogida para representar a “Soundchaser”, una obra que, más de dos décadas después de su edición, sigue conservando intactas su fuerza y frescura.
Encarando ya la recta final de su fogosa descarga, las huestes que lidera el incombustible y carismático Peavy volverían a apretar los dientes para acelerar ligeramente el paso con “Sent By The Devil”. Nuevamente, la respuesta de sus seguidores fue de lo más entusiasta, con el personal acompañando con palmas antes de que fuera Bormann quien volviera a acaparar todas las miradas al apropiarse del centro del escenario para deleitarnos con otra de sus trepidantes carreras por el mástil. Por supuesto, una vez más, “Higher Than The Sky”, fue la excusa perfecta para hacernos cantar, dejando patente que es algo más que un himno para todos los incondicionales de los germanos: un auténtico clásico para cualquier seguidor del heavy metal que se precie. Así que su versión extendida sirvió para que todos cantáramos, de forma incansable, su monumental estribillo antes de que la banda pusiera el punto y seguido al show.
Tras un fugaz paso por los camerinos, el trío regresó rápidamente sobre las tablas para rematar definitivamente la descarga con otra de sus nuevas composiciones, “Freedom”, para acto seguido dejar paso al único guiño que se permitieron al material ochentero de la banda, dando buena cuenta de otra pieza imprescindible y coreable como fue la siempre efectiva y altamente melódica “Don’t Fear The Winter”. Los años no pasan en balde. Cada vez que se deja caer por aquí, nos reencontramos con un Peavy más mayor. Sin embargo, su tesón y la solvencia de los músicos de los que se rodea hacen que Rage no pierdan fuelle y sigan sonando como una apisonadora en directo. En definitiva, los germanos no defraudaron en su regreso a la capital catalana, contando con el apoyo de una audiencia que se volcó con ellos. Quizá por eso me sorprendió que finalmente no tocaran “Straight To Hell”, que estaba en el setlist previsto para esta noche.





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