jueves, 29 de mayo de 2014

IRON MAIDEN+ANTHRAX-PALAU SANT JORDI-BCN-27-MAY-2014


Hace ya bastantes años que Mr. Harris y compañía anunciaron que la actividad de la banda se vería reducida notablemente dejando a un lado las maratonianos giras para concentrarse en descargar en grandes recintos y Festivales. Así que cuando un servidor se enteró de que la mítica Doncella volvería a la Ciudad Condal, menos de un año después de su última visita, para actuar en el recinto del Palau Sant Jordi, no puedo negar que se me escapó una  sonrisa de satisfacción al saber que tendría la oportunidad de disfrutar de la descarga del sexteto británico dentro de la confortabilidad de un recinto cubierto. Por supuesto  que a todos nos gusta ver a nuestros héroes tocando en esos faraónicos escenarios frente a  multitudinarias audiencias, pero personalmente soy de los que opina que bajo esas premisas se acaba perdiendo parte de la magia y el encanto.

Al igual que sucediera en su anterior visita a Barcelona, el planteamiento de este nuevo periplo europeo, que arrancaba esta noche en la capital catalana, venía a ser prácticamente el mismo, volver a recrear lo más fidedignamente posible la ambientación y la escenografía de aquel mítico "Seventh Tour Of A Seventh Tour" de 1988, que quedó inmortalizado para la  posteridad en el video "Maiden England". Aunque  teniendo en cuenta la entidad y la profesionalidad de los protagonistas, resultaba obvio que la legendaria formación inglesa  nos tendría preparadas algunas sorpresas que convertirían esta nueva visita en una ocasión especial.

Por si la sola presencia de la Doncella no fuera reclamo suficiente para movilizar a la familia metálica catalana, los británicos se presentaban escoltados por uno de los pesos pesados de la escena americana, uno de los miembros del   “Big Four” del thrash, los neoyorquinos Anthrax, quienes también  les acompañaron en su anterior visita como parte de la caravana itinerante del Sonisphere. Ya desde primeras horas de la tarde la concentración de aficionados en los alrededores del recinto hacía presagiar una noche realmente memorable,  respirándose, una vez más, el ambiente de las grandes ocasiones, con saludos y abrazos entre viejos conocidos que, como si de una tradición se tratará, aprovechaban la cita para el reencuentro.

Con un pabellón todavía a medio gas y con la gente aún accediendo al recinto, cuando pasaban escasos minutos de las siete de la tarde aparecían en escena Anthrax. Liderados por el incombustible guitarrista Scott Ian, los thrashers americanos asaltaban  el   escenario del Palau Sant Jordi dispuestos a ofrecernos una buena ración de su thrash metal “old school”. En esta ocasión, la banda contaba con la novedad del polifacético Jon Dette, quien está cubriendo la vacante del carismático Charlie Benante, y en honor a la verdad hay que decir que el batería cumplió con creces su cometido, imprimiendo fuerza y garra a las composiciones del quinteto.

Precedidos por la introducción que abre su último trabajo “Worship”, Anthrax salieron a escena con muchas ganas, derrochando actitud  y dejando bien claro, desde los primeros compases de su actuación, su firme propósito de  agradar a esa legión de incondicionales que les ha venido apoyando  fielmente a lo largo de los años. El primer impacto en la línea de flotación de una audiencia cada vez más numerosa fue “Caught In A Mosh”, un vendaval thrashero que nos transportaba directamente  a mediados de la década de los ochenta. Y es que, pese al paso de los años, la banda sigue conservando esa fuerza y esa personalidad que siempre les ha caracterizado.

Aunque estuvo menos activo y saltarín que en anteriores ocasiones, Scott Ian volvió a demostrar que es un auténtico maestro a la hora de sacar de su guitarra esos riffs crudos y devastadores que nos conducirían  sobre temas como “Efilnikufesin (N.F.L.)”, con la gente apoyando al máximo mientras Joey Belladona se aproximaba al filo del escenario para provocar al respetable. Con semejante arranque estaba claro que los neoyorquinos venían dispuestos a dejarse la piel sobre la tablas, de modo que sin darnos un segundo de tregua fue el hiperactivo Frank Bello el encargado de introducirnos en su desternillante versión del clásico de Joe Jackson “Got The Time”, con el que conseguían mantener el nivel de intensidad en la pista mientras Joey Belladona se paseaba, cámara en mano, inmortalizando el momento.

Pese a que en  esta ocasión Belladona no sacó a pasear su clásico penacho de plumas, no podía faltar en su repertorio el  hímnico “Indians”, que convirtió el recinto en un mar de puños alzados al aire mientras coreábamos incansablemente su pegadizo estribillo. Aunque el quinteto no gozo de un buen sonido, lo cierto es que la banda no se dejó amilanar  y funcionó, en todo momento, como una autentica apisonadora. Muy notable me pareció  la actuación de su guitarrista Jonathan Donais, al que vi mucho más suelto y participativo que en su anterior visita.  Sin entretenerse excesivamente en las presentaciones, la banda se abalanzó sobre uno de los temas incluidos en su Ep versiones “Anthems”, concretamente sobre el clásico de los hermanos Young “T.N.T.”, que Joey dedicó al convaleciente Malcom Young y que  hizo rugir con fuerza al público,  convirtiendo la pista del Sant Jordi en una autentica olla a presión.

Aunque como era previsible el grueso del repertorio de Anthrax estuvo basado en su material más clásico, no faltó algún  pequeño guiño a su última etapa de manos de un crujiente  “Fight ´Em ´Till You Can´t”, que pese a sonar  muy compacto y cañero no consiguió despertar el mismo entusiasmo entre la audiencia. Para encarar la recta final de su actuación los neoyorquinos optaron por la dupla compuesta por “I Am The Law”, que sirvió para recordarnos que los americanos son unos auténticos maniacos a la hora de encarar esos riffs machacones y afilados, y su aplastante versión del clásico de los franceses Trust “Antisocial”, que volvía a poner a todo el recinto  patas arriba.

En resumen, actuación correcta de Anthrax que demostraron que siguen siendo una gran banda de directo, pero a los que se vio excesivamente acomodados  en un repertorio que está pidiendo a gritos una buena renovación.

Tras la descarga de Anthrax, la Capital Catalana se preparaba para acoger, una vez más, la descarga de la mítica Doncella de Hiero. A priori, pocas novedades podían esperarse con respecto al espectáculo  que nos ofrecieron en sus actuaciones del pasado verano, ya que la formación volvía a repetir con el mismo montaje escénico, la misma disposición luminotécnica   y la mayoría de los trucos y efectos que nos presentaron en su anterior visita.

Hablando de los miembros de la banda,  todos rayaron  a un buen nivel, y más si  tenemos en cuenta que no estamos hablando de unos jovenzuelos, sino de unos señores que hace años que alcanzaron su plena madurez, aunque siguen conservando ese espíritu y esa vitalidad que les convierte en unos músicos singulares. Quizás fue  Bruce Dickinson el que parecía más  cansado y  fuera de forma, tal vez fuera porque estamos en  el inicio de la gira, pero lo cierto es que note al vocalista menos ágil y dinámico que en  anteriores ocasiones, además de que necesitó de tres o cuatro temas para calentar la voz. En cuanto a Steve Harris, sigue siendo un torbellino en escena, recorriendo el escenario de punta a punta sin parar de ametrallarnos con su bajo mientras canta cada uno de los temas. De la tripleta de guitarristas, Dave Murray y Adrian Smith continúan fieles a su estilo sobrio y elegante, sin grandes alardes escénicos, pero clavando de forma precisa cada uno de sus solos. En cambio Janick Gers, mas liberado de sus labores como solista, es el encargado de aportar la chispa y la vitalidad. Mucho más discreto se mostró Nicko McBrain, que permaneció casi siempre en un discreto segundo plano, sepultado tras su enorme y majestuoso kit.

Como viene siendo habitual en todos los conciertos de la Doncella fue el mítico “Doctor Doctor”, el encargado de ponernos en sobre aviso del inminente arranque del show. Con las luces apagadas y con las pantallas laterales ofreciéndonos imágenes del deshielo polar junto a una apocalíptica introducción arrancaba la descarga de los ingleses. Tras los familiares acordes que servirían como preámbulo para “Moonchild”, llegaría la primera explosión de la noche, y tras  ella   el desembarco del sexteto frente a  un Sant Jordi que se venía literalmente abajo. Con un sonido todavía poco matizado y algo embarullado, la formación se presentaba en el nivel inferior del escenario, mientras Dickinson se afianzaba en la parte superior, saludando a sus incondicionales a la vez que capitaneaba con decisión  la primera embestida de la banda. Sin mediar presentación alguna y fundiéndose con el tema de apertura llegaba el momento de la segunda pieza de la noche, un coreadísimo “Can I Play With Madness”, con el que el carismático vocalista descendía al nivel inferior para posicionarse junto al resto de  sus compañeros, a la vez que asumía su papel como frontman para liderar a la audiencia a la hora de entonar los estribillos.

Tributada la primera ovación de la noche, era el tuno para una de las gemas rescatadas para este “Maiden England Tour”, el hímnico “The Prisioner”, que fue la escogida por Dickinson para ofrecernos esos característicos “Screaming For Me Barcelona”, que hicieron que el público enloqueciera, rugiendo con fuerza para satisfacer las demandas del vocalista. Sin concedernos ni un segundo de tregua, la siguiente en hacer acto de presencia fue la mítica “Two Minutes To Midnight”, con el sonido mejorando sensiblemente, y con la dupla Murray/Smith batiéndose en un trepidante e intenso duelo guitarrístico.

Tras un arranque prácticamente calcado al de su anterior visita, con el primer “speech” de la noche llegaba también la primera sorpresa. Tras recordarnos Dickinson que la banda había estado descargando por estos lares hace menos de un año, fue el propio vocalista el encargado de anunciarnos que el siguiente corte seria “Revelations”, una pieza que la banda no tocaba desde la gira “Somewhere Back In Time” de 2008 y    que fue recibida con verdadero entusiasmo por parte de la audiencia. Un nuevo cambio en los telones traseros del escenario servía para anunciarnos  uno de los temas más queridos y apreciados por todos los seguidores de la banda, “The Trooper”, para el que  Bruce volvió a enfundarse en su casaca roja y a hondear la Unión Jack, alentando a todos los presentes a cantar con él.

Con la euforia desatada y con el escenario completamente a oscuras arrancaba la introducción de “The Number Of The Beast”, que se acabaría convirtiendo en uno de los puntos culminantes de la noche, creándose un clima de comunión total entre banda y público, una atmosfera infernal  que se vería  culminada  con la aparición de una estatua  de Belcebú y por las intensas llamaradas que se avivaban  cada vez que el público evocaba el número de la bestia.  Pero sin duda si hubo un momento  verdaderamente épico  para los fans más veteranos de la banda, este llegó con la  clásica cabalgada  contenida en el  primerizo “The Phantom Of The Opera”, que puso a todo el pabellón a botar ante la cara de satisfacción de los músicos.

A estas alturas del show, con el ambiente ya muy caldeado y con la gente completamente entregada, era el momento idóneo para que el séptimo miembro de la banda hiciera acto de presencia. Así que un enorme Eddie,  vestido de soldado y empuñando un sable,  irrumpió  en el escenario durante la interpretación de “Run To The Hills”, para enfrascarse en un encarnizado combate con Janick Gers. Otro de los momentos estelares  de la noche llegaría con la clásica composición de Adrian Smith “Wasted Years”, que lamentablemente quedó un tanto deslucida a causa de los  problemas técnicos que impidieron al guitarrista hacerse cargo de los coros.

Encarando ya la recta final del show nos enfrentábamos a la faraónica composición que prestaba su nombre al séptimo álbum de la banda “Seventh Son Of A Seventh Son” que, al igual que sucediera en su anterior visita, acabó convirtiéndose en el momento más memorable y apoteósico de la noche, con un Bruce francamente brillante bordando una excelente interpretación. La segunda sorpresa de la noche estaría marcada por la inclusión en el repertorio de un coreadísimo “Wrathchild”, que volvió a hacer crecer la expectación entre todos los presentes, convirtiéndose en la antesala perfecta para  otra de las piezas que se ha convertido en un himno dentro del extenso catálogo de  la formación británica, “Fear Of The Dark”  que una vez más volvió a sonar intenso y majestuoso, haciendo cantar a todo el público al unísono con esa  pasión y esa entrega que solo provocan los temas verdaderamente clásicos. Como no podía ser de otra forma, la encargada de poner el punto y final a este primer tramo del show fue “Iron Maiden”, acompañada  de unas impresionantes columnas de fuego y por un gigantesco Eddie representando la portada del “Seven Son Of a Seven Son”.

Tras completarse la primera parte del show, el retorno sobre las tablas estuvo marcado por “Acces High”, introducido por el histórico discurso de Wiston Churchill y acompañado por las imágenes bélicas de la segunda guerra mundial, con la audiencia apoyando a tope mientras Dickinson se esforzaba al máximo para llegar a alcanzar las tonalidades más altas. Un rotundo y coreadísimo “The Evil That Men Do”, sería el encargado de mantener el trepidante clímax que nos conduciría  sobre el sorpresivo final que nos proponían con  “Sanctuary”, que tras varios años fuera del repertorio servía para certificar un nuevo triunfo de la formación británica en tierras catalanas.

Una vez más  Iron Maiden volvieron  a firmar una gran noche de heavy metal en la Ciudad Condal. Como siempre habrá opiniones para todos los gustos,  y escuchando comentarios a la salida del concierto eran muchos los que afirmaban que la banda había estado un escalón por debajo con respecto a su actuación del pasado verano, pero  personalmente no creo que esto fuera por el nivel que exhibió la banda, sino más bien por la pérdida del elemento sorpresa.



TEXTO:ALFONSO DIAZ

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