miércoles, 10 de octubre de 2012

PARADISE LOST+SOEN-RAZZMATAZZ 2-BCN-6-OCT-2012




Después de publicar la primavera pasada  su último trabajo “Tragic Idol”, y de un par de  incursiones en nuestro país, en el marco de los festivales veraniegos, (Sonisphere y Costa De fuego), el quinteto de Halifax, regresaba en esta ocasión, a la intimidad de una sala más pequeña para liderar su propio show, en un entorno más acorde con su propuesta musical. Si ya con el citado “Tragic Idol” habían conseguido reafirmar su vuelta a los sonidos más netamente metálicos, dejando de lado las propuestas más experimentales y electrónicas de trabajos como “Host” o “Believe In Nothing”,  Paradise Lost volvían a la Ciudad Condal dispuestos a ratificar las buenas impresiones de sus más recientes lanzamientos, con su formación de gala, ya que en su anterior visita de 2009, presentando “Faith Divides Us- Death Unites Us”, su guitarrista Greg Mackintosh tuvo que ser sustituido por Milly Evans.

Con una sala, que aunque no se llenó, si registro una buena entrada, a las ocho de la tarde eran ya muchos los que aguardaban frente  al escenario para seguir la descarga de Soen. Pese a que su incursión en el cartel, se anunció en fechas próximas al show, lo cierto es que la actuación del  quinteto había despertado bastante expectación y curiosidad entre los asistentes. Con un fantástico trabajo bajo el brazo titulado “Cognitive”, y con una formación de lujo, capitaneada por el batería Martin López (ex_Opeth) y el legendario bajista Steve DiGiorgio (Death,Testament,Sadus…), Soen venían dispuestos a presentar su peculiar propuesta musical, en la que se conjugan la contundencia del metal, con altas dosis de experimentación y muchas pinceladas progresivas.

Con un escenario sumido en la penumbra, con la batería de Martin López ocupando un lugar destacado en primera línea, flanqueando la parte derecha, el show se iniciaba de igual forma que arranca su disco, con la tranquila y ambiental “Fraktal”, que nos envolvía con su manto introspectivo antes de  dejar paso a “Fraccions” que con su repetitivo riff inicial nos conducía a través de enrevesados desarrollos rítmicos, que se veían rematados por la portentosa voz de Joel Ekelöf, todo un descubrimiento como vocalista y frontman, que nos guiaba a través de una composición densa e intensa, que se cerró con la interpretación a capela de la parte final del tema, lo que provoco una calurosa acogida por parte de un público que no era desconocedor de la propuesta de Soen. Un  escueto “We are Soen”, fue la sobria introducción al siguiente tema de la noche “Delenda”, con una sonoridad más contundente, que sirvió para corroborar la sensación inicial, de que si bien, en estudio los temas de Soen, suenan extremadamente técnicos y pulidos, es en directo donde estos dan su auténtica medida, ganando en potencia, lo que les confiere una nueva dimensión.

Mucho se ha hablado sobre las similitudes de Soen con bandas como Tool o A Perfect Circle, especialmente por la voz de Joel Ekelöf, muy en la línea de las composiciones de los americanos, pero lo cierto es que temas como “Oscillation”, con una percusión muy atractiva o “Canvas”, con tintes más progresivos y donde destaco la excelente labor del guitarrista Kim Platbarzdis, sonaron tremendamente personales. Alejándonos de los ritmos contundentes y llevándonos hacia terrenos más ambientales y hasta ciertos puntos hipnóticos, con Christian Andolf (sustituto de DiGiorgio en directo), manejando de forma magistral, su bajo de cinco cuerdas, la preciosista “Last Night”, donde las guitarras sonaron limpias y cristalinas junto a la seductora percusión, en la que colaboró su teclista, reforzando la labor de un inspiradísimo y contundente Martin López. Afrontando la recta final de su show, Soen apostaron por el que es su tema más conocido hasta la fecha, el cautivador “Savia”, en el que su vocalista volvió a sorprendernos con su gran despliegue vocal, en unos continuos cambios de intensidad, que provocaron una cerrada ovación, antes de dejar paso al inicio lento y cadencioso de “Slithering”, que fue  mutando hasta transformarse en una sucesión de riffs densos y pesados, que se fusionaban con atmosferas introspectivas dando forma a un tema complejo y dinámico con el que cerraron una fantástica actuación,  que fue de menos a más, y  que dejo a un público convencido y satisfecho coreando el nombre de la banda durante varios minutos.

Si hay un elemento que siempre ha caracterizado la música de Paradise Lost, es ese sentimiento de melancolía y tristeza de la que están impregnadas muchas de sus composiciones, es por ello que no me sorprendió el aspecto sobrio en tonos oscuros, que presentaba el escenario, con únicamente un par de pequeños lienzos a los lados que reproducían la portada de su último lanzamiento. Lentamente y de forma parsimoniosa los músicos fueron tomando posiciones sobre un escenario bañado en luz roja, siendo los últimos en aparecer, el guitarrista Greg  Mackintosh y el vocalista Nick Holmes, para dar el arranque con una pieza clásica de su repertorio, rescatada para la ocasión, “Widow”, todo un subidón para el inicio, sino fuera porque desde los primeros compases, pudimos apreciar que la voz de Holmes ya no es lo que era, teniendo el esforzado vocalista que afrontar el tema en tonos menos rasgados que antaño, pese a ello, el público pareció quedar plenamente satisfecho. Mucho más compacto sonó “Honesty In Death”, perteneciente a su más reciente lanzamiento, que el público acompaño con los brazos en alto, mientras  Greg  Mackintosh  ejercía  de líder  sobre las tablas, relegando a  Holmes a un  segundo plano, situándose el cantante junto a la batería de Adrian Erlandsson durante los extensos desarrollos instrumentales.

Lejos han quedado los tiempos en que el vocalista ingles se mostraba como un individuo reservado y ausente, mostrándose ahora más accesible y comunicativo, permitiéndose la licencia de darnos las gracias por haber venido al show en vez de ir a ver a Lady Gaga, que esa misma noche tocaba en la ciudad,  para posteriormente dar paso a una melódica “Erased”, donde los teclados pregrabados se fundieron con una poderosa base rítmica. A pesar de la buena acogida que ha tenido el material más novedoso de la banda, era evidente que el público tenia claras sus preferencias, así que cuando sonaron los acordes de temas como “Enchanted” o “Soul Courageous”, la temperatura de la sala subió considerablemente, gracias en gran medida a la entrega de unos espectadores que corearon cada una de las estrofas de dos temas clásicos dentro del repertorio de los británicos. Respuesta más tibia fue la que obtuvieron  otros cortes como el novedoso “In This We Dwell”, que aunque sonó de manera contundente, no llego a enganchar a las primeras filas, que se mostraron un tanto estáticas  pese al esfuerzo de un  Greg Mackintosh que puso toda la carne en el asador, sacando envenenadas melodías de su guitarra, la misma sensación de frialdad entre el público se volvió a repetir durante la ambiental “Praise Lamented Shade”, perteneciente a “In Requiem”.

Como si de un viaje en el tiempo se tratase, el quinteto de Halifax, destapo el tarro de las esencias, para sumergirnos de lleno en sus raíces más doom, de la mano de dos cortes de su fenomenal disco “Shades Of God”, “Pity The Sadness” en la que todo el público canto hasta dejarse la voz  la pegadiza melodía vocal y la imprescindible “As I Die”, una composición que significó su primer gran éxito y en la que Holmes cedió el micro al respetable, para que fueran los asistentes los encargados de cantar el tema, constatando, que a día de hoy, es uno de los  temas preferidos para los seguidores de Paradise Lost. Una sutil y reconocible  melodía pregrabada, nos zambulló de pleno  en una soberbia “One Second”, en donde Greg Mackintosh más liberado de sus labores como guitarrista, se dedicó a alentar a un  respetable, que respondió a la iniciativa del guitarrista coreando el conocido estribillo.

Con gran parte de la sala, pidiendo “Gothic” insistentemente, los británicos decidieron hacer oídos sordos a la demanda del público y presentaron una rotunda “Tragic Idol”, con la que nos sumergieron de nuevo en esas atmosferas densas y oscuras, donde la voz de Nick Holmes pasaba de registros limpios a tonos más agresivos, dando al tema un aire melancólico y siniestro, mientras la guitarra rítmica de Aaron Aedy sonaba densa y contundente, para posteriormente abalanzarse sobre una rotunda “The Enemy” tras la cual Paradise Lost abandonaron el escenario después de 55 minutos de concierto. Tras una tensa espera, de más de cinco minutos, en la que parecía que el quinteto no iba a regresar sobre las tablas, la familiar melodía de “Embers Fire”, fue la encargada de dar inicio a los bises, rescatando esas atmosferas melancólicas y sobrecargadas que tuvieron continuidad en la angustiosa y  contundente “Fear Of Impending Hell”, cuarto y último tema rescatado de su más reciente trabajo  “Tragic Idol”.

Tras un ligero parón, fue la cortante guitarra de Aaron Aedy la que nos introdujo en la ambiental e hipnótica “Faith Divide us-Death Unites-us”, uno de los cortes de última hornada que más ha calado entre sus seguidores, una composición que gana dramatismo e intensidad en directo y que dio paso al esperado “Just Say Words”, de su aclamado “One Second”, un álbum que ha ido creciendo con el paso de los años , y con el que nos regalaron un final rotundo y compacto con el bajo de Steve Edmonsson sonando atronador junto a las palmas de un público que se mostró totalmente entregado durante el tramo final de show.

Un buen concierto de los británicos, que siguen demostrando su calidad como instrumentistas, descargando un buen repertorio de temas en directo, contando con  una audiencia fiel, que corea cada uno de sus temas. El único pero que se puede poner a su actuación es la duración del concierto. Una hora y veinte minutos, me parece un show excesivamente corto para una banda con una larga trayectoria y  una extensa discografía, y más si tenemos en cuenta que se quedaron en el tintero temas, que para muchos de sus fans, son imprescindibles como “Hallowed Land”, “True Belief” o la siempre deseada “Gothic”.



ALFONSO DIAZ

FOTOS CARLOS OLIVER


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