Hace poco más de
año los británicos Black Magician ponían en circulación su álbum debut
"Native Is The Devil´s Church”, un atractivo trabajo en el que el quinteto
de Liverpool dejaba asentadas las bases de su personal y arriesgada
propuesta. Arriesgada quizás no tanto por lo novedoso, sino por lo
heterogéneo y variado de su sonido, apostando por mezclar dentro de un mismo
crisol: la oscuridad del doom propia de bandas como Celtic Frost, Saint Vitus o
Cathedral; la psicodelia del rock progresivo de finales de la década de los 60,
dando cabida a esos apabullantes desarrollos instrumentales liderados por el
inconfundible sonido del órgano hammond de su nuevo teclista Jonathan Fletcher;
y esas atmósferas acústicas, cargadas de reminiscencias de folk, que evocan
esos largos paseos al atardecer por la verde campiña inglesa. Además, toda esta
bucólica ambientación sonora se ve salpicada por unos textos oscuros y
tétricos, cargados de misterio y basados en los relatos de autores británicos del S. XIX
como Arthur Machen y M.R. James.
