miércoles, 17 de junio de 2026

CORROSION OF CONFORMITY-RAZZMATAZZ 2-BCN-16.JUN-2026


En el universo del metal existen un montón de bandas que son iconos imprescindibles, formaciones que es imposible obviar si nos referimos al estilo y a su evolución. Sin embargo, hay formaciones que, sin ser mayoritarias, pueden presumir de haber tenido un profundo arraigo entre el público, de haber sido influencia indiscutible no solo para las bandas que han aparecido después, sino que también han dejado su impronta en tótems indiscutibles, aunque algunos se empeñen en negarlo. Cualquiera que estuviera metido a fondo en la escena metal de los noventa, convendrá conmigo que Corrosion of Conformity fueron una banda imprescindible, hasta el punto de que muchos les consideran una agrupación de culto. Su transición desde el hardcore/punk más rabioso a las sonoridades más oscuras y pantanosas, haciendo confluir lo mejor de Black Sabbath y Thin Lizzy, abrió las puertas del pasado a la generación de los metaleros noventeros. Además, consiguieron crear una identidad sonora propia: oscura, densa y totalmente reconocible, siendo precursores de ese stoner/doom con toques sureños que fue el punto de partida para muchas bandas, amén de dejarse notar, también, en el material que los mismísimos Metallica facturaron durante la etapa “Load”.

Hacía bastante tiempo que el combo americano no se dejaba caer por los escenarios de la capital catalana. Su visita había despertado bastante interés. Además, la banda regresaba con un fantástico disco bajo el brazo, “Good God/Baad Man”, que sin duda hace justicia a su legado. Sin embargo, lo más interesante era comprobar cómo sería la química entre los nuevos miembros de la formación tras el fallecimiento del batería Reed Mullin en 2020 y la salida del carismático Mike Dean. Impasible al paso del tiempo, al frente de la banda desde sus inicios en los albores de la década de los ochenta, sigue estando el guitarrista Woody Weatherman. Su socio a las seis cuerdas y encargándose de las voces, Pepper Keenan es quien ha asumido el rol de líder indiscutible de una banda que actualmente se completa con el bajista Bobby Landgraf, quien ya coincidió con Pepper en Down y se ha adaptado como un guante al engranaje de la banda, y el arrollador batería Nick Shabatura.

Precisamente y para sorpresa de muchos, el primero en ocupar su posición en el escenario tras una larga introducción fue el barbudo bajista, Bobby Landgraf, para, ataviado con un sombrero, mostrarnos su tarjeta de presentación en forma de breve interludio instrumental. No tardarían en secundarle el resto de sus compañeros para hacer explotar al respetable, -que completó media entrada larga de la sala mediana del Razzmatazz-, con una primera muestra de su nuevo material. “Asleep On The Killing Floor” servía para romper el hielo, presentándonos a un cuarteto que se mostró rudo, potente, apostando por un volumen atronador en las guitarras mientras la sección rítmica sonaba profunda, cavernosa y absolutamente seminal, dotando a la banda de esa contundencia, pegada y aplomo que siempre les ha caracterizado.

Resueltas las incógnitas que dejaban claro que la banda, pese a los cambios, sigue conservando su esencia y ese sonido tan característico como denso, llegaba el momento de brindarnos un primer recuerdo al pasado. Así que el cuarteto, sin concedernos ni un segundo de tregua y contando con el apoyo de una animada audiencia que les jaleó incansablemente, nos pasó a cuchillo durante la trepidante “My Grain”, alternando los riffs rocosos de sus estrofas con los desarrollos más ágiles y cañeros que sirvieron como preámbulo para que Pepper nos hiciera cantar su aplastante estribillo. El recibimiento del público catalán fue de lo más efusivo. De modo que, tras darnos las buenas noches, el frontman nos espetaba un rotundo “Who’s Got The Fire”, que hizo rugir intensamente a la enfervorizada parroquia.


Me encantó la conexión y la química que tuvieron banda y público. Pepper fue en todo momento el catalizador que forjó esa alianza. Por supuesto que se mostró cercano, mordaz e incisivo a la hora de dirigirse a sus seguidores. No se cortó a la hora de cualificar la noventera “Seven Days”, como una “mierda” realmente heavy, y lo cierto es que, viendo la rotundidad de sus pétreos riffs, no seré quien se lo discuta al carismático frontman. El grueso de su repertorio fue una estudiada combinación entre algunos de los clásicos más destacados de “Deliverance” (1994) y su nuevo trabajo. “Love Yourself” y la arrolladora “You Or Me” sirvieron para ratificar de forma incontestable que sus nuevas composiciones han calado hondo entre sus irredentos seguidores.

Por supuesto que a lo largo del show también hubo tiempo para que el cuarteto nos brindara algún guiño a “Wiseblood” (2000), con lo que no se dejaron en el tintero los apabullantes guitarrazos de una celebrada “Diablo Blvd”. La euforia y el nivel de excitación continuarían en aumento cuando el personal reconoció la abrumadora “Shake Like You”, que agitaba abruptamente al personal, y la icónica y marchosa “Sr. Limpio”, completando una dupla absolutamente imbatible del mítico “Deliverance”, el álbum que para muchos, un servidor incluido, fue la puerta de entrada a su música.

Entre los vítores del excitado personal, un largo acople haría las veces de introducción para la monolítica “13 Angels”, sumergiéndonos de lleno en la tiranía de los riffs pantanosos y rotundos a la vez que nos invitaban a mover la cabeza siguiendo su ritmo machacón. Efusivamente, Pepper se disculpó por haber estado tanto tiempo sin visitarnos antes de que el cuarteto volviera a incidir en su nuevo material para agasajarnos con los aromas sureños de “Baad Man”, que fue rematada por el solo de Mr. Weatherman. Aunque el sonido fue rudo, las guitarras estuvieron muy altas; lo cierto es que me encantó ver sobre las tablas a cuatro músicos de verdad. Esta noche no hubo nada grabado. Además, los miembros de la banda se miraban y gesticulaban para cuadrar los cambios, dejando constancia de que sus composiciones están vivas. Así que no fue ninguna hecatombe que la guitarra de Pepper se perdiera momentáneamente durante “Born Again For The Last Time”, que a la postre fue el único y solitario recuerdo que se permitieron de “Wiseblood” (1996). 

Pese a ser una composición de nuevo cuño, “Gimme Some Moore” derrochó la rabia punk y la mala leche que la banda tenía en sus primeras entregas, aquellas que grabaron antes de que Pepper se incorporara. Así que la velocidad corrosiva del tema nos pasó por encima como si fuera un tren de mercancías fuera de control. Los ánimos estaban muy caldeados. Había que poner el punto y seguido a la velada, y la mejor forma para hacerlo fue con aquel himno que grabaron para “Blind” y que, desafortunadamente, sigue conservando plena vigencia tras 35 años: “Vote With A Bullet”, que volvía a encender a una pista en la que incluso pudimos ver a algún surfer navegando hacia el escenario.

Tras un rápido paso por los camerinos, el cuarteto regresaba para rematar la velada con una doble ración de nostalgia noventera. “Albatros” se erigía como su particular monumento a los riffs pesados y los tempos pesadumbrosos de clara esencia sabbathica. Mientras que la imponente “Clean My Wounds” ponía la sala patas arriba para cerrar por todo lo alto el show.

Durante los noventa vivimos el redescubrimiento de bandas clásicas que en ese momento eran ya dinosaurios del rock, como Black Sabbath. Sin duda, Corrosion of Conformity fueron una de las formaciones que contribuyó a que los jóvenes de los noventa nos dejáramos seducir por los riffs oscuros y cadenciosos de aromas setenteros. Y eso les valió ser considerados como una banda de culto. Sin embargo, en pleno 2026, Corrosion of Conformity no han perdido ni un ápice de fuerza y personalidad, tal y como demostraron a su paso por la ciudad condal, ofreciendo un show impecable en el que plasmaron su actitud y su amor desmedido por la música en directo.






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