No se me ocurren muchas formas mejores para dar por inaugurado un fin de semana que una sesión de eléctrico y vigoroso rock n´roll en compañía de una buena representación de colegas. A veces no son necesarios grandes fuegos de artificio, ni faraónicos montajes, ni tan siquiera un puñado de composiciones recargadas que sirvan para que las bandas se explayen a sus anchas y sus miembros se reivindiquen como excelentes músicos. Porque, en esencia, no nos engañemos, cuando uno acude a un concierto lo que quiere es divertirse y olvidarse de las preocupaciones durante el tiempo que los instrumentos están rugiendo. Pues bien, esa fórmula que básicamente se compone de unos riffs potentes y adictivos, una sección rítmica compacta y unas letras repletas de coros repetitivos y que resultan ideales para ser coreados con el puño en alto, hace ya tiempo que se inventó. Muchos han sido los discípulos de bandas míticas como Ac Dc, ya que los australianos han convertido en universales algunos de sus grandes himnos. Y es que no creo equivocarme al decir que cada país tiene varias formaciones en su escena que representan esa particular forma de entender la música, y es que bandas como Airbourne, Jackyl, nuestros ´77, o los protagonistas de las siguientes líneas, los franceses Overdrivers han sabido adaptar la receta para darle su propio enfoque conservando intacto el feeling, la intensidad, la garra y, ante todo, el espíritu festivo, descarado y divertido del rock n´roll más macarra.
