Durante
años una de las principales incógnitas entre los seguidores del heavy
metal ha sido saber que
formaciones están llamadas a recoger el testigo de las grandes bandas
clásicas. De entre ese selecto y reducido grupo de elegidos destaca
la presencia de Amon Amarth, ya que sus primeras obras dentro del underground death metalero no
hacían presagiar que las hordas vikingas comandadas por Johan Hegg pudieran llegar
a un público tan mayoritario. Pero la evolución que han seguido en sus
últimas entregas, -en las que son cada vez más recurrentes los guiños al
clasicismo metalero-, sus espectaculares montajes y sus apariciones en los puestos de honor
de los principales festivales del Viejo Continente han
acabado dando el espaldarazo definitivo a una carrera que ha seguido una clara trayectoria
ascendente.
