La madurez les ha sentado particularmente bien. Lejos de los grandes montajes, los trajes de lentejuelas y los peinados excesivos, los actuales EUROPE son una banda de vaqueros y camisas negras en la que lo realmente importante es la música. Su último trabajo de estudio, “Come This Madness”, vuelve a ratificarlo, acercando su sonido más al de nombres míticos como Rainbow o Deep Purple que al de otras bandas coetáneas como Bon Jovi o Def Leppard. En cualquier caso, su actual gira por el Viejo Continente se articula en torno a dos objetivos. Por un lado, presentar en directo su más reciente trabajo de estudio, publicado hace tan solo unas semanas. Por otro, aprovechar la ocasión para celebrar junto a sus seguidores el cuadragésimo aniversario del que ha sido, con diferencia, el disco más exitoso y laureado de su carrera: “The Final Countdown”, que están interpretando íntegramente. La apuesta era, por tanto, astuta y segura, ya que los suecos contaban con el apoyo de sus seguidores más veteranos, al tiempo que tendrían oportunidad de mostrar una buena muestra de lo que están haciendo en este tercer milenio.
A diferencia de lo sucedido en sus últimas visitas a la capital catalana, en esta ocasión EUROPE apostaron por llevar su concierto a un recinto de mayor capacidad, trasladándolo a la plaza Mayor del Poble Espanyol, un enclave que ya conocían, pues hace unos años actuaron allí junto a WHITESNAKE y DEF LEPPARD. Pese a que la tarde amenazaba tormenta, el hecho de que el recinto estuviera cubierto propició una notable afluencia de público. Como invitados para tan señalada conmemoración, los suecos contaron con THE DAMN TRUTH, la formación canadiense que lidera la guitarrista y vocalista Lee-La Baum, que, tras alcanzar cierta relevancia con su último trabajo homónimo, aprovechó la ocasión para presentarse ante el público barcelonés.
Casi como si se tratara de una broma, a modo de anticipo de lo que estaba por llegar, los instantes previos a la salida del cuarteto canadiense estuvieron amenizados por el clásico de Jefferson Airplane «White Rabbit». Y es que la banda salió a escena con su guitarrista y vocalista, la ya mencionada Lee-La Baum, luciendo unas orejitas de coneja. Dejando a un lado su indumentaria, otro detalle que cabe destacar es que ninguno de sus compañeros iba vestido de negro. Aunque, sin duda, quien más destacó en ese aspecto fue el guitarrista Tom Shemer, que apareció con un llamativo traje rojo.
Musicalmente hablando, el cuarteto de Montreal dejó clara su predilección por un rock potente, variado y de raíces clásicas, con múltiples guiños al blues e incluso a la psicodelia. La banda ha forjado su sonido y su personalidad acompañando a artistas tan emblemáticos y longevos como The Cult, ZZ Top, Alice Cooper o Glenn Hughes. Por supuesto, los canadienses no se dejaron comer la tostada ni se amilanaron ante un público que, en principio, se mostró algo frío, pero que fue animándose a medida que avanzaba la descarga, gracias, en gran medida, a la simpatía y al feelingde Lee-La.
Luciendo una amplia sonrisa y llenando el escenario de color, el cuarteto de Montreal tomó posiciones para dejar patente, desde el mismo arranque, su predilección por los postulados más clásicos y añejos del rock. Al mismo tiempo, intentó hacer partícipes a quienes iban accediendo al recinto de los estribillos de la pegadiza “Be Somebody”. Evidentemente, la propuesta de THE DAMN TRUTH resultó bastante asequible para un público variado y heterogéneo. Así que, a base de combinar la rotundidad guitarrera con el registro vocal de Lee-La Baum, la banda no tuvo problemas para conectar con unos asistentes que se dejaron arrastrar por el torrente rockero de “Love Outta Luck”, que arrancó con el bajista Pierre-Yves Letellier marcando el paso, secundado por las entusiastas palmas del público.
Dejando a un lado la garra y la flema netamente rockera que el cuarteto desplegó durante los compases iniciales del concierto, llegó el momento de cambiar de registro. Las atmósferas se tornaron más relajadas e intimistas mientras la banda daba buena cuenta de las sonoridades más «hippiosas» de “The Willow”, cerrando así una fulgurante tripleta inicial extraída de su más reciente y exitoso trabajo homónimo. No tardaráin en recuperar el pulso de la descarga. Con los tres músicos de cuerda de espaldas al público y mirando hacia el batería, Dave Traina, arrancó “This Is Who We Are Now”, que dio argumentos a los más animados para mover los pies al ritmo de su cadencia marchosa y enérgica. No bajaron el nivel de garra ni, por supuesto, de intensidad, ya que “All Night Long” aportó ese toque de frescura y espontaneidad que permitió al cuarteto conquistar a un público cada vez más numeroso.
Evidentemente, Lee-La no dejó pasar la ocasión de recordar el motivo de la velada y, como era previsible, la frontwomanrecibió una cerrada ovación. Antes de dar por concluida su breve presentación, THE DAMN TRUTH todavía tuvieron tiempo de volver a mostrar sus influencias más añejas, apostando por el feeling con el que impregnaron “Lonely”. La elegida para despedirse del público barcelonés fue “Tomorrow”, otra muestra de actitud y garra rockera.
Rock potente, de raíces clásicas y con una mujer al frente. THE DAMN TRUTH llegaron al Poble Espanyol siendo unos completos desconocidos para la gran mayoría de los presentes y se marcharon acompañados de una cálida ovación
Aunque durante toda la tarde el cielo estuvo plomizo y amenazaba lluvia, lo cierto es que la climatología acabó respetando la velada. En cualquier caso, eso no resultó especialmente relevante, ya que la plaza Mayor del Poble Espanyol estaba cubierta. Aun así, siempre es de agradecer que finalmente no lloviera y que el tiempo acabara siendo benévolo, permitiendo a los suecos celebrar por todo lo alto el cuadragésimo aniversario de “The Final Countdown”. No hubo sorpresas: ya lo habían anunciado y así quedaba reflejado en los carteles de la gira. Ese iba a ser el principal reclamo de la noche. Los que hemos seguido su trayectoria sabemos que, más allá de los superéxitos, EUROPE cuentan con un amplio repertorio de composiciones destacadas, que van desde la energía primeriza y juvenil de “In The Future To Come” o “Scream Of Anger” hasta la sobria sofisticación de esta última etapa, representada por temas como “My Woman My Friend” o “California 405”. Estas dos últimas canciones son bastante desconocidas para el público generalista, pero sirven para mostrar la madurez de una banda que sigue publicando muy buenos trabajos de hard rock.
Sea como fuere, las expectativas eran altas. Todos sabemos que la nostalgia juega un papel importante entre los seguidores del rock mainstream, y EUROPE llevan lustros moviéndose en ese terreno. En cuanto a la puesta en escena, fue sobria, pero cuidada. El equipo de teclados de Mic Michaeli estuvo situado a un lado del escenario. En la parte trasera se colocaron cinco pantallas verticales, separadas entre sí, en las que se proyectaron tanto imágenes diversas como escenas de lo que estaba aconteciendo en el recinto, tanto sobre el escenario como entre las primeras filas. Algo muy destacable fue cómo sonaron los suecos: potentes, rockeros y nítidos. Obviamente, el registro vocal de Joey Tempest ya no es tan agudo como antaño. Es más, pudimos comprobar cómo recurría a la técnica para cantar, ya que entre tema y tema se le notó algo ronco. Sin embargo, el vocalista rayó a un excelente nivel, tanto en lo vocal como en su faceta de frontman. No dejó de animar al personal ni de alentarlo, y nos deleitó con las diferentes acrobacias y piruetas que realizó durante todo el concierto con su pie de micro, emulando esos movimientos que seguramente están inspirados en uno de sus grandes referentes: Mr. David Coverdale, aunque aportándoles su toque personal.
Precedido de una introducción que no hizo más que aumentar la expectación y la ansiedad de quienes se arremolinaban en torno al escenario, el combo sueco irrumpió en escena, con todos sus miembros vestidos de riguroso negro y Mr. Tempestluciendo una americana negra, esta vez sin tachuelas, cadenas ni remaches. La banda nos dio la bienvenida al concierto con uno de los cortes más cañeros y netamente rockeros de su recién estrenado “Come This Madness”. Pese al paso de los años, hay cosas que no cambian. La sonrisa de Joey Tempest volvió a iluminar el recinto. El vocalista sigue irradiando ese feeling y esa simpatía que lo convirtieron en un ídolo juvenil hace cuarenta años, y sabe cómo sacarles partido. Ya durante los compases iniciales de “Scandinavian Eyes”, buscó la complicidad y la interacción con unos seguidores que lo acogieron, tanto a él como a sus compañeros, con la calidez propia de las grandes estrellas.
En cuanto al resto de la banda, hay que destacar la figura de John Norum, que, aunque se mantuvo siempre en un estudiado segundo plano, fue quien se encargó de aportar el punto de intensidad y punch rockero. Así lo hizo, especialmente, al atacar los riffs rotundos y potentes que empastaron a la perfección con los teclados de Michaeli para sumergirnos en las ambientaciones más «rainbowianas» del tema que daba título a su anterior entrega de estudio, “Walk The Earth”. Tras ofrecer a sus seguidores una buena muestra de la etapa más reciente de la banda y después de darnos las buenas noches, tocaba poner el recinto literalmente patas arriba con el primer gran clásico de la noche, el primer guiño a su etapa ochentera: “Superstitious”, uno de sus hits imprescindibles que nunca suele faltar en sus giras. La canción nos dejó la imagen de un frontman que aparcó su pie de micro para recorrer incansablemente el escenario y saludar a sus seguidores antes de recibir la primera gran ovación de la noche.
Mientras el público rugía intensamente, el escenario quedó momentáneamente a oscuras hasta que una introducción de cuerda grabada anunció la llegada de “One On One”, el tema que sirvió como adelanto de “Come This Madness”. La canción dio un giro rotundo al concierto, sustituyendo las luminosas melodías del clásico de “Out Of This World” por los tempos densos y pantanosos de una pieza cuyo videoclip ha protagonizado Peter Stormare. Los teclados de Michaeli, junto a la solidez rítmica que aportaron el siempre sobrio, pero efectivo, John Levén y el sonriente Ian Haugland, contribuyeron a que el nivel de intensidad y garra siguieran aumentando con la interpretación de “Last Look At Eden”, la canción que daba título a su octavo trabajo de estudio, publicado en 2009.
Seguramente, para quienes condensan la trayectoria de los suecos en lo que hicieron durante la década de los ochenta, temas tan crudos, descarnados e incluso épicos como “War Of Kings” deben de sonarles algo extraños. Sin embargo, para sus seguidores más puramente rockeros resulta verdaderamente gratificante comprobar cómo la banda ha sabido crecer, evolucionar, adaptarse a los tiempos y no quedarse anclada en el pasado, volviendo la mirada hacia sus influencias más clásicas. Ver a Tempest encaramarse a la tarima de la batería sin dejar de bailar fue la constatación definitiva de que la banda disfruta intensamente de ese hard rock potente, rotundo y afilado.
Aunque entiendo que no es una opinión unánime, para un servidor “Prisoners In Paradise”, el disco que podríamos decir que cierra su primera etapa, es un gran álbum. Un gran desconocido que llegó tarde: se publicó un día antes que “Nevermind”, de Nirvana, y acabó sepultado por el torrente grunge que llegaba desde Seattle. Sin embargo, esta noche no me convenció la interpretación del tema que da título al disco. Tempest lo cantó empuñando la guitarra, acompañado por Michaeli a los teclados, antes de que se sumara el resto de la banda. Personalmente, creo que la versión quedó bastante descafeinada y carente de esa rotundidad melódica que atesora la grabación de estudio.
Mr. Tempest no se desprendería de la guitarra, ya que, durante “The Cult Of Ignorance”, una de las novedades del repertorio, pudimos verlo colocarse junto a Norum para aportar entre ambos un plus de fuerza rockera. Mientras tanto, en las pantallas traseras, al igual que sucede en su videoclip, aparecían imágenes de diferentes personajes cada vez que llegaba el momento de corear su contagioso estribillo. Acto seguido, las pantallas volvieron a llenarse de imágenes, aunque en esta ocasión los protagonistas eran los propios miembros de la banda. En ellas pudimos ver sus melenas leoninas, los abrigos largos de lentejuelas, los recintos abarrotados y sus rostros sonrientes y joviales. En definitiva, había llegado el momento de viajar al pasado y entregarse a la nostalgia.
Como preludio al bloque dedicado a “The Final Countdown”,el quinteto quiso obsequiarnos con “On Broken Wings”, un corte que quedó fuera del álbum y que se publicó como cara B del sencillo “The Final Countdown”. Con el tiempo, se ha convertido en una de las canciones imprescindibles para sus seguidores, tal y como quedó patente en la acogida que recibió. La euforia se había desatado. El personal tenía ganas de cantar y bailar, y vaya si lo hicimos durante el enérgico “Rock The Night”. El tema nos dejó una de las estampas de la noche, con todo el auditorio alzando los puños para acompañar su icónico e imparable estribillo, mientras Tempest nos miraba complacido, con una amplia sonrisa dibujada en el rostro.
Una de las baladas más radiadas de la historia no tardaría en hacer acto de presencia para regocijo de las parejas presentes. “Carrie” volvió a ser para muchos un momento mágico e irrepetible, aunque personalmente he de reconocer que tanto almíbar acaba cansando, más por repetición que por la calidad de una canción que, por derecho propio, forma parte de la cultura pop. Si antes comentaba que “Prisoners In Paradise” no terminó de convencerme, otra de las damnificadas de la noche fue “Danger On The Track”. Es de agradecer que, en la celebración del cuadragésimo aniversario, la banda tuviera un recuerdo para su equipo técnico y un guiño a sus tiempos de local de ensayo. Sin embargo, verlos interpretar el tema de forma tan desenfadada, con los técnicos sacando brillo a la batería de Ian mientras Joey cantaba sentado y con papeles en la mano, como si no recordara la letra, me pareció más anecdótico que simpático. Más aún cuando acabaron recibiendo en el escenario a una repartidora de pizza.
Afortunadamente el quinteto no tardó en recuperar el pulso del concierto. Así, un encendido Tempest nos invitó a viajar hasta China al anunciar que había llegado el momento de “Ninja”. El tema nos dejó a un Norum absolutamente desatado, recorriendo incansablemente el mástil de su guitarra para demostrar que sigue siendo uno de los mejores guitarristas de su generación. Con el público rugiendo, absolutamente entregado a sus héroes, el frontman nos presentó a Ian Haugland. El simpático batería aporreó con fuerza su kit para dar paso a “Cherokee”, que, como no podía ser de otra forma, llegó acompañada de imágenes de las llanuras en las que vivían los protagonistas de la canción, mientras el respetable rugía hasta el punto de que la voz de Tempest resultó prácticamente inaudible.
Al interpretar el disco de forma íntegra, tampoco faltaron algunas referencias a su proceso de grabación. Durante el parlamento que desembocó en “Time Has Come”, el vocalista, guitarra acústica en mano, rememoró su estancia en los Fantasy Studios de Berkeley, en el área de la bahía de San Francisco, donde se mezcló el álbum. Otra de las anécdotas de la noche llegó al encarar la recta final del show, cuando el propio Tempest bromeó sobre su parecido con Raphael para, posteriormente, acallar las carcajadas de los presentes con un incontestable “Heart Of Stone”. Las dinámicas de las guitarras cambiaron drásticamente durante la marchosa “On The Loose”, cuya tibia acogida me sorprendió. Seguramente, muchos de los presentes ignoran que la canción daba título a un mediometraje en el que aparecía la banda y a un EP que vio la luz en 1985 y que incluía un par de versiones primigenias de temas que acabaron formando parte del álbum que protagonizaba la velada. Los teclados de Michaeli fueron los encargados de invitarnos a adentrarnos en el reptante medio tiempo “Love Chaser”. Por supuesto, el fin de fiesta fue por todo lo alto con el imprescindible “The Final Countdown”, con todo el público saltando junto a la banda mientras alzábamos los brazos para volver a corear su inmortal estribillo.
Para muchos de los presentes, fue un sueño hecho realidad. EUROPE dieron a los más veteranos la oportunidad de rememorar el pasado y permitieron también a los más jóvenes experimentar las sensaciones que sus padres o abuelos vivieron cuarenta años atrás. Para otros, como un servidor, fue un buen concierto de una banda madura que sigue conservándose en plena forma. Sin embargo, no creo que la actuación fuera tan especial como la propia banda quiso hacernos creer, ya que los más devotos ya pudimos disfrutar de algo similar cuando se conmemoró el trigésimo aniversario del disco. En cualquier caso, y a título personal, debo reconocer que habría preferido un repertorio más variado, en el que hubieran tenido más peso los temas de la última etapa y, por supuesto, alguna joya de aquellos fantásticos dos primeros álbumes que cimentaron la leyenda del combo sueco.




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