lunes, 4 de mayo de 2026

MACHINE HEAD-RAZZMATAZZ-BCN-30-ABR-2026


Mi relación con Machine Head ha sido irregular. Los conocí sobre el escenario, en aquel tour en el que abrían para Slayer, y desde aquel primer encuentro me convertí en fan incondicional. Como muchos, un servidor vio en ellos a la banda que mejor aunaba la mejor tradición thrasher de los ochenta y lo mejor que aportaban los primeros noventa. Desafortunadamente, en algún momento, probablemente en los albores de este siglo XXI, nuestros caminos se separaron y pasaron varios años hasta que volvieron a reencontrarse con “The Blackening” (2007). Durante todos estos años he tenido ocasión de ver a la banda en diferentes ocasiones, tanto en salas como en festivales, y aunque por regla general siempre me han dejado una grata impresión, he de admitir que una de las veces que menos me convencieron fue en la anterior ocasión en que se presentaron con este formato de “An Evening With”.

No voy a ocultarlo. Mi punto de vista era, pues, bastante escéptico ante el retorno de Machine Head a la ciudad condal. Además, obviamente, tampoco ayudaba que personalmente su última referencia de estudio, “ØUTSIDER”, me hubiera dejado bastante frío. Una opinión que parece bastante generalizada entre muchos de los seguidores de la formación americana, especialmente entre los más veteranos. Sin embargo, tras presenciar su show, no puedo más que retractarme y admitir que Machine Head dieron un auténtico conciertazo, dando cabida a un repertorio absolutamente brutal, en el que supieron ponderar los puntos fuertes de su carrera para acabar dejando satisfechos a los seguidores de todas sus épocas. Durante las casi tres horas que estuvieron sobre el escenario tuvimos: riffs asesinos y de esencia thrasher, momentos crudos, cadenciosos y de puro groove, voces limpias, melodías coreables, estribillos pegadizos, algunos versos rapeados y hasta guitarras acústicas. En definitiva, un compendio de gran parte de lo que han ofrecido Machine Head en los últimos 35 años.

La fecha escogida era el último día del mes de abril, víspera de festivo, y el enclave donde tendría lugar la cita, la sala grande del Razzmatazz. Un aspecto que me gustaría destacar, y que creo acabó siendo crucial para que pudiéramos disfrutar intensamente del show, fue que el local no llegó a llenarse. Registró una notable entrada, aunque que no se agotara todo el papel acabó siendo clave para que los que quisieron desparramar tuvieran espacio para hacerlo sin incomodar a nadie. Mientras que los que prefirieron seguir las evoluciones de lo que sucedía sobre el escenario de forma más tranquila, también pudieron haberlo. En cuanto al montaje, fue bastante vistoso. Una gran pantalla trasera en la que se fueron proyectando diferentes imágenes a lo largo del show —cada tema tuvo sus proyecciones— presidió el escenario. La batería de Matt Altson estuvo colocada en un nivel superior, sobre una alta tarima en cuya parte inferior también hubo proyecciones. El montaje visual se completó con sendas columnas verticales. Todo esto quedaría aderezado por un efectivo juego de luces y por cuatro columnas de humo que aparecieron de forma puntual en varios momentos del show.

En cuanto al sonido, en líneas generales podríamos decir que fue bastante bueno. Especialmente aniquiladoras sonaron las guitarras, perfectamente empastadas con una sección rítmica que sonó rotunda, certera y absolutamente incontestable. Quizá lo único que flojeó un poco ya hacia el final del show, algo por otro lado totalmente comprensible, fue la voz de Robb Flynn, que se notaba ya algo cansada. Sin embargo, el incombustible frontman ejerció en todo momento como el perfecto maestro de ceremonias. Y es que no solo llevó las riendas del show en todo momento, sino que también demostró un control total de los tempos, anticipándose a las reacciones de un público que se entregó al máximo y que disfrutó intensamente de la velada, hasta el punto de que en varios momentos la enfervorizada audiencia coreó de forma ensordecedora: “Machine Fucking Head”.

De forma majestuosa, anticipándonos que íbamos a ser testigos de primera mano de un show verdaderamente grande, las pantallas se encendían para mostrarnos diferentes estandartes con el emblema de la banda. Mientras tanto, los miembros del combo americano iban tomando posiciones acompañados de la cálida acogida de sus incondicionales. “Imperium” fue la encargada de abrir la caja de los truenos, dejando claro que el cuarteto llegaba dispuesto a arrasar con todo a su paso, y la constatación definitiva fue esa apertura apostando sobre seguro. Tras asestarnos un trallazo devastador y darnos la bienvenida, llegaba el momento de brindarnos el primer guiño a su producción noventera en forma de un incontestable “Ten Ton Hammer”, que hacía subir la temperatura en el recinto mientras los primeros pogos y los circle-pits empezaban a formarse frente a un escenario que quedó bañado en unas intensas tonalidades rojizas. Tras reivindicarse como banda thrashera, Mr. Flynn y sus acólitos debían mostrarnos las garras y, para ello, qué mejor que pisar el acelerador y zarandearnos con la devastadora “CHOKE ON THE ASHES OF YOUR HATE”, provocando que el personal se abandonara al headbanging mientras el fuego hacía acto de presencia en las diferentes pantallas que había repartidas sobre el escenario.


Sin fisuras, en apenas tres temas, Machine Head habían demostrado un instinto asesino. Ahora tocaba comprobar si el cuarteto sería capaz de mantener semejante nivel de intensidad a lo largo de un show tan largo. Y vaya si lo hicieron. Y es que el primer tramo de su descargar fue arrollador, directo, sin apenas darnos tiempo para recobrar el aliento. El castigo, pues, podríamos decir que fue severo y mortal. El tema de apertura de “Bloodstone & Diamonds” (2014), “Now We Die”, fue el escogido para llevarnos a través de su ritmo machacón y su dinámica implacable, mientras Flynn rugía y movía al personal a su antojo durante su melódico y coreable estribillo para después desaparecer entre bambalinas y dejar que fuera Wacław Kiełtyka quien se hiciera cargo del desarrollo solista. Rebosantes de fuerza y garra, Machine Head se mostraron rotundos y absolutamente implacables, dejando claro que están en un buen momento de forma. Me gustó mucho cómo Robb y sus compañeros encararon “The Blood, The Sweet, The Tears”, con Jared MacEachern dando la réplica al incombustible frontman a la hora de atacar las voces antes de dejar que la audiencia fuera parte importante y protagonista, escenificando la perfecta sintonía entre la banda y una audiencia de la que empezaron a brotar los primeros “surfers” que navegaban hacia el escenario.

Supieron crear una conexión especial. Machine Head han sido de las bandas que siempre se han dejado caer por aquí, en casi todas sus giras, y eso ha propiciado que hayan forjado un estrecho vínculo con sus seguidores. Además, acostumbran a cuidar los detalles. Así que el personal aplaudió enfervorizadamente cuando, durante la emotiva “Is There Anybody Out There?”, se proyectó parte de la letra a través de las pantallas con la bandera catalana de fondo. La rotunda pegada de Matt Alston nos indicó que había llegado el momento de viajar en el tiempo, de volver a mediados de la década de los noventa para visitar uno de los trallazos que forjó aquel ya legendario “Burn My Eyes”. Como un tren de mercancías fuera de control, “The Rage To Overcome” pasó por encima de nosotros para algarabía de sus fans más netamente “old school”, convirtiéndose en uno de los momentazos de la noche. Y es que tantos años después sigue poniendo los pelos de punta ver a Robb Flynn alzar los brazos cada vez que ataca su devastador estribillo. Ni el nivel de euforia del personal, ni tampoco la intensidad, decrecerían durante la intrépida y aniquiladora “This Is The End”, con la que nos invitaban a centrar nuestro objetivo en sus explosivos cambios de ritmo.

A lo largo del extenso show que nos brindó el combo americano, tuvimos ocasión de vivir momentos verdaderamente intensos, en los que los seguidores de la banda explotaron, haciendo que temblaran los cimientos del local. Sin duda, uno de ellos llegaría de manos de una vieja favorita como “Take My Scars”, que fue la excusa perfecta para que todos empezáramos a botar incansablemente mientras Flynn demandaba que levantáramos los puños al aire para plasmar nuestro apoyo incondicional. Difícil, muy difícil, iba a ser mantener al personal tan arriba. De modo que, de forma acertada, el siguiente paso del cuarteto fue proponernos un rotundo golpe de timón para invitarnos a transitar por los derroteros más introspectivos y sombríos que marcaron el arranque de la seminal “SLAUGHTER THE MARTYR”. Precisamente, fue durante su introducción cuando me dio la sensación de que Flynn utilizó algún efecto o pista de voz grabada. En cualquier caso, durante el extenso desarrollo del tema también tuvimos ocasión de mover los brazos de lado a lado, siguiendo sus indicaciones, y por supuesto de dejarnos arrastrar por esos pasajes rebosantes de furia e intensidad.

Cualquiera que haya seguido la trayectoria de Machine Head convendrá conmigo en que, a lo largo de su prolífica carrera, la banda ha practicado estilos de lo más dispares, aunque siempre manteniendo intactas sus marcadas señas de identidad. Pues bien, para proseguir la velada, Mr. Flynn nos puso en la diatriba de tener que escoger entre dos piezas: la primeriza “Blood For Blood” y “Aesthetics Of Hate”. Los rugidos del personal acabaron concediendo la victoria al tema contenido en “The Blackening”, con lo que los más veteranos nos quedamos con las ganas de disfrutar de un zarpazo thrashero de pura esencia “old school”. La noche proseguiría con el frontman empuñando su “flecha” para ir haciendo crecer la intensidad hasta hacer explotar al auditorio con las rotundas andanadas que acompañaron a “Game Over”. El público estaba disfrutando, se lo estaba pasando en grande. Pero, además, cabe destacar que vimos a unos músicos que también disfrutaron del show; les vimos intercambiar miradas y gestos cómplices, e incluso el propio Flynn vaciló a Wacław Kiełtyka durante los compases iniciales de otra de las que fue responsable de convertir los aledaños del escenario en un auténtico campo de batalla: “Old”.

Tras unos segundos de tensa calma, en los que el escenario quedó sumido en la más absoluta penumbra, Robb Flynn retornaba a escena, empuñando ahora una guitarra acústica para enfrascarse en un largo speech que acabó desembocando en el single “Circle the Drain”. Esa ambientación más cercana, intimista, que el incombustible y carismático Flynn había sido capaz de crear, se prolongaría durante una conmovedora versión de “Darkness Within”, que fue la escogida para invitarnos a hacer escala en el material contenido en “Unto The Locus” (2011). Nuestro particular viaje por los sentimientos más duros y las emociones tendría continuidad con la pieza que prestaba título a su trabajo de 2018, “Catharsis”, volándonos la cabeza con la dinámica de sus explosivos cambios de ritmo y la entrega de un personal que se dejó notar a base de bien.

En la presente gira, Machine Head están celebrando su trigésimo quinto aniversario. Sin embargo, también están aprovechando para presentar su última entrega discográfica “UNATØNED”. Aunque el disco, como viene siendo habitual con sus últimos trabajos, ha recabado opiniones de lo más dispares entre su parroquia. En cualquier caso, el cuarteto no quiso dejarse en el tintero la crudeza y el ímpetu contenidos en “ØUTSIDER”. Pese a ello, creo que el tema quedó un tanto diluido ante el abrumador rodillo sónico que supuso la imponente “Locust”, que llegó acompañada de unas apabullantes proyecciones en las que las langostas parecían que iban a salir de las pantallas para abalanzarse sobre el público. “BØNESCRAPER” sería escogida como la última representante de su disco del pasado año, dando cabida a unos desarrollos metal-core que propiciaron que el respetable alternara momentos en los que saltaba poseído con otros en los que coreaba de forma incansable su característica melodía mientras Flynn se mesaba su larga perilla y miraba complacido.

Nuestro viaje por la carrera de Machine Head encaraba su recta final con otra de las que el tiempo ha convertido en favorita para sus seguidores: “Bulldozer”. La mecha seguiría ardiendo; las espadas estaban en todo lo alto. Banda y público estaban en perfecta sintonía y querían seguir afianzando y estrechando esa conexión. Así que todos nos pusimos a saltar, ya que tocaba rememorar su etapa nu-metalera con un arrollador “From This Day”. Para mí, y creo que para muchos de los presentes, fue uno de los momentos de la noche. No podía ser de otra forma. Su primer gran hit, “Davidian”, ponía la sala patas arriba con la banda thrasheando como posesos, mientras que en las pantallas lucía triunfal la portada de su icónico debut en primera instancia para posteriormente dejar paso a un collage que incluía carteles y entradas de conciertos de aquella primera época. No fue este el final. Para el catártico cierre, Mr. Flynn y sus acólitos se reservaron un tema extenso que resume a la perfección su trayectoria, definiendo su sonido y en el que tienen cabida muchos de los elementos que han moldeado su personalidad como banda: “Halo”, que cerraba la noche por todo lo alto, dejándonos con la sensación de que las casi tres horas de show que prometían los americanos se habían acabado haciendo hasta cortas.

Sinceramente, creo que Machine Head hace tiempo que dejaron de ser una entidad global, una banda al uso. Siempre fue el indiscutible líder, pero en esta última etapa diría que la banda se ha convertido en el proyecto personal de Robb Flynn. En cualquier caso, y volviendo al inicio, aunque sus últimas entregas de estudio no han acabado de convencerme, hay que reconocer que Mr. Flynn ha sabido rodearse de unos músicos solventes, -especialmente en el caso del bajista Jared MacEachern, que se ha convertido en su “fiel escudero”,- para dar continuidad a una trayectoria que ha posicionado a Machine Head como uno de los pesos pesados dentro de la escena metal internacional.





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