Dejando
a un lado los gustos personales de cada
uno, resulta indiscutible que Blaze Bayley es un luchador empedernido. Pocos
artistas serían capaces de afrontar con tanta actitud, entrega e ilusión una
carrera posterior tras haber sido el frontman de uno de los buques insignia del
heavy metal. Tal vez sus conciertos no sean multitudinarios, ni las ventas de
sus discos lleguen a la décima parte de las de sus ex–compañeros. Pero, en
cualquier caso, Blaze conserva una base
irreductible de fieles incondicionales. Y, aunque no son muchos, los que acuden
a una de sus descargas siempre acaban repitiendo en posteriores giras. Tras
habernos visitado para presentar las dos primeras partes de su obra conceptual
“Infinite Entanglement”, el incombustible vocalista aterrizaba en la sala tres
del Razzmatazz para ofrecernos el último capítulo de su trilogía “The Redemption Of William Black”, escoltado
por los músicos que le han acompañado en sus últimas visitas: el guitarrista Chris
Appleton, el bajista Karl Schramm y el batería Martin McNee, o lo que es lo
mismo las tres cuartas partes de la formación de Manchester, Absolva.